580
B a r r o s , J . A . C .
Introduciendo el problema
A partir del momento en que fue posible iniciar elprogresivo avance tecnológico que produjo suquimiosíntesis industrial, especialmente intensi-ficado a partir de la segunda guerra mundial y,desde sus orígenes, subordinado a la lógica delmercado, los medicamentos han sido utilizadosde una forma tal que, en gran medida, pasaron acorresponder menos a los propósitos sanitariosque a los de generar una creencia desmesurada yacrítica de sus poderes, una práctica que terminópor reforzar una verdadera “cultura de la píldo-ra” dominante en la sociedad moderna. Los re-sultados objetivos de la inversión en propagan-da son evidenciados por el aumento de las ventasobservadas, justamente, para los 50 medicamen-tos más anunciados, responsables por 47.8% delincremento de las ventas al por mayor
1
. Otroestudio da cuenta de que la propaganda dirigidaa los consumidores de medicamentos que requie-ren prescripción tuvo un incremento de 212%entre 1996 (cuando representaban 9% del totalgasto en actividades promocionales) y 2000 (enque pasa a representar casi 16%). Grandes em-presas elevaron sus gastos con propagandas paralos consumidores, en los Estados Unidos, a ejem-plo de Merck o de Pfizer que gastaron más que eldoble en 2000, en comparación a 1999. Las em-presas farmacéuticas patrocinaron 314 mil even-tos “educativos” en 2000 (en 1999 habían sido280 mil y, en 1993, 70 mil)
1
.El dispendio con la promoción de medica-mentos bajo prescripción, dirigida a los profe-sionales de la salud, persiste absorbiendo másdel 80% de los gastos totales, lo que lleva a laconclusión de que las estrategias de marketingorientadas hacia los consumidores, a pesar de suaumento, continúan teniendo un carácter com-plementario, además de que se concentran enunos pocos productos, en general, recientes o que,todavía, no sufren la competencia de los genéri-cos
2
. Para estos autores, los perjuicios potencia-les de las mencionadas prácticas serían una pres-cripción inadecuada, inducida por las demandasequivocadas de los pacientes y el desperdicio deltiempo de los médicos al tener que explicar lasrazones por las que aquel producto determina-do no seria el más apropiado.
El modelo biomédico,la propaganda y la “medicalización”
La propaganda, bajo las más diversas formas -entre las que se incluyen Internet y otros mediossofisticados de divulgación electrónica- contri-buye a reforzar la valoración, más allá de lo acep-table, de lo que se puede conseguir con el consu-mo de los productos. En el área de salud, comoconsecuencia del refuerzo de lo que se puede lla-mar “valor simbólico” del acto de consumir in-sumos diagnóstico-terapéuticos, se incrementael proceso de “medicalización” en la forma de very actuar sobre el proceso salud-enfermedad, elcual es extremadamente cartesiano y mecanicista(privilegiando el modelo biomédico). En estemodelo, el énfasis otorgado al tratamiento de laspartes (órganos), asociado a los intereses mer-cantiles en juego, ha contribuido a intensificaruna creciente y amplia crítica a la verdadera des-humanización de la medicina, asi como al incre-mento de la búsqueda de alternativas terapéuti-cas más coherentes con una visión holística delproceso salud/ enfermedad
3,4
.Las características presentadas en las últimasdécadas por la evolución científica y tecnológicaimponen la necesidad de volcar la atención haciala verdadera “patologización” - tal como ya re-calcaba Taylor, en libro con fecha de 1979
5
, queno deja de ser actual - de condiciones fisiológicaso hasta cierto punto “naturales”, o aún situacio-nes que pueden tener factores determinantes pococlaros, de orden psicológico (el caso de los anti-depresivos, mas adelante comentado, es emble-mático) o natural, como por ejemplo la calvicie,impotencia, proceso de envejecimiento y que, alseren transformados en “dolencia”, demandan laintromisión del sector salud y su tecnologia.El concepto de “medicalización” tiene a IvanIlich
6
como uno de sus pioneros. El utilizó el tér-mino para describir
la invasión de la medicina ysu aparato tecnológico a un número creciente de personas y condiciones.
Esto es, para áreas de lavida individual o etapas de la misma - niños re-cién nacidos, mujeres embarazadas o que estánen la menopausia, personas mayores – que se vanconvirtiendo en el “blanco” de cuidados y estrate-gias intervencionistas específicas, indepen-dientemente de la existencia concreta de señales osíntomas de carácter mórbido o patológico. Valemencionar otras condiciones, más allá de las quefueron señaladas antes, que van siendo “medica-lizadas”, pasando a ser objeto de la “atención mé-dica” y su aparato tecnológico, como: depresión,alcoholismo y otras drogadependencias, esterili-dad, homosexualismo y otros comportamentosno aceptables socialmente, o, aun, la obesidad -mas allá de los estudios epidemiológicos que evi-dencian ser esta condición un “factor de riesgo”
Leave a Comment