trabajador perezoso. Pero el uso composicional que hace Wordsworth de este verso lo convierte en algo por completo distinto. Estas sencillas palabras secargan con la tragedia del anciano pastor y se saturan de poesía. Su importanciareferencial es leve, pues la importancia de la acción a que se refieren no radicaen la acción en si misma sino en su significado; y el significado lo crean laspalabras. Por lo tanto se trata de un verso de gran poesía.La elección de la composición como el común denominador de la poesía y lapintura es una caracterización técnica hecha por un hombre centrado en lapintura, aun concediendo que no era un hombre al que uno consideraría untécnico. La poesía y la pintura crean por igual mediante la composición. Ahora bien, el poeta que busca una analogía entre la poesía y la pintura, y quetrata de adoptar el punto de vista del hombre centrado en la poesía, comienzateniendo la sensación de que la técnica empapa la pintura hasta tal punto queambas cosas se identifican. Esto no es cierto, puesto que, si la pintura fuesepuramente técnica, esa concepción de la misma excluiría al artista comopersona. Por lo tanto, quiero decir algo basado en la sensibilidad del poeta y enla del pintor. No estoy absolutamente seguro de saber lo que significasensibilidad. Supongo que quiere decir sentimiento; como suele decirse, lossentimientos. Sé lo que se entiende por sensibilidad nerviosa, como cuando, enun concierto, los oyentes, después de haberse colocado y permanecer atentos,oyen de súbito un estallido de trompetas que les hace encogerse a manera dereacción nerviosa. La satisfacción que tenemos cuando miramos por la ventana y vemos que hace un buen día, o cuando miramos uno de los límpidos paisajesde Corot en los que el pays de Corot parece ser algo distinto. Suele decirse que elorigen de la poesía hay que buscarlo en la sensibilidad. Hemos empezado por laconjunción de Claude y Virgilio; obsérvese ahora como el uno evoca al otro.Estas evocaciones son atribuibles a similitudes de sensibilidad. Sí en Claude nosencontramos en el reino de Saturno, el soberano del mundo en la edad doradade la inocencia y la abundancia, y si en Virgilio nos encontramos en el mismoreino, reconocemos que existe ahí, en el caso de Claude y Virgilio, una identidadde sensibilidad. Sin embargo, si se pone en cuestión el dogma de que hay que buscar los orígenes de la poesía en la sensibilidad y se afirma que un poemaafortunado, o un cuadro afortunado, es una síntesis de excepcionalconcentración (ese grado de concentración que tiene una intrínseca lucidez, enla que vemos con claridad lo que queremos ver y lo vemos instantánea y perfectamente), nos encontramos con que la fuerza operativa de nuestro interiorno parece ser de hecho la sensibilidad, es decir, los sentimientos. Parece ser unafacultad constructiva que más saca su fuerza de la imaginación que de lasensibilidad. He dicho poner en cuestión, no rechazar. La mente retiene laexperiencia, de modo que mucho después de acaecida la experiencia, muchodespués de la claridad invernal de una mañana de enero, mucho después de loslímpidos paisajes de Corot, esa facultad interior nuestra de la que he habladohace sus propias construcciones a partir de aquella experiencia. Si se limita areconstruir la experiencia, o a repetirnos las sensaciones vividas ante aquello, setrata de la memoria. Lo que en realidad hace es utilizar aquello como materialcon el que hace lo que quiere. Ésta es la típica función de la imaginación, quesiempre utiliza lo conocido para crear lo no conocido. Lo que parecen implicarestas observaciones es la sustitución de la idea de inspiración por la idea de unesfuerzo mental no basado en las vicisitudes de la sensibilidad. Es tan
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