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7 – GÉNERO PERIODÍSTICO 
Año 1984, todavía con Pinochet como Dictador Supremo del pueblo chileno. En elbarrio Lo Hermida, a las afueras de Santiago, un comunicador popular proyectadiapositivas concientizadoras. La sucesión de imágenes sobre la blanca pared dela iglesia resulta escalofriante: carabineros pateando civiles, un torturado condescargas eléctricas, una torturada con hierros en la vagina, otro encapuchado,otro en la picana… Al terminar el audiovisual, el comunicador quiere iniciar eldiálogo con los asistentes.—Esa es la cruda realidad —les dice sentencioso—. Las atrocidades quese cometieron en el 73 deben permanecer vivas en nuestra memoria. ¿Quéopinan de lo que han visto?La mayoría son mujeres, madres de familia pobres, esposas de desempleados.Todas permanecen calladas, el espanto en los ojos.—Usted, señora, sí, usted misma… ¿qué le parece lo que ha visto?Ella, la señalada, no sólo lo había visto en la foto proyectada. Lo había vividodemasiado cerca cuando desaparecieron a Alfonso, su hijo mayor.—Hable, hable sin timidez, señora.No habló. Se puso en pie, se tapó la cara con un pañolón de lana vieja yabandonó la iglesia donde se hacía la reunión. Atrás de ella, las otras tambiénsalieron. En unos segundos, el local se haa vaciado. Yo me acerqué alcomunicador:—Son fuertes esas fotografías, la gente quedó muy golpeada…—Tengo más —seguía él sin entender—. Tengo unas terribles de loscadáveres apilados en La Moneda.—¿Por qué no hablaron las señoras? —pregunté, haciéndome el extranjerotonto.—Poco a poco se irán soltando, ya verás. La próxima semana me volveré areunir con ellas a ver si van superando su alienación y su silencio.La siguiente semana, según supe después, no asistió nadie a ver las nuevasdiapositivas del terror. Pero esa noche, ya saliendo del barrio, se nos acercaroncorriendo dos chiquillos.—Oiga, caballero, ¿cuándo es la próxima
película
?… ¡La de hoy fue eldescueve!Y se reían y se alejaban imitando las muecas de los torturados.
 
El mundo está loco, loco, loco…
Viendo algunos informativos de televisión, recuerdo la anécdota vivida en aquelbarrio santiaguino. Por diferentes rumbos, con muy distintas intenciones, elcomunicador popular y el locutor sensacionalista obtienen similares resultados: eldesinterés fruto de la saturación o el interés basado en la morbosidad. Dosactitudes contrarias y en aumento, la de quienes no quieren saber de noticiasporque nos amargan la vida, y la de quienes ven las noticias como espectáculo,como una película de Rambo o un capítulo más de los desagradables
Beavis anButt-head 
.Cada vez las noticias son más
angustiosas.
Comienza el informativo con unterremoto en China, un tren descarrilado en la India, inundaciones en Florida, unavión que explotó llegando a Cali y otro saliendo de New York, drogas y muerte,bombas y muerte, desastres, catástrofes, desgracias. La sensibilidad se embota.Demasiados problemas tengo yo encima para cargar también con los ajenos.Mejor Pocahontas. O el show de Don Francisco.Cada vez las noticias son más
superficiales
. Nos llegan amontonadas, en unaavalancha de datos sueltos, sin relación ni sentido.
El presidente Bush descalificóa Colombia para que la DEA controle a Maradona que tiene prohibido jugar tasasde interés superiores…
El exceso de información
desinforma
. La mente humana,como la retina y el tímpano, superpone imágenes y palabras. Al final, todo seembarulla y no sabemos armar el conjunto con los fragmentos sueltos. Unocomienza a sospechar, entonces, que el objetivo de muchos noticieros noconsiste en informar. Lo que pretende el emisor, de manera imprecisa, es dejar enel receptor una sensación, igualmente imprecisa, de estar informado.Algo similar pasa con algunas emisoras católicas que transmiten el rosario y hastaobtienen con ello un
rating 
alto. La abuela o la mamá prenden el radio y ahí lodejan a buen volumen, avemaría tras avemaría, mientras la familia se ocupa enotras actividades. La radio reza por ellos y les proporciona una beficasensación de que el hogar está siendo bendito. Lo mismo ocurre con muchosnoticieros sintonizados y no escuchados: el ruido de fondo nos tranquiliza, noshace sentir que estamos al tanto de lo que acontece en el país y en el mundo. Laradio encendida conjura nuestra impenitente ignorancia. Si luego un amigo nospide un resumen de los últimos sucesos, comenzamos a tartamudear.
Es que meinterrumpieron con un encargo y no pude prestar mucha atención, ¿comprendes?
Primero, lo primero. ¿Para qué transmitimos noticias? Podríamos optar por unaemisora musical y asunto terminado. Podríamos prescindir de los espaciosperiodísticos —caros y riesgosos— y dedicarnos a un sano esparcimiento através de las ondas hertzianas. Si el mundo está loco, que lo arregle otro. ¿Quiénnos manda a meternos en una programación informativa?
Corrientes de agua y de opinión
 
La información tiene una finalidad social. Una triple finalidad donde se juega, a miparecer, el sentido mismo del trabajo de comunicación que hacemos.
Informar para formar 
Hace unos años, cuando se afirmaba esto, pensábamos inmediatamente en losprogramas
educativos
, es decir, de alfabetización, de salud, consejos para elhogar, campañas de limpieza o sobre cómo controlar la plaga de la roya. Estosespacios de
instrucción
siguen siendo necesarios, porque todavía, irritantemente,nuestra región latinoamericana y cariba muestra amplios sectores de lapoblacn marginados, sin posibilidad de ir a la escuela. Lo que nuestrosgobiernos pagan como intereses por la deuda externa suele ser diez vecessuperior al presupuesto destinado a la educación.Sin subestimar la utilidad que brindan estos programas de educación ciudadana,cuando hoy hablamos de
informar para formar 
nos estamos refiriendo,prioritariamente,
a la formación de la opinión pública
. A influir, a través de la radio,en la opinión pública
.
A generar o impulsar corrientes de opinión favorables a los
 
intereses de las mayorías nacionales.Me gusta la palabra
corrientes de opinión
. Huele a lluvia y tiene la fuerza de losríos caudalosos. Es cierto, nada hay más parecido a la opinión pública que elagua. Nace de las profundidades, sin que nadie pueda impedir su irrupción.Representa una pequeña parte del total de las aguas, de las opiniones latentesque la población no expresa. La opinión pública es la que sí se expresa, la quesale a la superficie y se hace sentir, la que moja. Frente a un mismo hechonoticioso, no hay una sola corriente de opinión, sino varias. Todas compiten por arrastrar a las demás. Una pequeña, menos significativa, acaba sumándose a otramayor y ambas desembocan, como afluentes, en una tercera. Con mayor o menor rapidez, una tendencia se va haciendo dominante, el río crece. Mientras másfuerza demuestra, más fuerza acumula. Como se dice en política, la gente
vota aganador 
.Sin embargo, estas corrientes subterráneas nacieron de arriba, de la culturaimpuesta, de la educación recibida, del cúmulo de juicios y, sobre todo, deprejuicios de quienes nos antecedieron y nos pasaron el relevo generacional.Cuando Lorena Bobbitt le cortó el pene a su marido John, miles denorteamericanos y norteamericanas pusieron el grito en el cielo. ¿Cómo iba apermitirse una cosa así? Lorena era ecuatoriana, migrante latina, y el apéndicemutilado era
made in USA.
Lorena era civil y el tal John, a pesar de las palizasque propinaba a su mujer, representaba al glorioso ejército del Tío Sam, defensor de la democracia mundial. Lorena, sobre todo, era mujer. ¿Cómo tolerasemejante rebelión en la granja de los sexos? Esposa quiere decir esposada. Lasvirtudes femeninas, tal como enseña la santa iglesia de los varones, consisten ensometerse al marido, bajar la cabeza y aguantar lo que venga.Estas corrientes de opinión, marcadas por un obvio machismo, dominaron en unprimer momento. La polémica se agrandó, el juicio de los Bobbitt comenzó aocupar las primeras planas y los titulares de todos los medios de comunicación.
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