PÉREZ TORNERO, José Manuel
.,(2000) “Las escuelas y la enseñanza en la sociedad de lainformación” , en Pérez Tornero, J.M (compilador).
Comunicación y educación en la sociedad de la información
, Barcelona, Paidós,C
APÍTULO
1
LAS ESCUELAS Y LA ENSEÑANZA EN LA SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
José Manuel Pérez Tornero
El final del siglo XX situó las escuelas, y la enseñanza en general, ante un nuevo escenariotecnológico: repleto de satélites de comunicación, de fibra óptica, de información digitalizada,de ordenadores personales cada vez más potentes, de realidad virtual, en resumen, en mediode una gran explosión de la comunicación audiovisual. Pero también delante de un nuevoescenario social: globalización financiera, desarrollo del comercio internacional, presión decorte neoliberal sobre el Estado del bienestar, la
deslocalización
de la producción y elimaginario consumista de una sociedad en que la tecnología se ha convertido en el fetichemáximo. En conjunto, un brusco y profundo cambio de circunstancias.Los centros de enseñanza han soportado la presión del cambio con crisis y contradicciones:reformas, malestar docente, insuficiencia de recursos, desmotivación de los estudiantes,desorientación, incertidumbre... Considerada desde una perspectiva global, la tecnología hainfluido en esta situación más por los efectos que ha generado en el contexto general que por su propia incidencia en el interior de los centros educativos. De hecho, en términos generales larenovación tecnológica en la educación es pobre y lenta en los países desarrollados yescasísima en los no desarrollados. Esto explica que la presión y la necesidad del cambio enlos centros educativos, se vivan, sobre todo, como un clima de opinión, con independencia deque estos centros se hayan actualizado desde el punto de vista técnico. La presión del discursode la
modernidad tecnológica
ha influido, directa o indirectamente, en muchas de lasreacciones que se registran en el ámbito educativo: desasosiego del profesorado,
seguidismo
tecnológico por parte de los políticos, desconcierto de los estudiantes, etc.De hecho, las escuelas tal vez no utilicen todavía cotidianamente ni la televisión, ni el vídeo, nilos ordenadores, ni Internet, ni otros muchos sistemas técnicos —su historia está plena deavances tecnológicos que con enormes dificultades se incorporan a su evolución, y, cuando lohacen, su influencia es apenas superficial—. Pero los niños y niñas, y los jóvenes que asisten aella —sobre todo en los países desarrollados—, tienen en sus hogares cada vez más cadenasde televisión, más vídeos, más videojuegos, más ordenadores, correo electrónico y acceso aInternet. Y lo mismo sucede en las empresas, comercios, instituciones y ciudades. Si la escuelatiende a ser refractaria a la incorporación de nuevas tecnologías y suele cerrarle sus puertas,éstas acaban entrando indirectamente por la ventana: quienes asisten a ella viven en unentorno cada vez más determinado por estas nuevas tecnologías.Sea más o menos lúcida la conciencia de los diferentes actores que participan en el sistema deenseñanza sobre este proceso, en el ambiente está la idea de que algo sustancial estácambiando. La enseñanza parece haber perdido parte de la autonomía y capacidad de acciónque tuvo en otros tiempos. Su valoración social ya no es la misma. Su tradición ya no ayuda areconocer el porvenir y a orientar la acción. Todo sucede como si estuviésemos entrando enuna nueva era de la que, todavía, no tuviésemos una buena carta de navegación.En este texto, pretendemos sencillamente trazar un primer mapa de los grandes problemas conque nos encontramos y, en particular, aquellos que tiene que ver con el cambio mediático ycomunicativo. Para ello, en una brevísima y arriesgada —por lo abrupta— síntesis,repasaremos la génesis de la institución escolar con el objeto de reconocer las tendencias al