No podemos callarnos ante la injusticia, ocurra donde ocurraMONS. FRANCISCO GONZALEZ, SFObispo Auxiliar de Washington
Dn. 7, 13-14Sal 92,1-2.5Ap. 1, 5-8Jn. 18, 33-37Celebramos este domingo la fiesta de “Jesucristo, Rey del universo”. Con estacelebración damos por terminado el año litúrgico. El próximo domingo daremoscomienzo al Adviento como preparación para la Fiesta de Navidad.Jesús, Rey del universo. Si aceptamos que Cristo es Rey, será porque tiene un reino,a no ser, que esté en el exilio y su Reino ya no lo acepta como jefe. Hermano/a creoque debemos hacernos unas preguntas, aunque sólo sea por curiosidad: ¿Es Jesús unRey en el exilio? y si está exilado, ¿por qué lo echaron?En la primera lectura leemos sobre la visión que el profeta Daniel ha tenido: “…a éste,como un hijo de hombre, se acerca al Anciano, y recibe poder, honor y reino. Su poder nunca pasará y su reino jamás será destruido”.Jesús en el evangelio, al final del diálogo que tiene con Pilato dice: “Tú lo has dicho: Yosoy rey”, pero Rey muy diferente de lo que Pilato creía. En vista a lo que podemosofrecer en este corto espacio, me gustaría recordarte hermano/a ese rey, cuyo trono esuna cruz, sus púrpuras son la sangre que lo cubre y los morados que tiene en todo sucuerpo. Su diadema real, que como rey tiene derecho a llevar, es en su caso muydistinta de la que otros reyes se colocan.Verdaderamente ese “reino que jamás será destruido” y “ese poder que nunca pasará”cuando miramos a nuestra sociedad, con una superabundancia de cristianos, da laimpresión que el “poder del Rey del Universo no es tan aparente como se pensaba y elreino no está tan fuerte como se decía”.¿Por qué me atrevo a decir semejante cosa? Porque mientras los seguidores de Cristosigamos oprimiendo a otros, mientras sigamos defendiendo sistemas que no trabajanpor la paz y la dignidad del ser humano, mientras los discípulos del Maestro no secomprometan con la fraternidad entre los pueblos, mientras permitamos la existenciade “judas modernos” que siguen vendiendo al hermano, parece como si quisiéramosmantener a nuestro Rey en el exilio.Sin embargo, no hay por qué tener miedo. El Reino está muy bien asegurado, peronosotros deberíamos hacerlo más visible aceptando ser verdaderos ciudadanos delmismo, evitando todo lo que sea pecado, para que todo ese torrente de gracia que nosconsiguió Jesús en la cruz, haga de nosotros “un Reino y Sacerdotes de Dios suPadre” y así todos al unísono, proclamemos: “A él la Gloria y el Poder por los siglos de
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