Los sueños bajo vigilancia (Jacques Le Goff y NicolasTruong)
El sueño en la época medieval
Jacques Le Goff
Texto extraído de Jacques Le Goff y Nicolas Truong, “Una historia del cuerpo humano en la Edad Media”, Paidós, Buenos Aires,Argentina, 2005., págs. 69/75.
Los sueños bajo vigilancia
En la Antigüedad, la interpretación de los sueños era una práctica corriente. En las ferias, en los mercados, los adivinos popularesejercen su oficio, interpretan los sueños de los ciudadanos por una suma módica, un poco como las mujeres que leen la buenaventura y las personas que se dedican a las distintas mancias. En su domicilio, o incluso en el templo, una serie de intérpretes deoficio, como auténticos especialistas, daban a los hombres de la Ciudad la clave del significado de sus sueños. Los onirománticos noson tal vez tan estimados como los augures o los arúspices, esos sacerdotes que leen en las entrañas de las víctimas o en el vuelo delos pájaros, pero se los escucha y consulta corrientemente.Apariciones, sombras o fantasmas, los sueños del paganismo griego y romano provienen del mundo de los muertos. Los sueños«falsos» y los «verdaderos» se distinguen cuidadosamente, como hace Homero en la Odisea, donde Penélope percibe las dos puertasdel sueño, la de marfil de donde salen los sueños engañosos, la de cuerno de la que emanan los sueños que se cumplen. 0 Virgilio,que en la Eneida y en el surco de Homero distingue sueños engañosos y sueños premonitorios. Numerosas teorías oscilan entrevalorización y denigración. Pitágoras, Demócrito y Platón creen en su veracidad. Diógenes y Aristóteles los devalúan y aconsejan laincredulidad respecto a ellos. Se establecen tipologías, como la de Cicerón, que en De divinatione (I, 64) distingue tres fuentes delsueño: el hombre, los espíritus inmortales y los dioses.Los antiguos clasificaban asimismo los sueños según su naturaleza y establecían una jerarquía entre los soñadores. A finales delsiglo IV, Macrobio (hacia 360- 422) proporciona a la cultura pagana su tratado de los sueños más logrado. En su Comentario delsueño de Escipión, el polígrafo y enciclopedista, miembro de un grupo de vulgarizadores de la ciencia y de la filosofía antigua,distingue cinco categorías de sueños: somnium, visio, oraculum, insomnium y visum. Dos de ellas no tienen «ninguna utilidad nisignificación». La primera es el insomnium, el sueño turbado, que se convertirá con Ernest Jones - psicoanalista y biógrafo de Freud(1), en la pesadilla. La segunda es el visum, forma de fantasma, de vagabundeo onírico ilusorio. Son «falsos» sueños, para retomarlas categorías de Homero y de Virgilio. Los otros tres anuncian el futuro. De forma velada en el caso del sueño enigmático, elsomnium; de manera segura en la profética visio; por mediación de los parientes, de los sacerdotes o incluso de la divinidad queprevienen claramente al durmiente acerca de un acontecimiento por venir en el sueño oracular (oraculum).En el período en el que las interpretaciones paganas y cristianas se mezclan, es decir, del siglo II al IV, los hombres oscilan entreinterés manifiesto (sueños de conversión, de contacto con Dios o de martirio), inquietud paciente e incertidumbre. Un«semiherético», Tertuliano, propone entre 210 y 213 el primer Tratado sobre los sueños del Occidente cristiano. Fiel a lasinterrogaciones de su tiempo, este no mans land en el que se encuentran un alma y un cuerpo perdido entre el sueño y la muerte loinquieta. Pero rehúsa convertirlo en algo propio del hombre, ya que el sueño es para él un fenómeno humano universal del que noestán exentos ni los niños ni los bárbaros: «¿Quién podría ser lo suficientemente ajeno a la condición humana como para no haberpercibido una vez una visión fiel?», se pregunta en su De anima. Tertuliano elabora a continuación una típología de los sueños queclasifica según su fuente: los demonios, Dios, el alma y el cuerpo. Los sueños que se producen según él al finalizar el sueño estánvinculados con la posición del durmiente, así como con su alimentación. Una vida sobria favorece incluso los sueños de éxtasis.Cuando el cristianismo se impone como la ideología dominante a partir del siglo IV, la cuestión del sueño, uno de los fenómenosmás enigmáticos de la humanidad, no puede ya evitarla la religión en el poder. La herencia de la cultura pagana inquieta y angustiaante todo. En efecto, ya no hay demonios buenos y malos, como en la época grecorromana. Sólo ángeles y demonios, es decir, de unlado la milicia de Dios, del otro, la malicia del Diablo. Y es Satán en persona quien, con mayor frecuencia, envía estas «poluciones
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