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DE LA IMAGEN DEL MUNDO AL CONTRATO CON LA TIERRA
ReseñaEl libro de Michel Serres,
El Contrato Natural
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,está divido en 4 partes: "Guerra, Paz","Contrato Natural", "Ciencia y Derecho", "Cuerdas, Desenlace". En escasas 200 páginas Serresesboza el proyecto de un pensamiento sobre el todo planetario y sobre nuestras ideas y nuestrosactos sobre la naturaleza. Repasaré sólo algunos de los temas que invitan a pensar, mojones deesta "Epistemodisea". Casi sobra insistir en la urgencia del tema desarrollado.
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1. GUERRA, PAZEn la modernidad, nuestra cultura, nuestros relatos y filosofías, nuestra historia y nuestrasciencias sociales, se ocupan básicamente de los combates, conflictos y debates entre los hombres,grupos, clases, etnias, naciones y poderes humanos; como los combatientes en el cuadro de Goyaque mientras se dan palo se hunden en el barro, nuestra cultura ha olvidado el suelo que pisamos,el mundo natural, "a nuestra cultura le horroriza el mundo" (p.12).Pero la naturaleza, "de la que nuestra cultura sólo se había formado una idea local y vaga,cosmética, irrumpe en nuestra cultura," y ya no sólo como mera fuerza local, río, pantano odesastre aislado; ahora se nos presenta como el planeta Tierra.La posibilidad del desastre ecológico pone totalmente en juego la tierra y la humanidad, "lahistoria global entra en la naturaleza, la naturaleza global entra en la historia: estamos ante algoinédito en filosofía". Se trata pues de volver a pensar, si es que la hemos pensado antes, larelación del hombre con la naturaleza, de la humanidad con el planeta. Serres considera que lafilosofía moderna y contemporánea es acosmista, no tiene cosmos (¿será Heidegger unaexcepción?
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).En entrevista concedida a Gilles Anquetil (Gaceta del Fondo de Cultura Económica Nº237,México, septiembre de 1990) Serres dice al respecto: "Desde hace 40 años [la filosofía], como sedecía en el XVII, se había vuelto "acosmista": ya no tenía cosmos, ya no había mundo físico, yano había mundo real. La filosofía se dividía en tres corrientes: la filosofía anglosajona, lógica yanalítica; la escuela alemana, fenomenológica; y la tribu francesa, especializada en análisis deldiscurso. En los tres casos no había más que lenguaje". Urge pensar otra vez la globalidad, desdela filosofía y ante los intentos de la ciencia por dar una visión globalizante del planeta: "Entre lossabios (científicos) existe el deseo permanente de unir las localidades científicas entre sí parallegar a tener una visión global. (...). La filosofía contemporánea sólo se interesa en el fragmento,en el detalle, en lo local, nunca en la síntesis. Pero ya no podemos elegir: estamos condenados auna visión global."Para Serres el saber científico deriva de una "epistemodisea" ("conjunto de relaciones entre laciencia y el derecho, entre la razón y el juicio" p.42). La relación entre el derecho y el hecho,
 
entre el contrato y el mundo, constatada por el autor en el diálogo, la competencia y losconflictos, reaparece en el conocimiento científico. La ciencia moderna viene a ocupar el lugar que ha dejado vacante el denigrado derecho natural, tal como éste, la ciencia se ocupa de loshechos establecidos y controlados, los hechos de la naturaleza; en otras palabras, actualmente lacuestión del derecho natural depende de la ciencia (p.43).Sin embargo, el pacto de conocimiento, que controla las expresiones del saber, no hace la pazcon el mundo. Del mismo modo, que en la política, tras la muerte de Dios, "sólo nos queda laguerra" (p.47). Pero es que la guerra es a la vez la fuente del contrato, del derecho. El término"declaración de guerra" implica ya un contrato de derecho que precede a la explosión violentadel conflicto."Por definición la guerra es un estado de derecho" (p.20). Posiblemente, la guerraoriginó el contrato social (p. 28). Pero existen las guerras subjetivas y locales, las de loshombres, entre sí, y las guerras objetivas y globales que hacemos a la tierra. "Desde el momentoen que el propio mundo entra con su asamblea, incluso conflictiva, en un contrato natural, aportala razón de la paz, al mismo tiempo que la trascendencia buscada."(p.47)El primer capítulo, "Guerra, Paz", termina proclamando: "Debemos decidir la paz entre nosotros para salvaguardar el mundo, y la paz con el mundo a fin de salvaguardarnos." (p.47)2. El Contrato Natural.Paradójicamente estamos ignorando a la naturaleza en la época en que nuestra acción actúaglobalmente sobre ella y ella reacciona sobre la humanidad global. Como ya ha sido expuesto por varios autores, la filosofía moderna legitima y promueve una actitud de posesión y dominiocientífico y técnico sobre la naturaleza.
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Para Serres aquí no son diferenciables la ciencia llamada"desinteresada" y la empresa industrial: "El dominio cartesiano exige la violencia objetiva de laciencia en la estrategia bien regulada. Nuestra relación fundamental con los objetos se resume enla guerra y la propiedad" (p.59)El contrato natural que Serres propone intenta cerrar ese período de la filosofía moderna(incluidas las filosofías de la ciencia y del derecho). Y esto porque el contrato social no dice nadasobre el mundo, y solo supone que abandonamos el "estado de naturaleza" para formar lasociedad. El mismo derecho natural moderno, se funda en una "naturaleza humana", reducible ala historia y la razón. Así desaparece el mundo objetivo natural. De allí que la "DeclaraciónUniversal de los Derechos del Hombre" defina a los hombres como si estuvieran solos en elmundo, sin cosmos, sin naturaleza.Pero he aquí que la naturaleza debe ser asumida como un sujeto, incluso como sujeto jurídico,con el cual estamos en una guerra que hemos declarado unilateralmente y que se ha vuelto contranosotros. Se trata entonces de añadir al contrato social "un contrato natural de simbiosis y dereciprocidad, en el que nuestra relación con las cosas abandonaría dominio y posesión por laescucha admirativa, la reciprocidad, la contemplación y el respeto, en el que el conocimiento yano supondría la propiedad, ni la acción el dominio, ni éstas sus resultados o condicionesestercolares." (p.69)
 
Se trata de cambiar nuestra actitud parasitaria ("el parásito condena a muerte a aquel que saqueay que habita sin tomar conciencia de que en un plazo determinado él mismo se condena adesaparecer"), por un contrato de simbiosis ("el simbionte admite el derecho del anfitrión"), quees a la vez de reciprocidad: "el hombre debe devolver a la naturaleza tanto como recibe de ella,convertida ahora en sujeto de derecho"(p.69).A pesar de nuestro pobre conocimiento de la naturaleza, sabemos que esta nos habla en términosde fuerzas, lazos e interacciones, lo cual es suficiente para un contrato. Además de lo que estoexige a la política y al gobierno de los hombres, Serres recupera y completa el tema religioso delamor: a la primera ley cristiana de amarnos los unos a los otros, es necesario agregarle lasegunda ley básica: amar a la naturaleza. Amar al padre natural: el suelo y al padre humano: el prójimo; a nuestra madre humana, la humanidad y a la madre natural: la tierra.3. CIENCIA, DERECHO.Un tema discutible de la argumentación de Serres lo constituye su opinión sobre las cienciassociales. El tono descalificador con el que se refiere a éstas contrasta con la apología, casi poética, que hace de la figura del científico natural, al que llama "El tercero-instruido", más cercadel sabio humanista del Renacimiento que del científico social: "El sabio actual reúne en mismo al legislador de tiempos heroicos y al titular moderno del saber riguroso, sabe tejer laverdad de las ciencias con la paz del juicio, mezcla íntimamente nuestras herencias egipcias yromanas, fuente de nuestras leyes, y nuestros legados semitas y griegos, donantes deconocimiento; integra las ciencias eficaces y rápidas en nuestros derechos lentos y prudentes.Joven y viejo a un tiempo, el sabio accede a la edad madura. Yo lo llamo Tercero-Instruido:experto en los conocimientos, formales o experimentales, versado en las ciencias naturales, de loinerte y de lo viviente, al margen de las ciencias sociales de verdades más críticas que orgánicasy de la información banal y no excepcional, prefiriendo las acciones a las relaciones, laexperiencia humana directa a las encuestas y a los informes, viajero de naturaleza y sociedad,amante de los ríos, arenas, vientos, mares y montes como de paisajes diversos, navegantesolitario por el paso del Noroeste, paraje donde el saber positivo franqueado comunica, demanera delicada y rara, con las humanidades, inversamente versado en las lenguas antiguas, lastradiciones míticas y las religiones. Espíritu fuerte y Diablo, hundiendo sus raíces en el más profundo humus cultural, hasta las placas tectónicas más enterradas en la memoria negra de lacarne y del verbo, y, por lo tanto, arcaico y contemporáneo, tradicional y futurista, humanista ysabio, rápido y lento, verde y curtido, audaz y prudente, más alejado del poder que cualquier  posible legislador y más próximo de la ignorancia compartida por la gran mayoría que cualquier sabio imaginable, grande quizá pero pueblo, empírico pero exacto, suave como la seda, ásperocomo el lienzo resistente, errando sin cesar sobre el intervalo que separa el hambre de lasaciedad, la miseria de la riqueza, la sombra de la luz, el dominio de la servidumbre, lo conocidode lo extraño, conociendo y estimando la ignorancia tanto como las ciencias, los cuentos de viejamás que los conceptos, las leyes tanto como el no-derecho, monje y granuja, solo yvagabundeando, errante pero estable, por último y sobre todo ardiendo de amor hacia la tierra yla humanidad" (p.p. 155-157)
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