Francisco Arriaga – Año 2, No. IIII. Libres libros de a libra. 12 Nov. 2009
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aproximaciones y explicaciones que se han hecho sobre el mismo texto.
El claustro y el laberinto
De habérsenos conservado una copia de ‘El caracol’ probablemente poseeríamos dosobras cumbre en la amplia producción literaria de Sor Juana.
El caracol
pretendía ser uncompendio de armonía; se sabe que Sor Juana fue ejecutante de varios instrumentosmusicales, y algunos poemas que se nos han conservado versan directamente sobre elasunto de la música, demostrando el dominio que poseía sobre esta materia.Pamela H. Long en su ensayo ‘
De la música un cuaderno pedís
: Musical Notation in SorJuana’s Works’ clarifica estos asuntos: “Sor Juana Inés de la Cruz (m. 1695, México)vivió, escribió, estudió y compuso música durante una época de intensa experimentaciónen los aspectos prácticos de la música, sobre todo en lo relativo a armónica (
sic
),notación, composición e instrumentación, además del desarrollo de la ópera. Lorente,Mersenne, Ronsard, Galilei, Zarlino, Cerone y Kircher habían intentado codificar elsistema de la representación de las notas musicales, y Sor Juana versó sobre muchosaspectos relativos a la práctica de la notación musical. Compuso un tratado titulado
El caracol
, en el cual procura simplificar el sistema de la escritura musical como sepracticaba en la época.” El caracol es laberinto y conlleva también, siempre, una salida.Esta faceta de la vida de Sor Juana, minimizada frecuentemente sobre todo por la críticacon tintes meramente literarios, nos obliga a reflexionar el papel que la ciencia y la razón juega a lo largo de la obra de Sor Juana. Si bien es cierto que varios poemas y versos dela pluma de Inés se debieron a encargos explícitos de la nobleza virreinal, también escierto que estos mismos encargos le valieron la posibilidad de escribir sobre temas que nosiempre tocaban el amor y asuntos sacros, incluyendo con frecuencia temaseminentemente profanos y cortesanos en sus escritos.El que sería un discurso filosófico,
Imago mundi
, toma forma de poema, permitiendo a lapoetisa establecer de una vez por todas su valía entre los grandes de su tiempo, atacandono de frente –hecho imposible debido a las vigentes restricciones del
Nihil obstat
imperante y en manos de clérigos cuyo saber dejaba mucho que desear- sino desde elbastión de lo femenino –la poesía- a lo masculino –el discurso escolástico-, dejándolabien librada en este trance.En cambio, el pretendido compendio de armonía al parecer se trataba de una obra másacorde con los manuales escolares y libros de texto en uso, lo que a su vez seríasimultáneamente fuerte restricción y gran reto: abordar científicamente lo que en el papel
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