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26612611 Penny Jordan Serie Noches Arabes 03 Poseida Por El Jeque

26612611 Penny Jordan Serie Noches Arabes 03 Poseida Por El Jeque

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06/06/2014

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Poseída por el jeque
Tenía que casarse con el jeque...Katrina había sido rescatada en mitad del desierto por un hombre a caballo que la había llevado a su lujosa morada.A pesar de la atracción que había entre ellos, el jeque seguía pensando que Katrina no era más que una prostituta... Pero no podía dejarla con otros hombres, así que para protegerla tenía que casarse con ella.Entonces l descubrió que era virgen... ! eso lo cambiaba todo. Ahora Katrina tendría que ser su esposa de verdad.
Capítulo 1 KATRINA estaba en mitad del zoco cuando lo vio. Iba a comenzar el regateo por una tela de seda bordada, cuando algo le hizo girar la cabeza. l estaba al otro lado del estrecho calle!"n, vestido con un disha#dasha tradicional. $a luz del sol resaltaba su piel color miel % hacía destellar un cuchillo &ue llevaba a la cintura. l comerciante, d'ndose cuenta de &ue algo había atraído la atenci"n de su cliente, sigui" la direcci"n de su mirada. (s de la tribu de los tuareg A%ghar (le in)orm". Katrina no di!o nada. *abía, por la in)ormaci"n &ue había recopilado antes de via!ar a +ur'n, &ue los tuareg A%ghar eran una tribu de )eroces guerreros &ue, en siglos anteriores, eran contratados para escoltar las caravanas de los comerciantes a travs del desierto. $a tribu seguía pre)iriendo vivir de )orma n"mada. A di)erencia de otros hombres con t-nicas, l estaba per)ectamente a)eitado. *us o!os, &ue miraban hacia ella con una altiva )alta de inters, eran como 'mbar oscuro con motas doradas, % estaban custodiados por unas tupidas pestaas. A Katrina le recordaba la magni)icencia de un peligroso depredador, alguien a &uien no se podía domesticar ni encerrar en la !aula de la civilizaci"n moderna. A&ul era un hombre del desierto, un hombre &ue creaba % vivía seg-n su propio c"digo moral. $a arrogancia de sus rasgos % su postura la abrumaban % al mismo tiempo la urgían a &ue lo siguiera mirando. /0 tenía una boca tan sensual 2n estremecimiento indeseado recorri" su espina dorsal ante el giro de sus pensamientos. lla no había via!ado al reino de +ur'n para pensar en hombres con bocas sensuales. staba allí )ormando parte de un e&uipo de cientí)icos dedicados a proteger la )lora % la )auna de a&uella zona, se record" a sí misma con )irmeza. 3ero
 
aun así, no podía de!ar de mirarlo. Indi)erente ante ella, el hombre e4amin" con la mirada un lado % otro del calle!"n del concurrido bazar. ra como una )antasía 'rabe hecha realidad, pens" Katrina, aun&ue su !e)e, Richard 5al6er, se burlaría de ella si la oía hablar así. 3ero no &uería pensar en Richard. $e había de!ado mu% claro &ue no estaba interesada en l, % adem's era un hombre casado, pero a pesar de todo Richard la rondaba % se tomaba mu% a pecho &ue ella rechazara sus insinuaciones. sos pensamientos la hicieron ocultarse entre las sombras del puesto de telas. Inmediatamente, la mirada 'mbar la atrap", hacindola retroceder instintivamente a-n m's en la semioscuridad, sin pararse a preguntarse por &u necesitaba retirarse así. 3ero, aun&ue las sombras la ocultaban, sentía &ue l había )i!ado su mirada  !ustamente donde estaba ella. Katrina sinti" &ue el coraz"n le palpitaba alerta % &ue la piel le transpiraba inusualmente. 2n grupo de mu!eres con t-nicas % velo negros atraves" el calle!"n, interponindose entre ellos dos. Cuando se marcharon, l parecía haber perdido todo el inters por ella, por&ue estaba gir'ndose, tap'ndose el rostro con la tela teida de índigo &ue le cubría la cabeza % de!ando visibles -nicamente sus o!os, a la manera tradicional de los hombres tuareg. ntonces se dio la vuelta % entr" por una puerta &ue había a su espalda, agach'ndose para no golpearse la cabeza, dada su elevada estatura. Katrina advirti" &ue la mano &ue se apo%aba sobre el marco de la puerta era delgada % morena, de dedos largos % cuidados. Arrug" la )rente, e4traada. Conocía mucho de las tribus n"madas del desierto 'rabe, % le llamaban la atenci"n tantas anomalías7 primero, &ue un hombre tuareg se opusiera a siglos de tradici"n % mostrara su rostro, % segundo, &ue tuviera unas manos con una manicura propia de un millonario. *inti" &ue el est"mago se le hacía un nudo % &ue el coraz"n le golpeaba )uriosamente contra el pecho. /lla no era ninguna !ovencita )'cil de impresionar, ni dispuesta a creer &ue un hombre vestido con un dishadasha era un poderoso líder, ni tampoco estaba ocultando ninguna )antasía secreta de tener se4o con a&uel hombre sobre la arena lla era una cientí)ica de veinticuatro aos, se di!o. 3ero... Cuando l desapareci" por la puerta, Katrina de!" escapar un suspiro de alivio. ( 8$o &uiere9 s una seda mu% )ina... % a un precio mu% bueno. Katrina dirigi" su atenci"n de nuevo a la seda. ra de buena calidad % de un tono azul p'lido &ue acompaaba a la per)ecci"n a su pelo rubio cobrizo. Como había salido ella sola a dar un paseo, había tomado la precauci"n de recogerse el pelo dentro del sombrero &ue llevaba. 3ero, vestida con a&uella magní)ica tela, &ue sugeriría seductoramente su cuerpo a travs de sus vaporosas capas, podría de!ar &ue el pelo le ca%era sobre los hombros como una cascada sedosa, mientras un hombre con o!os de )elino la contemplaba...
 
Katrina de!" caer la tela al suelo como si le &uemara. :ientras el comerciante la recogía, unos hombres uni)ormados aparecieron en el calle!"n, empu!ando a la gente mientras avanzaban, abriendo puertas % e4aminando los tenderetes. staba claro &ue buscaban a alguien % &ue no les importaba el dao &ue causaran al hacerlo. 3or alguna raz"n, Katrina desvi" la mirada hacia la puerta por la &ue había desaparecido el tuareg. $os hombres uni)ormados se estaban apro4imando a ella. A su espalda, la puerta se abri" % apareci" un hombre. ra alto, de pelo negro % vestía ropas occidentales, unos pantalones chinos % una camisa de lino, pero Katrina lo reconoci" inmediatamente % abri" los o!os perple!a. l tuareg se había convertido en un occidental. Comenz" a caminar por el calle!"n. Acababa de pasar por delante del puesto donde estaba Katrina, cuando uno de los hombres uni)ormados lo vio % comenz" a llamarlo a gritos, en ingls % en zurans. ( /2sted, detngase Katrina vio c"mo la mirada de 'mbar del tuareg se endurecía, buscando, e4aminando.., % detenindose sobre ella, mientras se iluminaba. ( /Cario, est's a&uí Te advertí &ue no debías pasear t- sola. $os dedos largos % elegantes en los &ue se había )i!ado hacía un momento la agarraron de la mueca % se deslizaron hasta entrelazarse con los su%os, )ingiendo una intimidad de novios, pero su!et'ndola )uertemente para &ue ella no se soltara. 2na sonrisa per)ectamente calculada rompi" por un momento la e4presi"n arrogante del tuareg. *e acerc" m's a ella. (0o no so% su ;cario< (le espet" Katrina en voz ba!a. (Comience a caminar... (le orden" l tambin en voz ba!a, mientras su mirada dura e intimidante la atrapaba ba!o su hechizo. $a hostilidad empaaba la habitual dulzura de los o!os azules de Katrina, pero era una hostilidad salpicada de algo mucho m's primitivo % peligroso, admiti" sombría, mientras empezaba a caminar. l se acerc" a ella %, col'ndose entre el embriagador aroma de las especias % los per)umes del bazar, Katrina advirti" la )ragancia de su colonia % algo mucho m's perturbador7 el aroma suavemente almizclado del cuerpo de l. l calle!"n se había llenado de hombres armados &ue abrían las puertas a empu!ones % volcaban los tenderetes, buscando impacientes algo o a alguien. $a atm"s)era de rela!ada )elicidad &ue reinaba antes había desaparecido por completo, % en su lugar el calle!"n se había convertido en una algarabía de voces % de miedo casi palpable. 2n enorme vehículo todoterreno con las lunas tintadas entr" a toda velocidad en el calle!"n, dispersando a la gente, % se detuvo en seco. l hombre uni)ormado &ue sali" de l iba mu% bien protegido, % Katrina ahog" un grito al reconocer al :inistro del Interior de +ur'n, el primo del soberano del país. ntonces mir" a su captor con aprensi"n, sintindose entre dos emociones

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