Asamblea de Mujeres de Granada
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ENOS
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OBOS
2005
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su control. La “Santa Inquisición” emprendió contra ellas su caza de brujas;rodeadas de un halo de superstición y temor, fueron perseguidas durantecuatro siglos –del XIV al XVII-. Y es que las brujas representaban, en opiniónde estos poderes, una amenaza política, religiosa y sexual para la IglesiaCatólica y Protestante, y también para el Estado. Aquella campaña de terror nofue sino un antecedente violento y una advertencia de futuro, una constanteabominable perpetuada a lo largo de la Historia de las mujeres y de la Historiaen general. La lucha actual de los Movimientos Feministas deriva, en buenaparte, de los aquelarres medievales; los responsables del despiadadoexterminio de aquellas “atrevidas” mujeres son los antecesores de los queactualmente nos calumnian (la interminable lista del “Santo Oficio” ha venidoabarcando no sólo al género femenino, sino también a otros díscolos comoGalileo Galilei, Hans Küng, Leonardo Boff...).Hoy todavía la institución de la Iglesia sigue equiparando lacontracepción con el asesinato, todavía hoy se continúa excluyendosistemáticamente a las mujeres de la ordenación sacerdotal, obedeciendo, deeste modo, la misiva de san Pablo cuando afirmaba: “Callen las mujeres en lasiglesias, pues no les es permitido hablar”. La Iglesia persiste en sus prejuicioscontra nosotras, y en cargar sobre nuestras espaldas dicho alud.Ante los escándalos de pederastia protagonizados por los diferentessectores eclesiásticos, tanto el antiguo Papa, Karol Wotjtyla, como el actual,Benedicto XVI, y todos los dignatarios que componen la corte papal, hanvenido haciendo oídos sordos a esta realidad. Lo verdaderamenteestremecedor, en opinión de los mismos, es el hecho de que gays, lesbianas yfeministas “radicales” gocen de los mismos derechos que el resto de laciudadanía.El discurso de la Iglesia Católica continúa sustentado en criteriosbiologicistas que conscientemente ignoran los aspectos psicológicos y socialesque conforman la realidad personal y social, más compleja que la simplistaconcepción católica, apostólica y romana que elude sistemáticamente lasmuertes de miles de mujeres por abortos clandestinos, que insiste en reprimirla sexualidad no reproductiva...En estos momentos, la Iglesia, intentando imponer sus razones -unas justificaciones que califica de “naturales”-, no está sino ejerciendo violencia, enla medida en que pretende atacar los presupuestos ideológicos que defiendenla equidad entre los sexos/géneros, derivados de la experiencia de siglos dedominación y sometimiento de las mujeres al poder patriarcal –y al poder papal.Hoy, la Iglesia no está haciendo otra cosa que bloquear el camino para impedirla salida de las mujeres y hombres del sistema androcéntrico.¿Acaso las mujeres de conciencia feminista no hemos requerido años,décadas, siglos de lucha silenciosa –hoy ya no tan encubierta en algunaszonas del mundo- para hacernos oír? ¿No han sido necesarios numerososgrupos de mujeres organizándose, denunciando la injusta realidad para que,por fin, medios de comunicación, partidos, instituciones, gobiernos..., esto es,las diferentes estructuras sociales compartan parte de nuestros análisis?
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