¿C
ó
mo estar
á
n las mujeres afganas?
Tere Moll
à
Me gustar
í
a saber qu
é
est
á
pasando con las mujeres de Afganist
á
n. Hace mucho queno se habla de ellas.Y cuando digo que me gustar
í
a saber lo que les ocurre, me estoy refiriendo a susrealidades cotidianas. Por ejemplo a si han perdido el miedo a ir sin la terrible burkasobre sus cuerpos, o a si ya pueden salir con cierta “normalidad” por las calles de susciudades, o a si las ni
ñ
as pueden ir al colegio como sus compa
ñ
eros masculinos.No me refer
í
a a si pueden o no votar, o ser representantes p
ú
blicas o tener un statusde completa igualdad con respecto a los hombres.Hace tiempo que no sabemos casi nada de ellas, al menos no salen como reclamopublicitario para, en cierto modo, justificar una guerra.Si no recuerdo mal, aquella campa
ñ
a de las EE.UU. se llamaba “justicia infinita” y mesigo preguntando, como entonces, si esa justicia infinita habr
á
llegado para lasmujeres.Fue muy duro para algunas de nosotras, descubrir las situaciones en las que viv
í
anaquellas mujeres. He de reconocer que me impresion
ó
much
í
simo saber c
ó
mo erandespose
í
das incluso de su propia identidad siendo ocultadas detr
á
s del terrible burka.Pero con el tiempo muy poco se ha vuelto a saber de ellas.Y me pregunto hasta qu
é
punto fueron utilizadas, una vez m
á
s, para poder ense
ñ
ar almundo lo “malos” que eran los talibanes, que por otro lado, nadie lo duda.Esa utilizaci
ó
n de las terribles condiciones de vida (por llamarlo de alguna manera) deaquellas mujeres, hoy me parece indecente. Y digo esto, porque precisamentequienes exhibieron aquellas im
á
genes no pueden llamarse a s
í
mismo defensores delos derechos de las mujeres.Consiguieron, eso s
í
, poder invadir aquel pa
í
s con una cierta “comprensi
ó
n” del restode los pa
í
ses, puesto que iban a liberar a esas pobres mujeres de las zarpas de lostalibanes y despu
é
s democratizar el pa
í
s.Unos a
ñ
os despu
é
s nos encontramos
con que ni hay democracia ni creo que lasmujeres hayan superado sus terrores hacia las situaciones derivadas de aquel per
í
odoterror
í
fico en sus historias tanto personales como colectivas.¿Habr
á
n restituido a las mujeres que sobrevivieron a aquella etapa de terror, a suspuestos en hospitales, escuelas, negocios o cualquiera de los puestos de trabajo queocupaban antes de la llegada de los talibanes?, ¿les habr
á
n restituido la dignidad queles arrebataron como seres humanos?¿Se habr
á
n preocupado por la situaci
ó
n de las ni
ñ
as que seguro que se cuentan pormiles, que quedaron hu
é
rfanas?,¿de su educaci
ó
n, salud y condiciones de vida?Y cuando utilizo el “habr
á
n” me estoy refiriendo a los que llegaron como salvadores desus derechos y de su dignidad.Mucho me temo que las ni
ñ
as seguir
á
n siendo explotadas de todas
las manerasposibles, que se las seguir
á
negando el derecho a su propia infancia, que ser
á
nutilizadas en matrimonios concertados entres las familias, que se las obligar
á
amaternidades siendo extremadamente j
ó
venes para poder afrontarlas con la madureznecesaria, y as
í
un sinf
í
n de calamidades.¿Qu
é
habr
á
pasado con las miles de viudas que quedaron en la calle expuestas apalizas y tratos vejatorios peores que los que se le pueden propinar a los perroscallejeros?, ¿Alguien se habr
á
ocupado de ellas para que hayan podido sobrevivir?Y mientras, los hombres, eso s
í
tutelados por los invasores EE.UU. seguir
á
n