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 Apéndice
La magia de los números
Se da por sentado que el mundo de las cifras y las matemáticas está exclusivamentehabitado por la razón; que los sentimientos, las ideas religiosas y las emociones no tienencabida en él. Pero ¿es así en realidad?Si damos un salto atrás en el tiempo y nos remontamos a la época en que el hombreempezó a ocuparse de los números, llegamos hasta la edad de piedra. Los cazadoresprehistóricos han dejado en sus cavernas testimonios rudimentarios de cálculos de calendarioque relacionaban las estaciones del año con la aparición de los rebaños de animales que lesprocuraban el sustento.El cálculo del calendario implicaba la observación del firmamento estrellado. Y naturalmente, el hombre primitivo no tenía la más mínima idea de la mecánica celeste. Sólosabía que el calor del Sol, el rayo y la lluvia procedían del cielo. La bóveda celeste era almismo tiempo fuente de bendiciones y de maldiciones. La consecuencia lógica fue que laobservación del firmamento y los cálculos del calendario se convirtieron en objeto de culto.Sondear la voluntad de los dioses significaba no hallarse tan impotente ante las fuerzas deldestino. Y el hombre primitivo creía que a los dioses celestiales se les podía influir conofrendas y conjuros. La relación entre el cálculo y la religión aún se hizo más patente cuandolos cazadores se asentaron y se convirtieron en agricultores y ganaderos. El cultivo de loscampos y la cría del ganado debían estar sujetos a un orden, un mandato divino que eraposible prever y calcular dentro de unos márgenes. Sequías, inundaciones y catástrofesnaturales no eran más que expresión de esa misma voluntad, contrariada, de los dioses.Las culturas sumerias, egipcias y babilonias nos han aportado curiosos testimonios dereligiones naturales emparentadas con el arte del cálculo. Maestros matemáticos y sacerdotestrabajaban codo con codeen la administración del imperio, la elaboración de cálculos delcalendario, la astronomía y las predicciones astrológicas. Lógico fue entonces que, a raíz deaquellos estudios y mediciones, las propias cifras adquirieran un significación sagrada.El numero 60, por ejemplo, fue utilizado como base del más importante sistemababilonio de numeración. El amor por dicho numero tenía entre los astrónomos un trasfondomitológico y practico a la vez: para la elaboración de planisferios había que dividir elfirmamento en secciones iguales. El numero 10 planteaba un inconveniente fundamental:solo tenía como dividendos el 2 y el 5. Por el contrario, la cifra 60 poseía mucho más: el 2, 3,
 
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4, 5, 6, 10, 12, 15, 20 y 30. con este numero, la bóveda celeste era mucho más fácil dedescomponer en sectores del mismo tamaño y, lo que era más importante, de hacercompatible con la marcha de los astros: el calendario babilónico también procedía del número60, tenía 360 días.Pero hubo en la antigüedad otra cifra divina por excelencia: el 7. ¿Por qué, si eraindivisible y difícilmente adaptable a los cálculos numéricos? Los astrónomos se dieron cuentade que había dos tipos de astros: unos, impertérritos, encadenados al firmamento; otros,errantes que describen sus órbitas en el cielo. Junto al Sol y la Luna, vagando por el espacio,sólo se conocían los planetas observables a simple vista: Mercurio, Venus, Marte, Júpiter ySaturno. Estos siete cuerpos celestes representaban el orden cósmico divino. No es fruto decasualidad que los planetas de nuestro sistema solar lleven nombres de divinidades.No hay, pues, que juzgar la cifra divina como una superstición absurda. Ya en elprimer libro del Génesis se decía: «Y Dios bendijo al séptimo día y lo santifico, ya que en él
descansó de todas sus creaciones…» Naturalmente en las Sagrada Escritura también
aparecen las cifras 10 y 12. De ahí que existan diez mandamientos, diez plagas en Egipto,doce en Israel, doce apóstoles
… Quien trate de descifrar el Antiguo y Nuevo Testamento a la
luz de los símbolos numéricos hará curiosos descubrimientos. La cifra 7 aparece en estostextos docenas de veces: los siete pecados capitales, las siete maravillas del mundo, los siete
sacramentos, los siete mares, el sermón de las siete palabras… El número 7 aparece a lo
largo de la Biblia como una fórmula mágica. Los psicólogos han descubierto que nuestramemoria tiene una extraña fijación con el número 7.Pero regresemos al mundo de las matemáticas. La ciencia semioculta de lossacerdotes babilonios y egipcios se convirtió en Grecia en un saber científico libre y diáfano.Uno de los pioneros de este nuevo desarrollo de las matemáticas
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que tuvo sus orígenes allápor el siglo VI antes de Cristo- fue Tales de Mileto, quien, a su vez, pasó a los anales de lahistoria griega como uno de «los siete sabios». Sus conocimientos, adquiridos durante susviajes al Oriente Próximo, sentaron la base de su filosofía natural. Pero lo que le diferenciabade sus colegas egipcios y babilonios era que él no trataba de anteponer una visión mística delmundo a los cálculos racionales. Así los griegos empezaron a experimentar con diversosmodelos mecánicos del universo. Aparecieron por primera vez conceptos como materia,fuerza o energía. Hoy sabemos que aquellas ideas aún eran muy vagas pero podemos intuirla repercusión que tuvieron en la mentalidad de los hombres de aquella época. Las antiguasdivinidades recibieron un nuevo puesto, más ajustado, en el orden del universo ¿Significabaeso el nacimiento del hombre racional y el fin de los dioses celestes? La respuesta parecemuy poco matemática: sí y no.
 
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Cuando los sabios medievales redescubrieron los textos de la antigüedad clásica, sedieron cuenta de que con ideas revolucionarias habían estado trabajando los matemáticosgriegos. Comparándose con ellos, los investigadores del Medioevo parecían de la época pre-babilónica: su matemática se había limitado a la mística de las cifras, al cómputo de lasfiestas eclesiásticas y a procesos aritméticos muy sencillos, en los que la división aparececomo un complicado arte matemático. ¿Cómo fue posible que tantos conocimientoscientíficos se eclipsaran durante siglos de la conciencia humana? La respuesta también estaen los griegos; concretamente en Pitágoras de Samos. También entre los griegos existía loinexplicable, la humana paradoja de que, junto al conocimiento matemático fundado en larazón, se encontraba fuertemente arraigada una matemática sobrenatural y mitológica. Sufundador Pitágoras. Tras muchos viajes a Oriente, fundó Trotona (al sur de Italia). Junto a laenseñanza de esa ciencia, el insigne griego también instruía a sus alumnos en la veneraciónde las cifras y en la reencarnación de las almas.Desde el punto de vista de la escuela pitagórica, el universo se componía de cifras.Las rectas eran femeninas y las curvas, masculinas. El numero 1 se consideraba creador detodo lo demás. ¿De donde procedía esa convicción en la fuerza de las cifras? En lo estudiosde las escalas musicales se descubrió que los tonos poseen una relación estrictamentenumérica entre sí. Así, cuando se recortaba la cuerda de un instrumento musical en laproporción 2:1, resultaba la octava. De este importante descubrimiento musical se dedujoque toda la armonía de la naturaleza se basa en una relación numérica. Incluso las órbitas delos planetas debían de obedecer esta «armonía celestial» ¿Qué podían hacer los matemáticossino adoptar la creencia de que esta armonía debía de ser valida también para la geometría?Ironías del destino, porque sería precisamente el teorema de Pitágoras lo que cuestionaríatoda la teoría pitagórica: descubrieron que la diagonal de un cuadrado con una longitudlateral de uno, daba como resultado el valor de la raíz de dos. Esto significa que había quehallar una cifra o una fracción que multiplicada por sí misma diera un valor de dos. Pero pormucho que se esforzaron, no consiguieron hallarla, así que llegaron a la conclusión de habíantopado con la cifra irracional. Una denominación que, para nosotros, no tiene nada deextraordinaria ya que, hoy, en nuestro sistema numérico se conocen numerosas cifrasirracionales.Los pitagóricos veían el asunto de forma muy diferente. Ante todo, guardaron ensecreto su descubrimiento, comprometiéndose a no revelarlo bajo ningún concepto. Inclusodictaron un castigo para quien violara esa norma sectaria. Así cuando el pitagórico Hiparcos
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que había osado revelar a los profanos sus conocimientos numéricos- pereció en unnaufragio, todos sus hermanos de orden lo consideraron un castigo divino. Sería en estemomento cuando se cerraría el círculo y volveríamos al razonamiento matemático medieval.La parte mitológica
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derivada de una armonía sobrenatural- fue asumida por el cristianismo,y la parte más estrictamente significativa y matemática se perdió poco a poco.
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