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 “ 
La enseñanza como problema político. Diseño de políticaseducativas que hagan de la enseñanza su asunto central.” 
San Carlos de Bariloche, Pcia. De Rio Negro, mayo 2009
 La enseñanza como especificidad de la institución escolar 
En primer lugar, como corresponde, quiero agradecer la invitación para estar aquí. Ypor otra parte, marcar un pequeño matiz que introduje en el título de este diálogo conustedes. Si bien la coordinación de FOPIIE me pidió que preparara esta intervenciónalrededor de
generar o de proponer políticas públicas que restituyeran el lugar centralde la enseñanza
, me permití ser menos ambiciosa y adecuar ese pedido a misposibilidades: hablar de la enseñanza como especificidad de la institución escolar. Estaespecificidad de la institución escolar, recuperando o mostrando como eje de su acción ala enseñanza, es sin duda un fundamento o una idea importante para el diseño depolíticas públicas.Muchas veces, trabajando en los sistemas públicos, uno siente que las políticaspreservan los sistemas educativos, que trabajan para permitir que los sistemaseducativos sigan desarrollando su acción, pero pierden un poco de vista el sentido y lameta de esa acción. Parecería que las políticas están mas orientadas, algunas veces,hacia la preservación de los sistemas que hacia la centralidad de la enseñanza comosentido, razón de ser, meta, causa, por la cual los sistemas educativos, voy a decir,“existimos”, para indicar que no me siento fuera del problema sino parte de él. Puedepensarse que la preservación de los sistemas origina más preocupación a las políticaspúblicas que la enseñanza, posiblemente porque la enseñanza parece estar encerradaentre las paredes del aula, como un problema didáctico, del que el maestro es únicoresponsable. Esta es una de las pequeñas introducciones.1
 
La otra introducción, la más amplia, se refiere específicamente a la escuela pública a laque asisten principalmente los niños de familias pobres. Si uno piensa en la vida de loschicos, o por lo menos si la pensaba hasta hace no demasiado años, hasta bastanteentrado el siglo XX, advertía que los chicos recorrían en su infancia un trayecto entre lafamilia y la escuela. La familia recibe a los chicos- estoy citando a Guillermo Micó, unpsicólogo con quien trabajo en el proyecto de Aceleración de la Ciudad de BuenosAires- , y les ofrece
amor, cuidado y alimentación
desde recién nacidos. El
amor y elcuidado
son esenciales para la supervivencia del niño, para el crecimiento, así como loes
la alimentación
.En su crecimiento los niños acceden a la primera institución que los recibe – hoy en día,en realidad, muchos niños entran en instituciones largo tiempo antes de ingresar en laprimaria- que es la escuela. La escuela no se confunde con la familia porque, aunquecomparte responsabilidades con ella -
el amor y el cuidado,
por ejemplo-, tiene unaresponsabilidad específica que es
la enseñanza.
La familia entonces recibe, sostiene,contiene y posibilita el crecimiento con
el amor, el cuidado y la alimentación
. Y laescuela, como primer ámbito institucional, con
el amor, el cuidado y la enseñanza
.Las circunstancias sociales por las que atravesamos, sin embargo, produjeron algunoscorrimientos en la adjudicación y el reconocimiento de estas responsabilidades, algunascompartidas y algunas específicas. Las grandes crisis de desocupación hicieron quecreciera la responsabilidad del Estado en la provisión de alimentos y que la escuela, porser la institución que concentra a los niños, desarrollara a lo largo de largos años unaintervención sistemática en la provisión de alimentación, en ser mediadora entre elEstado y los niños para generar espacio y tiempo -
lugares y horas
- para proveerlos dealimento.Este primer corrimiento produjo cambios notables en las escuelas que nosotrosconocemos. Tal vez en algún momento deslice de manera excesiva un panoramamarcado por mi experiencia en las zonas del conurbano bonaerense. Algunos deustedes, de la Ciudad de Buenos Aires, se desempeñan en escuelas de la regiónmetropolitana con características similares a las del conurbano. Pero posiblemente loscompañeros del interior tengan menos escuelas donde este corrimiento haya afectadotanto la especificidad de la escuela como institución proveedora u
ofrecedora
–que esuna palabra mas cálida- de enseñanza.2
 
El tiempo de la alimentación en escuelas muy pobladas -característica que no siempremantienen hasta hoy- hizo que grandes sectores del establecimiento se destinaran aespacios para comer y que largos minutos, más de una hora de la jornada de cuatro, sedestinaran al desayuno o la merienda y al almuerzo. Este corrimiento afectó a laenseñanza porque le quito
lugar y tiempo
. Pero además contribuyó a generar una ciertadesorientación respecto a los propósitos y responsabilidades de la escuela. Frente a lanecesidad inminente, real -
los chicos tenían que comer 
- la institución reaccionó comodebía, se entregó de lleno a una función que aseguraba la sobrevivencia. Quierosubrayar un reconocimiento crítico a esta reacción de la escuela porque fueindispensable pero contribuyó a correrla de su función esencial. Es responsabilidadindelegable del Estado acudir a proveer de alimentación a aquellas grandes franjas de lapoblación que no tienen la posibilidad de ofrecerla directamente a sus hijos. Si laescuela es el lugar donde los chicos se concentran, será el lugar donde haya que hacerlesllegar la alimentación. Pero debemos reconocer que, de ese modo, se contribuyó a quela institución escolar tomara para sí la función de proveer alimentación pero no siemprelogró preservar para ella el lugar específico de la enseñanza. La desorientación de laescuela no le impidió constituirse como casi el único referente institucional de grannúmero de familias pobres. La escuela sobrevivió al derrumbe de todas las demásinstituciones -los bancos, los poderes públicos, la familia misma, tal como se la habíaconocido hasta que perdió su posibilidad de proveer a sus hijos de alimentación y, enmuchos casos, de cuidado. Pero no sobrevivió indemne, quedó afectada. La funciónalimentaria impregnó fuertemente el tiempo y el lugar de la vida escolar. Cuando seguarda el recuerdo -y lo recuperé en algunos distritos del interior de la provincia deBuenos Aires- de abrir la puerta de una escuela y sentir el olor a punta de lápiz y a gomade borrar, produce una gran conmoción llegar y percibir, en primer lugar, el olor acomida. ¿Se acuerdan de aquel olor? ¿De ese olor ideal que uno tiene en la memoria? Elcambio quedó impregnado.Hoy, hay que enfrentar la tarea de recuperar los espacios y los tiempos y de reorientar lavida escolar hacia la enseñanza, sin expulsar el espacio de la comida porque lanecesidad de proveer alimentación sigue existiendo.Tenemos aquí la primera consecuencia evidente de la crisis sobre la enseñanza. Algunasescuelas se han transformado casi específicamente en instituciones asistenciales. La3
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