rimero tienes que saber que no todos estamos tristes, nicompramos ropa en el siglo diecinueve. Que no todostomamos los domingos con amigos inconformes y mujeres
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feas, que no todos vamos por el mundo con un libro bajo el brazo y n día Julito Gonzales se levantóconvertido en Kafka. Fue a su
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cocina para lavarse y en el espejose dio cuenta de sus pómulos salientes,igual a la mirada de su esmirriado amigohuancaveliqueño, pero enamorado, y lapiel tan blanca como una fotografía de unalbino, sacada con un flash de 6000 watts.–No puede ser –se dijo–. Anoche solocomí frijolesFue a su balcón a comer una tortilla quesu mamá le había dejado colgada en eltendedero. Cuando terminó su café dijo:–Estas cosas que le pasan a uno. Despuésdicen que soy medio alocado, aunquesinceramente no creo que Alfonso oFernando, mis máximos detractores,despierten un día convertidos en unacosa que no son o que pierdan su celularen una casa de cortesanas.Pensó que lo mejor era ir hacia el centro de Lima, donde tenía quepresentarse a las 9 en punto para ver si lo contrataban de redactorde una nueva revista de variedades.Fue y lo contrataron, pero por menos de lo que esperaba. El dueñode la revista se le quedó mirando un rato, eructó mientras firmabaunos papeles.–Estás contratado hijo, son 400 machacantes al mes, más bono dereconocimiento si es que suben las ventas. No está permitidocomer en la oficina.Julio se quedó triste porque no sabía cuál era el tipo de cambioentre machacantes y soles. Además a él le gustaba el café mientrasescribía. Extrañaría una taza caliente, pero ni modo, si no sepermitía comer ahí, pues trabajo era trabajo.Empezaba al día siguiente, así que se tomó el día libre y se fue a laPlaza de Armas.Una niñita lo seguía, quería llevarlo aalgún sitio. Julio no le hacía caso, pero laniñita no cejaba en su empeño. Además lehablaba en inglés.–Mister, usted y yo podemos ir alhostalito, pretty nice, very bonito, yosaltar, i jump ¿ves? mister 10 centavitos.Julio volteó, miró fijamente, los ojos ledolían por el sol, no, no era tan niñita, eramás bien una enana y le faltaba una mano.Era manca. Llevaba unas ojotas de esasque se hacen con llanta. Eso sí, tenía esosojos verdes serranos tan bonitos que seencuentran en la cordillera pelada delPerú.–No puedo ir, tengo que hacer muchascosas, además tú no debes hacer este tipode trabajos, te denigras.–Y qué voy a hacer mister, si no hay plata,no hay dinero y todo el mundo desprecia, el blanco, el cholo, elindio, hasta el pordiosero desprecia cuando le regalan un pollograsiento para él solito.Julito no sabía por qué insistía en llamarlo mister, ¿acaso Kafka notenía algo de Vallejo también?–Hay mucho que hacer para ir pensando en esas cosas.Los ojos verdes ya no lo miraron, bajaron hacia el cemento, hacialas pisadas de las gentes que taconeaban el Jirón de la Unión, comomáquinas rimbombantes y zumbadoras, como cadena de montajeacelerada. El sol sobre ellos, el calor y algunas sombras negras volando entre los edificios a medio derretir.Julito Gonzales, con cara de Kafka, miró una zapatería, pensó quehabía muchísimo que hacer. Y luego, contemplando la ciudad, sequedó dormido y acurrucado junto a la enanita.Más tarde un perro flaco vino a hacerles compañía. A su alrededor la ciudad seguía creciendo mientras caminaba.
Very Nice señor Kafka
Texto de A. Mustango
Instrucciones para que me creas cuando te juro que soy un escritor
Rafael Robles Olivos (Lima, 1982).
Limeño de fina estampa. Periodista. Escritor. Ha publicado los poemarios “Buena suerte PeterParker!” (2005) y “Aquí murió el payaso” (2008). Ganó, empató y perdió casi una decena de concursosliterarios y periodísticos. Hoy pasa sus días trabajando como redactor del diario La República y machacandoteclitas como quien le da forma a una novela corta que de ninguna manera decepcionará a sus hijos.
Jelmut
"No desesperes, ni siquiera por el hecho de que no desesperas.Cuando todo parece terminado, surgen nuevas fuerzas. Estosignifica que vives".
F.K.Soundtrack:
Más guapa que cualquiera
Joaquín Sabina y Fito Paez
la mochila vacía. Es difícil, yo sé. Pero tienes que entender que notodos parecemos escritores, hasta que escribimos. Como no todoslos caníbales parecen caníbales, hasta que descubres lo queesconden en la congeladora.
De “Aquí murió el payaso”
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