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La promoción del interés nacional
Por Condoleezza Rice
 Del
Foreign Affairs En Español 
, enero-febrero de 2000
CONDOLEEZZA RICE es miembro adjunto del Hoover Institute y profesora de Ciencia Política en laStanford University. Fue designada consejera de Seguridad Nacional, en diciembre pasado por el presidenteGeorge W. Bush.
LA VIDA DESPUÉS DE LA GUERRA FRÍAA ESTADOS UNIDOS le resulta sumamente difícil definir su "interés nacional" ante la ausencia delpoderío soviético. Las referencias continuas al "periodo posterior a la Guerra Fría" son prueba deque no se sabe cómo pensar sobre lo que sigue al enfrentamiento entre Estados Unidos y la UniónSoviética. Sin embargo, estos periodos de transición son importantes, porque ofrecenoportunidades estratégicas. En estos tiempos tan variables es posible influir en la conformacióndel mundo venidero.La importancia del momento es evidente. La Unión Soviética era más que un mero competidor mundial en el sentido tradicional: procuraba presentarse como líder de una alternativa socialistauniversal a los mercados y la democracia. La Unión Soviética se aisló a sí misma y a muchosclientes y países cautivos, a menudo sin su consentimiento, de los rigores del capitalismointernacional. A fin de cuentas, sembró las semillas de su propia destrucción, pues su aislamientoautoimpuesto la convirtió en un dinosaurio económico y tecnológico.Pero esto es sólo parte de la historia. La caída de la Unión Soviética coincidió con otra granrevolución. Los espectaculares cambios ocurridos en la tecnología de la información y elcrecimiento de industrias "basadas en los conocimientos" alteraron la base misma del dinamismoeconómico, pues aceleraron tendencias ya perceptibles en la interacción económica que muchasveces sorteaban o ignoraban las fronteras internacionales. Al intensificarse la competencia por lainversión de capital, los estados han encarado difíciles decisiones en cuanto a sus estructuraseconómicas, políticas y sociales internas. Como prototipo de esta "nueva economía", EstadosUnidos vio crecer su influencia económica y, con ella, su influencia diplomática. Así, el país haresultado tanto el benefactor principal como el principal beneficiario de estas revolucionessimultáneas.El proceso de bosquejar una nueva política exterior debe comenzar por reconocer que EstadosUnidos se encuentra en una posición extraordinaria. Poderosas tendencias seculares conducen almundo hacia la apertura económica y, en forma más desigual, hacia la democracia y las libertadesindividuales. Algunos estados tienen un pie dentro del estribo y otro fuera. Varios de ellos confíanaún en "divorciar" la democracia del progreso económico. Otros se aferran a viejos odios paraeludir la inminente tarea modernizadora. Pero sea lo que fuere Estados Unidos y sus aliados sehan colocado del lado correcto.
JUAN DAVID ESCOBAR VALENCIA – CURSO DE ESTRATEGIA
 
En tal entorno, los principios que rigen al país deben contribuir a promover estas tendenciasfavorables con el mantenimiento de una política exterior disciplinada y coherente que separe loimportante de lo trivial. El gobierno de Bill Clinton ha evitado con gran perseverancia aplicar unprograma semejante. En lugar de ello, cada problema se ha tratado en forma individual: crisis por crisis, día por día. Hace falta valor para fijar prioridades, porque hacerlo equivale a admitir que lapolítica exterior estadounidense no puede contentar a todo el mundo o, más bien, a todos losgrupos de interés. El enfoque del gobierno de Clinton tiene sus ventajas: si las prioridades y laintención no están claras, no se les puede criticar. Pero hay que pagar un alto precio por ello. Enuna democracia tan pluralista como la nuestra, la falta de un "interés nacional" definido, o bienconstituye un terreno fértil para quienes desean aislarse del mundo o bien crea un vacío que ha dellenarse con presiones de grupos estrechos de miras.LA ALTERNATIVALA POLÍTICA EXTERIOR estadounidense de un gobierno republicano tendría que redefinirsesiguiendo el interés nacional y la búsqueda de prioridades. Estas tareas son:1.- Garantizar que las fuerzas armadas estadounidenses puedan disuadir de la guerra, proyectar su poderío y defender sus intereses en caso de que esa disuasión fracase.2.- Promover el crecimiento económico y la apertura política ampliando el libre comercio y unsistema monetario internacional estable para todos los comprometidos con estos principios,contando entre ellos al hemisferio occidental que, con demasiada frecuencia, se ha descuidadocomo zona vital de los intereses estadounidenses.3.- Renovar nculos fuertes y estrechos con los aliados que comparten los valoresestadounidenses y pueden, por ello, compartir la carga de la promoción de la paz, la prosperidad yla libertad.4.- Centrar las energías de Estados Unidos en vincularse íntimamente con las grandes potencias,en especial Rusia y China, que pueden y podrán moldear las características del sistema políticointernacional, y5.- Confrontar con decisión la amenaza de regímenes deshonestos y potencias hostiles que, cadavez más, cobran la forma de la posibilidad del terrorismo y el desarrollo de armas de destrucciónmasiva (WMD, por sus siglas en inglés).INTERESES E IDEALESEL PODER IMPORTA tanto el ejercicio del mismo por parte de Estados Unidos como la capacidadde otros para ejercerlo. Sin embargo, en Estados Unidos a muchos le incomodan (y siempre lehan incomodado) los conceptos de la política de poder, las grandes potencias y los equilibrios depoder. En el extremo, este malestar conduce a un llamado a la introspección en lugar deconceptos de derecho y normas internacionales, y a la certeza de que el apoyo a muchos países –más aún, a instituciones como las Naciones Unidas– es esencial para el ejercicio legítimo delpoder. El "interés nacional" se sustituye por los "intereses humanitarios" o los intereses de "lacomunidad internacional". La convicción de que Estados Unidos ejerce legítimamente el poder sólo cuando lo hace en nombre de algo o alguien más, tenía profundas raíces en el pensamientowilsoniano, y hay fuertes ecos de ello en el gobierno de Clinton. Por supuesto que no hay nada demalo en hacer algo que beneficie a toda la humanidad, pero en cierto sentido éste es un efecto desegundo orden. La búsqueda de Estados Unidos por procurar su interés nacional creará lascondiciones que promoverán la libertad, el comercio y la paz. Su búsqueda de los interesesnacionales desps de la Segunda Guerra Mundial condujo a un mundo s próspero ydemocrático. Esta situación puede repetirse.Por lo tanto, los acuerdos con instituciones multilaterales no deben ser fines en sí mismos. Losintereses estadounidenses se promueven a través de alianzas fuertes y pueden alentarse en lasNaciones Unidas y otras organizaciones multilaterales, así como con acuerdos internacionales
JUAN DAVID ESCOBAR VALENCIA – CURSO DE ESTRATEGIA
 
bien concebidos. Sin embargo, muchas veces al gobierno de Clinton le ha preocupado tantoencontrar soluciones multilaterales a los problemas que ha firmado acuerdos que no tienen en susmiras los intereses estadounidenses. El tratado de Kioto es un ejemplo para debatir:independientemente de la realidad del calentamiento mundial, un tratado que no incluya a China yexima a los países "en desarrollo" de normas estrictas al tiempo que perjudica a la industriaestadounidense no puede, en modo alguno, actuar en favor de los intereses de Estados Unidos.De la misma manera, son aleccionadoras las discusiones sobre la ratificación estadounidense delTratado Amplio de Prohibición de Pruebas (Comprehensive Test Ban Treaty). Desde 1992,Estados Unidos se ha abstenido unilateralmente de realizar pruebas nucleares. Esto constituye unejemplo para el resto del mundo, pero no ata sus manos "a perpetuidad" si las pruebas resultan denuevo necesarias. Pero al procurar una "norma" contra la adquisición de armas nucleares,Estados Unidos firmó un tratado que no era verificable, no previó la amenaza de que nacionesdeshonestas produjeran este tipo de armas y puso en riesgo la confiabilidad del parque nuclear.Durante las negociaciones se pasaron por alto las preocupaciones legítimas del Congresoestadounidense sobre la esencia del tratado. Al encarar la derrota de un tratado deficiente, elgobierno atacó las motivaciones de sus opositores e, increíblemente, calificó de aislacionistas ainternacionalistas de larga data como los senadores Richard Lugar (R-Ind.) y John Warner (R-Va.).Por supuesto que los presidentes republicanos no han sido inmunes a la práctica de procurar acuerdos simbólicos de dudoso valor. Según el comité de relaciones exteriores del Senado, unos52 convenios, acuerdos y tratados todavía esperan ratificación en el Capitolio, y algunos de ellosse remontan incluso hasta 1949. Pero el apego del gobierno de Clinton a acuerdos –en granmedida simbólicos– y su búsqueda de "normas" de comportamiento internacional, a lo sumoilusorias, ha alcanzado proporciones excesivas. Eso no es liderazgo. Tampoco es aislacionistaindicar que Estados Unidos tiene un papel especial en el mundo y que no debe adherirse a todoconvenio y acuerdo internacionales que a cualquiera se le haya ocurrido proponer.Incluso aquellos a quienes no incomodan los conceptos del "interés nacional" se intranquilizan alcentrarse en las relaciones de poder y las políticas de grandes potencias. La realidad es que unascuantas potencias pueden afectar la paz, la estabilidad y la prosperidad internacionales en formaradical. Estos países pueden provocar trastornos a gran escala y sus estallidos de ira o actos debeneficencia afectan a cientos de millones de personas. Por su tamaño, posición geográfica,potencial económico y fuerza militar, pueden influir en el bienestar de Estados Unidos para bien opara mal. Además, ese tipo de política suele ir acompañado por un sentido del derecho adesempeñar un papel decisivo en la política internacional. Las grandes potencias no sólo seocupan de lo que les incumbe.A algunos les preocupa que esta visión del mundo pase por alto el papel de los valores, sobre todode los derechos humanos y de la promoción de la democracia. De hecho, hay quienes delimitaríanuna clara diferencia entre la política de poder y una política exterior de principios basada envalores. Esta visión polarizada –o uno es realista o se consagra a las normas y valores– puedeestar muy bien en el debate académico, pero es desastrosa para la potica exterior estadounidense. Los valores de esta política son universales. Las personas desean decir lo quepiensan, rendir culto a lo que sea su voluntad y elegir a quienes los gobiernan; el triunfo de estosvalores es, sin duda, más fácil cuando el equilibrio internacional de poder favorece a los que creenen ellos. Sin embargo en ocasiones toma tiempo alcanzar ese equilibrio de poder favorable tantoen lo internacional como dentro de una sociedad. Y, entretanto, sencillamente no es posiblesoslayar y aislar a otros países poderosos que no comparten dichos valores.La Guerra Fría constituye un buen ejemplo de ello. Pocos negarían que la caída de la UniónSoviética transformó profundamente la imagen de la democracia y los derechos humanos enEuropa oriental y central y en los antiguos territorios soviéticos. Nada mejoró los derechos
JUAN DAVID ESCOBAR VALENCIA – CURSO DE ESTRATEGIA
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