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Geografía de La Argentina. Mitos y Realidades

Geografía de La Argentina. Mitos y Realidades

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Durán, Diana Geografía de la Argentina

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EDICIÓN DE GEOPERSPECTIVAS
Durán, Diana Geografía de la Argentina

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EDICIÓN DE GEOPERSPECTIVAS

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©
 Diana Durán
25 DE MAYO DE 2014: ESTAMPAS DE LA ARGENTINA DRA. DIANA DURÁN
1
 
Mientras las preocupaciones de la “agenda” política, de los medios de comunicación y de la opinión
 pública se centran en la inflación, la inseguridad y la situación económica en general, otras cuestiones sustantivas deben tenerse en cuenta este 25 de mayo de 2014 para valorar de manera realista la situación de nuestro país. Hace veintiséis años escribíamos con Albina Lara y Celia Daguerre un libro entrañable,
“Argentina. Mitos y realidades”
 (Lugar Editorial, 1992) en el que expresábamos convencidas que las
contradicciones marcadas entre los mitos y las realidades, entre el país mental y el país real, han obstaculizado el desarrollo argentino
”. Y además, decía
mos, como argentinos padecemos de falsas  percepciones y creencias a veces transformadas en mitos nacionales. Hoy, seguimos siendo
 promesa
, caracterizándonos por ser un país de opositores
 – 
como expresara Ernesto Sábato-, y detentamos los mismos problemas y potencialidades que planteábamos en aquel ensayo, sumados a otros no menos relevantes. Muchos profesores nos piden que reditemos el libro actualizando los inveterados mitos. Algunos de los mitos argentinos trazados en ese libro y otras perspectivas actuales vinculadas a la actualidad se plantean a continuación. Entre ellos,
no trabaja el que no quiere
”, típica afirmación argentina que sigue vigente aunque ya no
como mito sino como cruel realidad
 –“trabaja el que puede”
- desde que la Reforma del Estado
 – 
iniciada en la dictadura militar-, provocara la disminución notable de los puestos de trabajo y una  precarización y flexibilización laborales dignas de épocas pretéritas. En 2014, las cifras de desempleo, cercanas al 8 % en los 31 aglomerados urbanos, según el INDEC, son tan poco creíbles como objetables ya que esconden gravísimas situaciones de informalidad laboral.
Otro mito es que en la Argentina “
la gente no se muere de hambre
” cuando en realidad nuestra
soberanía alimentaria se ve cercada por los procesos de agriculturización y sojización, erosión de los suelos, liquidación de vientres, entre otras cuestiones, especialmente para las poblaciones más vulnerables que se localizan en el NOA y el NEA y en las periferias de las grandes ciudades empobrecidas, donde la pobreza
 – 
que no se calcula oficialmente- y la desnutrición infantil son  problemas sustantivos en un país que puede alimentar a 450 millones de personas según sus niveles de  producción de alimentos actuales.
La Argentina ambiental en 2014
La
cuestión ambiental 
 es pródiga en mitos lo que nos lleva a reafirmar que la Educación Geográfica es una disciplina sustantiva para la formación ciudadana.
1
 Dra. en Geografía de la Universidad del Salvador. Docente del ISFD Nº 79, ISFT Nº 190 e ISFD y T Nº 159 de Punta Alta. http://geoperspectivas.blogspot.com
 
©
 Diana Durán Hemos descripto como mito
que la Argentina “
es inmensamente rica, tiene de todo y no lo sabemos aprovecha
r”.
 
Al respecto, Albina Lara (2009) explica que la Argentina tiene modelos de producción no sustentable, lo que implica por ejemplo pérdida económica por deterioro de los suelos -1000 millones de dólares por año-. El 20 % de los suelos degradados se localizan primordialmente como erosión hídrica en la Argentina húmeda, mientras la erosión eólica, en la Argentina árida. En el espacio rural se agrega la contaminación por agroquímicos, la desertificación y la deforestación. La misma autora identifica en el espacio urbano el déficit en los servicios sanitarios, la contaminación del agua y el aire, la pérdida o degradación de los espacios públicos urbanos y la gestión inadecuada de los residuos sólidos urbanos. En la escala nacional son notorios los problemas relacionados con la gestión imprevisora de riesgos ambientales y los embates a la biodiversidad, así como las consecuencias negativas del cambio climático (retroceso significativo de glaciares de montaña y campos de hielo, intensificación de inundaciones y sequías, modificaciones en la aptitud de los suelos, aumento de la temperatura, etc.). En tal sentido, recordemos que durante 2009 la
 
Argentina sufrió la peor sequía en 70 años. La situación afectó tanto a la región pampeana como a zonas más marginales, especialmente en Santiago del Estero y Río Negro, por nombrar provincias distantes. Como sucede inveteradamente, las primeras medidas contra las sequías se tomaron de manera improvisada, cuando el fenómeno climático ya se estaba produciendo. Di Pace
2
 también aludió a los problemas ambientales especificando su localización geográfica en el escenario de la frontera agropecuaria activa (Selva Misionera, Selva Tucumano-Oranense y Gran Chaco), la frontera agropecuaria intersticial, en el interior de superficies ya cultivadas como las depresiones con pastizales, sur de Bs. As, el frente arrocero de la zona pampeana en el sector mesopotámico y el frente porotero en Selva Tucumano
 – 
 Oranense y los frentes de desertificación de la zona Altoandina. Todo ello debido al proceso de agriculturización y sus nefastas consecuencias que siguen vigentes. Mientras tanto, sigue pensándose
 – 
y no sólo vulgarmente sino en términos de políticas agropecuarias especulativas-, que la Argentina es un
 país templado húmedo
, cuando en realidad tres cuartas partes del territorio pertenecen a la diagonal árida latinoamericana, por lo que resulta insostenible desde el  punto de vista ambiental el crecimiento del pulpo sojero. Sin embargo, la Argentina no posee todos los climas del mundo o, por lo menos, una gran parte de los mismos como se piensa sino que
la realidad es que “
el clima argentino es el clima argentino
 (Bruniard, 1986) y se repite muy escasamente fuera de sus fronteras. Así, por ejemplo, la Puna muestra rasgos climáticos únicos en el mundo; la Patagonia presenta un régimen con precipitaciones durante todo el año con máximo en verano, que es una distribución que parecería desvirtuar la habitual sobre los océanos en latitudes templadas. Desde el Río de la Plata hacia el norte se manifiesta una marcha anual de excepción, con lluvias durante todo el año y máximo invernal. En realidad, toda la masa sudamericana se presenta como una gran excepción que no encaja fácilmente en los esquemas  planetarios, cuyos orígenes deben buscarse en una conjunción especial entre un modelo de circulación atmosférica, propio del hemisferio sur, y un dispositivo continental que cuenta con un rasgo
2
 
“Las utopías del medio ambiente”, Centro editor de América Latina, 1992.
 
 
©
 Diana Durán sobresaliente en la cordillera Andina. Las actividades agropecuarias de secano contradicen la racionalidad geográfica frente a la realidad apuntada. En términos de aguas superficiales, la Argentina posee una oferta relevante y probablemente las Cataratas del Iguazú o el Glaciar Perito Moreno sean los símbolos turísticos del mito del superávit hídrico; sin embargo, su distribución en el territorio es muy desigual. Así, el 80% del caudal medio de los ríos corresponde a los ríos Uruguay y Paraná de la cuenca del Plata, mientras que un 45% del territorio del país está ocupado por las cuencas de los ríos que sólo aportan el 1% del caudal medio, o carecen por completo de aguas superficiales. El derroche de agua potable y las inadecuaciones uso-aptitud de los suelos, en consecuencia, podría plantearse como el resultado del mito de la oferta hídrica, no sin antes advertir la realidad de los contrafuertes andinos con sus glaciares hoy en proceso de enajenación por parte de mineras y capitales privados. Por lo demás,
se reconoce que “
 para grandes sectores de la población, la demanda insatisfecha de desagües cloacales y agua potable obliga a la coexistencia de pozos ciegos y perforaciones domiciliarias: las capas de las que se nutren estas perforaciones son contaminadas por los propios efluentes cloacales
”. Y señala el
volcado
 
“sin tratamiento previo de aguas”
como un
 
“problema
 generalizado en las ciudades argentinas
”. Sólo el 42,5
% de la población cuenta con desagües cloacales y sólo un 78,4 %
tiene agua de red. El resultado son enfermedades, de las cuales “
las más habituales son las hepatitis virales, la diarrea aguda, la fiebre tifoidea y paratifoidea
”. El informe  propone
que los servicios de saneamiento deben estar al alcance de toda la población, independientemente de su capacidad de pago
”.
3
 Más allá de estos temas, sabido es que el ser un
 país de baja cuenca
 ha sido una debilidad y no una fortaleza
 –como se pensaba frente al mito de tener la “puerta de la tierra” en el río de la Plata
 que se  potencia con la metáfora de la gran cabeza de Goliat en la ciudad puerto-, frente a los aprovechamientos hídricos que Brasil ha concretado en la alta cuenca y que nos hacen dependientes de sus decisiones insolidarias
 – 
en contraposición a los principios de la Ley General de Ambiente, tan poco aplicada en nuestro país-, respecto al manejo transfronterizo de los recursos hídricos compartidos.
En síntesis, como hemos expresado en un artículo sobre la trama ambiental argentina: “
 En
 
cambio de ocuparnos a tiempo de que las poblaciones en riesgo ambiental por la localización de sus viviendas, trabajos o itinerarios ambientales coincidentes con la distribución geográfica de alguna anomalía de la naturaleza en su relación con la sociedad -inundación, contaminación, vulcanismo, tornado, entre otras- sean advertidas de los próximos eventos que podrían afectarlos; lo hacemos a posteriori.  En cambio de advertir a los productores agropecuarios que no avancen con sus explotaciones sobre áreas en riesgo de sequía o inundación, desde las políticas gubernamentales se promueve la agricultura y la ganadería especulativas. Luego se lamentan las pérdidas de cosechas o la liquidación de vientres.  En cambio de localizar las nuevas obras de infraestructura previa evaluación de sus impactos ambientales o de construir nuevos establecimientos en las áreas donde la lógica geográfica así lo
3
 

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