Introducción
¿Cambio climático? No, por favor. Yo no quiero que haya cambio climático, mejor dicho, noquiero las consecuencias del cambio climático. ¿Y quién lo querría? Si, como aseguran loscientíficos, implica inundaciones, sequías, temperaturas extremas, hambre, enfermedades,etc., no creo que nadie se apunte al cambio climático. Es una perspectiva ya desagradable ensí misma, pero cuando se explica lo que habría que hacer para combatirlo, se convierte enintolerable. ¿Moderar el consumo, hacer menos viajes, comprar menos coches? Ni hablar.¿Cambiar nuestro estilo de vida derrochador e irresponsable? Jamás, menudo aburrimiento.Por otra parte, queremos sentirnos bien con nosotros mismos, alimentar nuestra autoimagende personas solidarias y comprometidas. ¿Cómo resolvemos esta contradicción? Hay dosmaneras. La primera implica aceptar la realidad y nuestra cuota de responsabilidad en eldeterioro ambiental. No es una cuestión de volver al Paleolítico sino de colaborar con lo que podamos y presionar a los gobiernos para que actúen responsablemente. Ahí el grado decompromiso y sacrificio al que estemos dispuestos es algo muy personal y queda a lavoluntad y las circunstancias de cada uno, pero creo que, como minimo, estamos moralmenteobligados a una cosa: contribuir a crear una conciencia colectiva sobre el problema.La segunda manera de resolver la contradicción es negar la realidad. No hay cambioclimático, o no es nuestra culpa, o no es algo grave, o el remedio es peor que la enfermedad.Fácilmente encontraremos artículos de opinión y libros enteros que apoyarán estas ideas,como los que analizaré en este trabajo. Se trata, en general, de obras bien escritas ydocumentadas que aportan munición contra esos ecologistas que nos quieren hacer sentir mal.Mientras sólo leamos esa clase de obras, el alivio y la buena conciencia están garantizados, pero ¡ay como se nos ocurra contrastar los datos o hacer las preguntas adecuadas! O nosimporta el mundo real y todas sus gentes, o no nos importa, esa es la elección básica.La lucha contra el cambio climático es algo que irrita a los grandes empresarios, porqueimplica reducir los beneficios a corto plazo. Menos emisiones de CO
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, más inversiones enenergías renovables, normas medioambientales más severas, ¿y total para qué? ¿sólo paraevitar el sufrimiento de millones de pobres? ¡Si eso no entra en los balances contables!Por supuesto, no pueden dejar claro que les importa un bledo ese sufrimiento, porque paraalgo han invertido una fortuna en publicidad con el fin de lavar sus imágenes y presentarsecomo éticos y responsables. Así que primero trataron de “demostrar” que el cambio climáticono existía. Lo intentaron durante décadas, pero como hoy en día eso ya no cuela pasaron a lasiguiente fase, la de “demostrar” que el cambio climático no se debe a la actividad humana.Esta fase ya se está agotando y se solapa con una tercera fase, la de “demostrar” que elcambio climático no es un problema importante y que molestar a las empresas por esa razónes un error que costará muy caro.Un ilustre representante de la ideología capitalista dominante es el economista Xavier Sala iMartín, quien en 2007 publicó una serie de artículos en el diario La Vanguardia dondeexponía el punto de vista del empresariado sobre el cambio climático (1). Como veremos endetalle, Sala i Martín utiliza un amplio arsenal demagógico. Datos y citas falsas, argumentostan simplones como falaces, errores conceptuales que sonrojarían a un bachiller, y todo ellocondimentado con la chulería y la prepotencia que le caracterizan y que sólo pueden permitirse los que tienen el poder mediático de su lado.
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