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Nuevas tendencias de la medicalización
New tendencies in medicalization
José Augusto Cabral Barros
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Departamento de SaúdeColetiva, Faculdade deMedicina, UFJF. CampusUniversitário, 36036-900Juiz de Fora MG. josebarros@uol.com.br
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ARI   G O ARI   C 
Abstract
 Beginning with a critical analysis of therole drugs play in the behavior of consumers and health professionals, this text aims at evaluatingthe influence of both traditional and new promo-tional strategies of the pharmaceutical industrydesigned to create values and believes that exceed what in fact can be expected from drug consump-tion. Some examples were chosen to illustrate theintensification of the medicalization process. Spe-cial emphasis was given to the irrational use of amphetamines to diminish the appetite and tocontrol weight or to treat children supposedly suf- fering from Attention-Deficit Hyperactivity Dis-order (ADHD) as well as to drugs used in cases of depression and supposed andropause.
Key words
 
 Medicalization, Drug promotion, Ir-rational use of drugs
Resumen
Comenzando con un análisis críticodel rol de los medicamentos en la práctica de pro- fesionales de salud y consumidores, el texto in-tenta recalcar la influencia ejercida por las es-trategias promocionales, tanto las mas antiguascomo las mas recientes, por iniciativa de los pro-ductores, con el fin de reforzar valores y creen-cias que sobrepasan lo que se puede obtener conla utilización de un fármaco. Son seleccionadosalgunos ejemplos para ilustrar el problema de laintensificación del proceso de “medicalización”, particularmente a partir de los equívocos adve-nidos del uso irracional de anfetaminas volcadashacia el control del apetito, o hacia los niñosclasificados como “hiper-activos” y “con deficit de atención”, además de los fármacos para an-dropausia o depresión.
Palabras clave
 Medicalización, Publicidad  farmaceutica, Uso irracional de medicamentos
 
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   B  a  r  r  o  s ,   J .   A .   C .
Introduciendo el problema
A partir del momento en que fue posible iniciar elprogresivo avance tecnológico que produjo suquimiosíntesis industrial, especialmente intensi-ficado a partir de la segunda guerra mundial y,desde sus orígenes, subordinado a la lógica delmercado, los medicamentos han sido utilizadosde una forma tal que, en gran medida, pasaron acorresponder menos a los propósitos sanitariosque a los de generar una creencia desmesurada yacrítica de sus poderes, una práctica que terminópor reforzar una verdadera “cultura de la píldo-ra” dominante en la sociedad moderna. Los re-sultados objetivos de la inversión en propagan-da son evidenciados por el aumento de las ventasobservadas, justamente, para los 50 medicamen-tos más anunciados, responsables por 47.8% delincremento de las ventas al por mayor
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. Otroestudio da cuenta de que la propaganda dirigidaa los consumidores de medicamentos que requie-ren prescripción tuvo un incremento de 212%entre 1996 (cuando representaban 9% del totalgasto en actividades promocionales) y 2000 (enque pasa a representar casi 16%). Grandes em-presas elevaron sus gastos con propagandas paralos consumidores, en los Estados Unidos, a ejem-plo de Merck o de Pfizer que gastaron más que eldoble en 2000, en comparación a 1999. Las em-presas farmacéuticas patrocinaron 314 mil even-tos “educativos” en 2000 (en 1999 habían sido280 mil y, en 1993, 70 mil)
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.El dispendio con la promoción de medica-mentos bajo prescripción, dirigida a los profe-sionales de la salud, persiste absorbiendo másdel 80% de los gastos totales, lo que lleva a laconclusión de que las estrategias de marketingorientadas hacia los consumidores, a pesar de suaumento, continúan teniendo un carácter com-plementario, además de que se concentran enunos pocos productos, en general, recientes o que,todavía, no sufren la competencia de los genéri-cos
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. Para estos autores, los perjuicios potencia-les de las mencionadas prácticas serían una pres-cripción inadecuada, inducida por las demandasequivocadas de los pacientes y el desperdicio deltiempo de los médicos al tener que explicar lasrazones por las que aquel producto determina-do no seria el más apropiado.
El modelo biomédico,la propaganda y la “medicalización”
La propaganda, bajo las más diversas formas -entre las que se incluyen Internet y otros mediossofisticados de divulgación electrónica- contri-buye a reforzar la valoración, más allá de lo acep-table, de lo que se puede conseguir con el consu-mo de los productos. En el área de salud, comoconsecuencia del refuerzo de lo que se puede lla-mar “valor simbólico” del acto de consumir in-sumos diagnóstico-terapéuticos, se incrementael proceso de “medicalización” en la forma de very actuar sobre el proceso salud-enfermedad, elcual es extremadamente cartesiano y mecanicista(privilegiando el modelo biomédico). En estemodelo, el énfasis otorgado al tratamiento de laspartes (órganos), asociado a los intereses mer-cantiles en juego, ha contribuido a intensificaruna creciente y amplia crítica a la verdadera des-humanización de la medicina, asi como al incre-mento de la búsqueda de alternativas terapéuti-cas más coherentes con una visión holística delproceso salud/ enfermedad
3,4
.Las características presentadas en las últimasdécadas por la evolución científica y tecnológicaimponen la necesidad de volcar la atención haciala verdadera “patologización” - tal como ya re-calcaba Taylor, en libro con fecha de 1979
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, queno deja de ser actual - de condiciones fisiológicaso hasta cierto punto “naturales”, o aún situacio-nes que pueden tener factores determinantes pococlaros, de orden psicológico (el caso de los anti-depresivos, mas adelante comentado, es emble-mático) o natural, como por ejemplo la calvicie,impotencia, proceso de envejecimiento y que, alseren transformados en “dolencia, demandan laintromisión del sector salud y su tecnologia.El concepto de “medicalización” tiene a IvanIlich
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como uno de sus pioneros. El utilizó el tér-mino para describir
la invasión de la medicina ysu aparato tecnológico a un número creciente de personas y condiciones.
Esto es, para áreas de lavida individual o etapas de la misma - niños re-cién nacidos, mujeres embarazadas o que estánen la menopausia, personas mayores – que se vanconvirtiendo en el “blanco” de cuidados y estrate-gias intervencionistas específicas, indepen-dientemente de la existencia concreta de señales osíntomas de carácter mórbido o patológico. Valemencionar otras condiciones, más allá de las quefueron señaladas antes, que van siendo “medica-lizadas”, pasando a ser objeto de la “atención mé-dica” y su aparato tecnológico, como: depresión,alcoholismo y otras drogadependencias, esterili-dad, homosexualismo y otros comportamentosno aceptables socialmente, o, aun, la obesidad -mas allá de los estudios epidemiológicos que evi-dencian ser esta condición un “factor de riesgo”
 
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 C i   ê n c i   a  & S  a  ú  d  e  C  ol   e  t  i   v a  , 3  (   S  u p )   :  5  7  9 - 5  8  7  , 0  0  8 
para males de variada naturaleza- más contem-poraneamente, en nuestras sociedades paraafrontar esta condición domina la apelación aluso irracional de fármacos, sean los inhibidoresdel apetito, sean los esteroides anabolizantes, paraalcanzar masa muscular: en cualquier casoexpresando los valores en relación a lo “bello”, ennuestra sociedad asociado al disfrute de un cuer-po esbelto, bien aceptado socialmente.Martins
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observa muy acertadamente que
labiomedicina se alejó de sus raíces históricas y desus compromisos éticos para aparecer como unaempresa comercial, en la que los pacientes son ape-nas insumos y materias-primas del proceso de acu-mulación capitalista. Esta perversión se tornó po-sible por la separación radical de la relación inter- personal entre médico y paciente, separación obte-nida en gran parte con el apoyo de la tecnologíautilitarista. Por consiguiente, la sustitución de laética médica tradicional por una moral utilitaris-ta, económica especulativa en el interior de la me-dicina oficial, aparece necesariamente como unhecho importante para la crisis del sistema médicocomo un todo y para las mudanzas de paradigmaactuales
.
Hacia un cuerpo belloy socialmente bien venido
Son cada vez mas frecuentes las notícias que, cir-culando en los medios de comunicación social,contribuyen para ampliar el número de adeptosa pretendidas soluciones generadoras de bienes-tar y de niveles mas elevados de salud. Varias deesas notícias – muchas de ellas, propaganda ve-lada – contribuyen para el incentivo de valoresrelacionados al disfrute de un cuerpo saludable,estéticamente aceptable y bien visto por la socie-dad. Aqui entran, en forma creciente, varios com-ponentes del sector industrial, con destacado in-cremento de los relacionados a la moda, cosmé-tica y también la industria farmacéutica: todosmovidos por claros intereses mercadológicos conuna serie de equívocos y riesgos inherentes a lasalternativas que van creando y diseminando. Pormas que pueda ser visualizada como positiva ladivulgación de ideas sobre los riesgos asociadosa la obesidad, muchos de ellos epidemiologica-mente bien estudiados, inclusive en cuanto a lasestrategias mas adecuadas para el control o pre-vención de los mismos, causa preocupación ladivulgación de notícias que se repitieron al finalde 2006 comentando la muerte precoz de mode-los por anorexia nerviosa. La mass-mídia divul-gó, en el final de 2006, início de 2007, nada menosque seis casos de jóvenes modelos (entre 14 y 23años) que murieron de anorexia nervosa. La en-fermedad se manifiesta en cinco en cada milmujeres. De 1999 a 2003, son 141 los casos deóbito notificados. De cada cuatro casos, en unoo dos la recuperación puede ser completa o conpocas secuelas físicas o psicológicas. Entre lasdolencias psiquiátricas, la anorexia nervosa sesitúa entre las que presentan mortalidad a largoplazo mas elevada. Cerca de 5% de los pacientesacompañados por un período de diez años mue-ren del problema y vale recordar que es Brasilcampeón en el uso de fármacos anorexóigenos(entre 1999 y 2004, Brasil presentó un aumentode 254% en el consumo)
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. Asumimos como nues-tros los cuestionamientos de los autores del tex-to mencionado, cuando preguntan ¿No sería elcaso de confrontarmos la sociedad que estamosconstruyendo, que sufre de valores y oportuni-dades, y que produce mas dolencias y hasta muer-tes que se explicam técnicamente mas son total-mente injustificables?Tal como recalca Albert Figueras
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,
 
aunque
 probablemente cada época ha establecido sus es-tándares de belleza, también es cierto que, en losúltimos 100 mil años de evolución,el ser humano jamás há tenido al alcance de la mano una panpliatan amplia de medicamentos, procedimientos qui-rúrgicos o herramientas para tratar de modificar el aspecto del propio cuerpo, como ahora.
En sutexto bastante instigador –
Optimizar la vida:Claves para reconocer la felicidad 
– el autor enfa-tiza la idea de que vivimos el auge de la farmaco-logia y de avances en las técnicas quirúrgicas, aque se suman el espacio ocupado por la
mass-media
otorgando gran importancia a la imagen ylos modelos a ser copiados con una eficacia pu-blicitaria creciente, anudando psicología,
design
yestrategias de ventas de los “modelos”.En este contexto, nos encontramos con unincremento en el uso de anorexígenos. Estos –anfetaminas utilizadas para inhibir el apetito –tendrían, pasado de 6,97 dosis diarias por milhabitantes, que Brasil presentaba en 1993-1995,para 2,57 dosis diarias en 1997-1999. Desde en-tonces, sin embargo, el consumo creció alcan-zando el monto de 9,1 dosis diarias por mil habi-tantes en el bienio 2002-2004, en conformidadcon el Relatório divulgado por la oficina de laONU responsable de la fiscalización y controlmundial de drogas (INCB, en la sigla en ingles) yque demuestra que Brasil está en la compañia depaíses como Australia, Singapur y Corea, en loscuales el consumo de las anfetaminas va crecien-
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