Se trata de cambiar nuestra actitud parasitaria ("el parásito condena a muerte a aquel que saqueay que habita sin tomar conciencia de que en un plazo determinado él mismo se condena adesaparecer"), por un contrato de simbiosis ("el simbionte admite el derecho del anfitrión"), quees a la vez de reciprocidad: "el hombre debe devolver a la naturaleza tanto como recibe de ella,convertida ahora en sujeto de derecho"(p.69).A pesar de nuestro pobre conocimiento de la naturaleza, sabemos que esta nos habla en términosde fuerzas, lazos e interacciones, lo cual es suficiente para un contrato. Además de lo que estoexige a la política y al gobierno de los hombres, Serres recupera y completa el tema religioso delamor: a la primera ley cristiana de amarnos los unos a los otros, es necesario agregarle lasegunda ley básica: amar a la naturaleza. Amar al padre natural: el suelo y al padre humano: el prójimo; a nuestra madre humana, la humanidad y a la madre natural: la tierra.3. CIENCIA, DERECHO.Un tema discutible de la argumentación de Serres lo constituye su opinión sobre las cienciassociales. El tono descalificador con el que se refiere a éstas contrasta con la apología, casi poética, que hace de la figura del científico natural, al que llama "El tercero-instruido", más cercadel sabio humanista del Renacimiento que del científico social: "El sabio actual reúne en símismo al legislador de tiempos heroicos y al titular moderno del saber riguroso, sabe tejer laverdad de las ciencias con la paz del juicio, mezcla íntimamente nuestras herencias egipcias yromanas, fuente de nuestras leyes, y nuestros legados semitas y griegos, donantes deconocimiento; integra las ciencias eficaces y rápidas en nuestros derechos lentos y prudentes.Joven y viejo a un tiempo, el sabio accede a la edad madura. Yo lo llamo Tercero-Instruido:experto en los conocimientos, formales o experimentales, versado en las ciencias naturales, de loinerte y de lo viviente, al margen de las ciencias sociales de verdades más críticas que orgánicasy de la información banal y no excepcional, prefiriendo las acciones a las relaciones, laexperiencia humana directa a las encuestas y a los informes, viajero de naturaleza y sociedad,amante de los ríos, arenas, vientos, mares y montes como de paisajes diversos, navegantesolitario por el paso del Noroeste, paraje donde el saber positivo franqueado comunica, demanera delicada y rara, con las humanidades, inversamente versado en las lenguas antiguas, lastradiciones míticas y las religiones. Espíritu fuerte y Diablo, hundiendo sus raíces en el más profundo humus cultural, hasta las placas tectónicas más enterradas en la memoria negra de lacarne y del verbo, y, por lo tanto, arcaico y contemporáneo, tradicional y futurista, humanista ysabio, rápido y lento, verde y curtido, audaz y prudente, más alejado del poder que cualquier posible legislador y más próximo de la ignorancia compartida por la gran mayoría que cualquier sabio imaginable, grande quizá pero pueblo, empírico pero exacto, suave como la seda, ásperocomo el lienzo resistente, errando sin cesar sobre el intervalo que separa el hambre de lasaciedad, la miseria de la riqueza, la sombra de la luz, el dominio de la servidumbre, lo conocidode lo extraño, conociendo y estimando la ignorancia tanto como las ciencias, los cuentos de viejamás que los conceptos, las leyes tanto como el no-derecho, monje y granuja, solo yvagabundeando, errante pero estable, por último y sobre todo ardiendo de amor hacia la tierra yla humanidad" (p.p. 155-157)
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