OPV sobre los oscuros días de la mal llamada conquista española:
Los oscuros días de la conquista americana alzaron su voz en contra del sacrificio de innumerables pueblos que ofrendaron sus vidas, honor y bienes por defender territorios y culturas legítimamente heredados, las visiones de la historiografía tradicional venezolana, impuestas con criterios de verosimilitud, promovieron una exaltación al heroísmo y a la interminable vocación “civilizadora” con la que conquistadores españoles, aventureros de la codicia, impusieron un feroz dominio sobre las nuevas tierras en una guerra de exterminio.
De esa época de hierro y fuego, que arrasó pueblos y culturas de los que hoy no recordamos ni sus nombres, han pasado más de cinco siglo y ya es justo conjurar el olvido y el espanto que arrastra la crueldad de ese pasado sangriento, en un esfuerzo por recuperar la verdadera gesta de los pueblos indígenas para comprender el origen de una identidad cultural cuya diversidad es resultado de un complejo proceso de desarrollo y formación de la nación venezolana desde tal vez quince mil años antes de la invasión europea.
El rápido agotamiento de las perlas de Cubagua y de las minas de oro en el siglo XVI convirtió el tráfico humano en una alternativa para el enriquecimiento. Ni la condena de la esclavitud indígena, ni los alegatos de algunos misioneros, lograron detener la brutal avidez de los conquistadores, quienes perpetraron un genocidio comparable al que ocurría simultáneamente en el África negra. Los vencedores y sus descendientes dejaron su impronta colonialista en la versión oficial de una historia que ignoró la expoliación masiva de los españoles, como también la de ingleses, franceses, alemanes y holandeses, quienes cazaban hombres libres en nuestros territorios, como si fueran animales para sacar el mayor provecho a su venta.
Ante estas terribles condiciones, los pueblos indígenas se organizaron para la defensa, y comenzó un largo período de violentos combates que se prolongó durante dos siglos de rebeliones. La voz antigua de la guerra nos muestra las sublevaciones, levantamientos y batallas de estos pueblos comandados por líderes históricos como Tiuna, Terepaima, Yaracuy, Paramaconi, Tamanaco, entre otros muchos jefes guerreros que afrontaron la responsabilidad de conducir la resistencia ante el avance de los conquistadores y sus prácticas genocidas. Como recurso didáctico, se exponen estos episodios a manera de “partes de guerra”, hilo conductor que facilita la comprensión de estos enfrentamientos en los diversos contextos que se sucedieron durante la implantación del modelo colonial. Se trata de rescatar para la conciencia del pueblo venezolano el imaginario indígena cuyas fuentes provienen no sólo de la estricta investigación histórica sino que también se nutren de leyendas, mitos, cosmogonías y otras formas no académicas de reconstruir la memoria que guarda la tradición oral. Saber escuchar estas voces, dar la palabra a los que emergen del silencio secular de los excluidos, a los que no hemos sabido oir, es ofrecernos a nosotros mismos el privilegio de conocer sus historias, los episodios de una epopeya de sangre que se impuso sobre valores como la solidaridad, la reciprocidad, el respeto a la naturaleza y de la vida en comunidad. Sus rebeliones anticoloniales no diferían en mucho de las luchas antiimperialistas que libran actualmente nuestros pueblos latinoamericanos.
Aquellos que sobrevivieron a las masacres y las razzias, aquellos que prefirieron replegarse antes que dejarse esclavizar, continuaron una férrea y silenciosa resistencia en lugares inhóspitos y apartados donde reprodujeron la diversidad de sus saberes y la riqueza de sus idiomas en una suerte de rebelión soterrada que se ha prolongado hasta hoy y se expresa en las formas de la resistencia cultural.
OPV SEGÚN MI CRITERIO es que cada 12 de octubre ya no será fecha señalada para revivir los fantasmas de la verguenza étnica ni celebrar la victoria de los conquistadores, formando generaciones destinadas a cargar con la cruz de su trágica fatalidad. La nueva conciencia social que insurge en Venezuela nos advierte que ya es tiempo de rescatar la épica de la resistencia de los pueblos indígenas, la gesta de sus líderes y jefes guerreros, el ingenio y el conocimiento ancestral de un colectivo anónimo empeñado en la sobrevivencia de las formas culturales que nos legaron y nos pertenecen.