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Manual urgente para radialistas apasionados y apasionadas CAPÍTULO 6

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Excelente manual introductorio al periodismo y la radiodifusión
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6- GÉNERO DRAMÁTICO
Amanecer de las radionovelas. En La Habana, las emisoras empalman una conotra, de la mañana a la noche. CMQ y la Cadena Azul se disputan las audienciasfemeninas y los libretistas para servirlas. Los actores no dan a basto, van de cabinaen cabina. En ésta se casan, en la otra se divorcian, en todas viven amoresamelcochados y tremebundos desengaños. Si piden aumento de sueldo, el director hace un guiño al libretista y éste los hace morir en el próximo capítulo, o los resucitasi regresan a pedir trabajo. Hay sensiblería para rato. En 1948, Félix B. Caignetlanza al aire el mayor éxito de la radio latinoamericana,
El Derecho de Nacer 
. Juntocon el azúcar, Cuba exporta lágrimas para todo el continente. En el extranjero, sevenden al peso los libretos de las radionovelas.Ante el delirio de programaciones totalmente dramatizadas, los artistas de la islacaribeña forman un Comité de Lucha Pro Programas Musicales que visita las radiosy reclama
menos llanto y más canciones
. Nadie les hace caso. Los empresariossólo atienden a los puntos del
rating 
y a los dólares que crecen en sus manos comola espuma de los jabones que patrocinan las
soap operas
criollas.Los oyentes tampoco quieren renunciar a ese vicioso placer de sufrir en pellejoajeno. Piden más y más radionovelas, las exigen. Se cuenta de un escritor con laimaginación ya bloqueada a fuerza de inventar cada día un libreto, que iba apresentar su renuncia. Se exprimía el seso, igual que la ropa de las lavanderas queescuchaban sus culebrones, pero no lograba una sola idea novedosa. Elmecanógrafo vino en su ayuda:—No te hagas problema, chico. Agarra un argumento viejo, de hace años, ylo cambalacheas. Le pones otro título, le das vuelta a los personajes. Lo quehablaba él, que ahora lo hable ella. ¿Quién se va a acordar de la novela original?Dicho y escrito. El radionovelero puso a Marietta donde antes hablaba Andreuccio.Y al revés. Al principio, aquellos libretos reciclados lograron un buen éxito y nadiesospechó el truco. Pero, según iban avanzando los capítulos, el público comenzó asentir algo extraño en aquella trama. En el jardín nocturno, la doncella enamorabaaudazmente al galán macho que suspiraba tímidamente desde el balcón. Acusaronde pervertido al guionista. Y hubo que reacomodar a toda prisa el elenco para que laComisión de Ética Radial no tomara cartas en el asunto.
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 Pasaba en Cuba y en todo el continente. Pasaba en los años 50 y sigue pasandotambién ahora, sólo que las golondrinas se acurrucan en otro nido: las telenovelasatrapan el interés de las multitudes tanto en Tokio como en Madrid o en Moscú.¿Por qué nos cautiva tanto el género dramático? Es que los seres humanos somosasí, madejas de emociones. Seamos sinceros, ¿en qué ocupamos nuestra cabezala mayor parte del tiempo? En pensar en nuestro corazón. El estudiante está enclase pensando en su novia. El ama de casa está cocinando, pensando en sushijos. Y su marido, pensando en otro sartén. Nuestros ratos libres —y muchos que
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Véase el excelente ensayo de Reynaldo González, Llorar es un placer. Letras cubanas, La Habana, 1988.
 
no lo son— los empleamos en repasar nuestros amores reales y en conjeturar losposibles. Soñamos más despiertos que dormidos.El género dramático evoca ese pasado, adelanta ese futuro y pone ambos en elpresente. Los
representa
. Tal vez por eso nos resulta un género tan próximo, tanfamiliar, porque imita la vida, recrea situaciones que hemos vivido o que quisiéramosvivir. Desde las máscaras africanas hasta los niños calzando los zapatos de lospapás, el ser humano se descubre como un animal de imitación. Repetimos lo quevemos. Lo reinventamos. Nos desdoblamos. Nos disfrazamos. A todos nos encantaactuar y ver actuar. El género dramático atrae como el espejo, tanto para los actorescomo para los actuados, porque en las vidas ajenas reflejamos la nuestra. ¿Quiénno se ha derretido ante un Albertico Limonta, quién no necesita llorar sobre elhombro de Mamá Dolores?
¡Micrófonos, voces, acción!
Si estamos en una conferencia y escuchamos un chirrido de llantas con elconsiguiente estrépito, todos nos asomaremos a ver qué ocurrió. Aunque estemosen la exposición más interesante del mundo, abandonaremos las sillas paraenterarnos del suceso. El conferencista, por aquello de no dejar la presidenciavacía, disimulará su curiosidad tosiendo un poco. Pero ganas no le faltarán deabalanzarse a la calle. ¿Qué ha pasado? Algo no previsto, un peligro, una amenazaa la vida. Ante un estímulo así, se dan por terminadas todas las reflexiones. Primerovivir y luego filosofar, como hasta sentenciaban los escolásticos.El ser humano, como todos los animales, es atraído, fascinado, por lo que semueve, por lo que cambia. Somos
dramáticos
. La palabra lo explica todo:
drama
quiere decir 
acción
.
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Y acción quiere decir que pasan cosas, que sucedenhechos. Parecería obvio y, sin embargo, no lo es. Con demasiada frecuenciaescuchamos
dramas
donde dos personajes conversan, por ejemplo, sobre el altocosto de la vida. Rosa y Antonia discuten sobre lo que les pasó en el mercado o loque les va a pasar cuando lleguen a sus casas.
Pero no pasa nada.
 
Nada semueve, no compran ni protestan en el mencionado mercado, no hay acción. Enrealidad, dichos diálogos, clasificados como
didácticos
, no pertenecen al génerodramático: son simplemente discursos disfrazados. El autor ha queridotransmitirnos determinados contenidos u opiniones y las pone en boca de unostíteres a su servicio.En estos casos, el error no es de intención, sino de formato. ¿No sería mejor emplear un buen comentario, una charla amena, antes que someter al público aesos diálogos tan falsos como aburridos? Si quiere practicar el género dramático,recuerde la consigna que se da antes de rodar una película. No se dice
 
cámaras,luces… ¡reflexión! 
El director ordena:
¡acción! 
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Aristóteles:
De esto, según algunos dicen, procede el llamar dramas a estas obras, porque imitan personajes en
acció
n. Por eso, los dorios reclaman la paternidad de la tragedia y la comedia... También alegan que para decir 
hacer 
ellos
 
emplean
 
la
 
voz 
dran,
mientras que los atenienses dicen
prattein. Poética, Cáp. 3. La palabra
drástico
viene de la misma raíz griega: actuar enérgica y radicalmente.
 
El alma del drama
¿Cualquier acción vale para armar una historia dramática? Ciertamente, no. Por ejemplo, si yo voy al mercado, compro plátanos, regreso a mi casa, cocino losplátanos y me los como, estoy realizando varias acciones. He empleado cincoverbos para narrar lo que hago. Pero nadie aplaudirá después de ver una obra deteatro con tal argumento.No toda acción clasifica para captar el interés de la audiencia. ¿Cuáles sí, cuálesno? Digamos que el alma, la esencia de la dramaturgia, no es otra que el
conflicto
. Las acciones conflictivas son las propias del género.No confundamos conflicto con pelea. Muchas veces, un conflicto sordo, unatensión profunda, contenida, nos envuelve más que una gritería. ¿Qué es unconflicto? Es curioso cómo lo define el diccionario de María Moliner:
 
momento enque el combate está indeciso.
Se trata, pues, de una tirantez, de un choque deintereses, de una
contradicción
. O mejor, de una
confrontación
(accionesenfrentadas).El conflicto nos arrastra hacia dentro, como la marea. Ninguno de losespectadores puede permanecer imparcial cuando lo presencia. La audiencia, através de la radio, también se involucra. Ante cualquier guerra, desarrollamos dosprimeras e inevitables reacciones: de simpatía por una de las partes y de antipatíapor la otra. De inmediato, salen a flote las pasiones favorables o desfavorableshacia los que están en combate. Los hemos conocido hace pocos minutos, peroya nos va la vida en la victoria de uno sobre el otro. Establecemos rápidamenteuna solidaridad con el protagonista y un rechazo contra su antagonista.Si la tensión crece, si el conflicto se pone al rojo vivo, el compromiso del públicotambién aumenta. El drama objetivo comienza a posesionarse del espectador. Dela simpatía pasamos a la empatía, a identificarnos con el personaje y a sentir suproblema, su amenaza, su esperanza, como si fuera un asunto personal. En estascircunstancias, el género dramático alcanza su mayor puntaje: cuando hacemosnuestro el problema ficticio que aparece en la pantalla o que suena en la bocinadel radio.
¿Cómo fabricar un conflicto?
En la blanca Arequipa se realizan vistosas corridas de toros. Los dos animalesson empujados al ruedo. Luego, los organizadores hacen pasar entre ellos
lamanzana de la discordia
, una vaca en celo. El inevitable choque de cuernosconfirma que entre las bestias funciona la misma lógica que entre los humanos: niuna para dos, ni dos para uno. Los intereses contrarios chocan.No es difícil descubrir el mecanismo de un conflicto. Veámoslo de cerca. Resultaque en nuestra vida hay cosas que
queremos
. Algunas las
 podemos
hacer y otrasno. Algunas las
debemos
hacer y otras nos están prohibidas. Jugando con estassituaciones se pueden armar todos los líos en que nos solemos ver envueltos losseres humanos.

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