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La Caida del Muro de Berlin

La Caida del Muro de Berlin

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Especial Clarin sobre los 20 desde La Caida del Muro de Berlin
Especial Clarin sobre los 20 desde La Caida del Muro de Berlin

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Suplemento eSpecial
domingo 1° de noviembre de 2009
después el muro
    e    s    t    e    e    j    e    m    p    l    a    r    a    c    o    m    p    a    ñ    a    l    a    e    d    i    c    i    o    n    d    e    l    d    i    a    r    i    o    c    l    a    r    i    n    d    e    l    d    o    m    i    n    g    o    1    °    d    e    n    o    v    i    e    m    b    r    e    d    e    2    0    0    9 .    p    r    o    h    i    b    i    d    a    s    u    v    e    n    t    a    p    o    r    s    e    p    a    r    a    d    o .
cuno yó l ull qu ivií blín, h vint ño, l gu Fí toó u fin y un tlio olítio iujó l  uoo  itó n l to luno. aquí, l oi  lo otonit y lo nálii  lo xtorih snntt, donl soon, ei s y mih glnny, nt oto.
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DOMINGO
 
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De
 
NOvIeMbre
 
De
 
2009
Por
 rcdKchb
Editor Generalde Clarín
Staff  
Edición general:
Silvia Fesquet.
Producción y edición:
Matilde Sánchez, Hinde Pomeraniec y Telma Luzzani.
Colaboraron:
Marcelo Moreno, Ana Laura Pérez, Néstor Restivoy Carolina Brunstein.
Edición fotográfica:
Rodolfo Del Percio.
Dirección de Arte:
Gustavo LoValvo.
Diseño:
 Jorge Casella.
Infografía:
Hugo Vassiliev.
Despues Del muro
El final de un sistemaque abrió las puertasa un nuevo mundo
L
a caída del Muro fue el principio del fin dela Unión de Repúblicas Socialistas Soviéti-cas, que ya estaba en sus estertores. Su des-aparición ha tenido consecuencias políticas,económicas y geográficas: un nuevo mapase ha dibujado en Europa. Otro mundo existe desdeentonces. El equilibrio del terror dio paso al actual des-equilibrio que no es más justo ni menos cruel.El Muro dividió Berlín el 13 de agosto de 1961 ycayó el 9 de noviembre de 1989. Hace 20 años.Ese hiato en la historia del siglo XX es analizadoen perspectiva en el suplemento especial que hoy sedistribuye con esta edición dominical de
Clarín
. El es-fuerzo periodístico resume una de sus característicasbásicas: brindar una visión original a través de envia-dos a los lugares en los que se produjeron los hechospara reportear a los protagonistas de esas jornadashistóricas. Y narrar, también, sus impresiones.Berlín gestó y soportó con la fuerza de un huracánlo mejor y lo peor del siglo XX. La bestialidad naziquiso hacerla capital de un imperio. El delirio fuederrotado: las tropas soviéticas la tomaron a sangrey fuego, sepultando la sinrazón de Hitler. La batallafinal convirtió la ciudad en montañas de escombros.Muchas de las mujeres alemanas que vivían allí o sehabían refugiado, fueron violadas por los vencedores.La partición original de Berlín en cuatro zonas –ame-ricana, francesa, británica y soviética– fue el prólogode lo que vendría: el sector occidental de la ciudadquedó aislado, sostenido y alimentado por un puenteaéreo para evitar su caída en manos soviéticas.Fue conformándose así la fisonomía, conducta ycultura de una ciudad partida.Siempre ha sido una paradoja insalvable para elcomunismo el levantamiento de una barrera materialpara evitar que los habitantes de Berlín huyeran aOccidente. Las razones invocadas entonces por susarquitectos fueron claramente insuficientes para es-conder las falencias del socialismo real para encontrar respuestas y fórmulas adecuadas hacia la construc-ción de un sistema planificado. Las libertades queda-ron embargadas bajo un férreo control político.La ausencia de libertad en el sentido amplio, por oposición, tuvo tanta presencia e influencia que loslogros educativos, científicos o deportivos que seconsiguieron en la entonces República Democráti-ca Alemana, no sirvieron siquiera para amortiguar esa sensación de mutilación que se había instaladoentre los habitantes de Berlín Este. Ya estaban sofo-cados por un enorme y eficiente sistema policial yde espionaje a los ciudadanos. El alzamiento obrerode junio de 1953 –antecedente del levantamientohúngaro de 1956, de la Primavera de Praga o de losastilleros de Gdansk, al final– fue un síntoma de unestado de ánimo reactivo al sistema de la RDA, sos-tenido por Moscú. El Muro fue una muestra explícitade debilidad, no de fortaleza. Fue el epítome de suimpotencia.El archivo de Hohenschönhausen, la cárcel de lapolicía política de la RDA, está colmado de historiasde individuos comunes, detenidos y torturados psi-cológicamente allí con un refinamiento y crueldadque recuerda, otra vez, aquella frase de Voltaire: “Latierra es un vasto teatro donde la misma tragedia serepresenta bajo nombres diferentes”. Esa cárcel pro-voca estremecimiento y conmoción a quienes la visi-tan, como los temblores que despiertan los camposde detención y exterminio en cualquier lugar y por cualquier causa.Se dirá que la historia no puede simplificarse bru-talmente ni interpretarse sólo con la clave actual. Sinembargo, esa cicatriz queloide, una huella irregular de trazado de la pared cruzando la ciudad intensa,es la Memoria permanente de aquel tiempo en quese libraban las batallas de la Guerra Fría. El Muro deBerlín fue su frontera más caliente. Su caída fue elfinal de un sistema y lo decidió la gente. La unifica-ción de la ciudad ocurrió hace 20 años y detonó unaexplosión de alegría en los mismos sitios donde hubotantas lágrimas por demasiadas muertes inútiles.
 
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P
 Tlzzdespues del muro
afP/image forum
bye bye.
eL LiDersovietico mijaiLgorBacHov Besaa su Par aLemaNericH HoNecKereN eL 40 y uLtimoaNiversario De LarDa. Dias DesPuesreNuNciaria eLaLemaN y uN mesmas tarDe caeriaeL muro.
La noche única quetransformó la historia
el 9 d nb d 1989 ó l m d Blín, íbl d l lh n l pl  ll n ep. e nn, npd  n, bó p p ldn d l ln  dl  dl nd,  ló d l pá d  n l.
E
l 9 de noviembre de 1989 elmundo estaba en los umbra-les de una intensa renovaciónde sus valores, de sus creen-cias, de su fe, de las formas de comu-nicación, de su modelo político y de sueconomía.Había caído el Muro de Berlín, elmayor símbolo de la confrontación Es-te-Oeste, es decir, de la guerra a muer-te que durante 50 años sostuvieron sindescanso las dos mayores potencias delsiglo XX –Estados Unidos y la UniónSoviética–, en todos los campos y entodo el planeta. ¿El objetivo? Pelear por la hegemonía mundial: uno liderandoel capitalismo; el otro defendiendo losideales de una sociedad igualitaria don-de los medios de producción fueran depropiedad social y no privada.Berlín fue, durante décadas, el esce-nario privilegiado de esa confrontaciónideológica. El derrumbe del Muro fueambos tenían un poder extraordinario,pero no podían usarlo.En 1983, Reagan buscó modificar lacorrelación de fuerzas con un mega-programa militarista basado en tresacciones: plantar, en Europa, misilesque apuntaban a Moscú; autorizar laintervención militar para derrocar go-biernos socialistas en el Tercer Mundoe impulsar la construcción de un com-plejo sistema de escudos espacialespara repeler misiles, llamado popular-mente “Guerra de las Galaxias”. Esteproyecto aunque delirante marcó, encierta forma, las limitaciones indus-triales y tecnológicas de los soviéticos.Cuando Mijail Gorbachov llegó al po-der en 1985 puso en marcha un amplioprograma de reestructuración políticay económica (glasnost y perestroika)para democratizar el país y sacarlo delatraso y del estancamiento económico.Atento a los pedidos de una sociedadque quería cambios, Gorbachov pusofin al monopolio del poder del Partido;liberó disidentes y, en política exterior,abandonó la vieja aspiración soviéticade exportar la revolución al resto delmundo y de intervenir en los países deEuropa del Este.Fue la influencia de estos cambiosy los problemas internos del socialis-mo (y no la astucia occidental) lo quedeterminó el derrumbe del Muro y dela URSS. Tanto los alemanes como lossoviéticos y todos los socialistas de laEuropa Oriental sentían –para decirlocon palabras de Gorbachov– “que elmodelo estaba moral y políticamenteagotado”. Querían elegir su propiocredo, poder viajar al exterior, tener un régimen multipartidista y libertadde expresión.En ese marco, la “perestroika” aso-maba como una vía rápida hacia esoscambios. Así lo vivían miles de jóvenes
Ocaso de una era
entonces no sólo la señal inequívocade que el socialismo había fracasadosino también de que el mundo bipolar hasta entonces conocido desaparecíapara siempre. El proceso –muy velozy asombrosamente poco violento– du-ró apenas dos años, hasta el 26 de di-ciembre de 1991, día de la desapariciónformal de la Unión Soviética.Los cambios habían empezado va-rios años antes. El ex presidente norte-americano, Ronald Reagan, conserva-dor y belicista, había decidido poner final empate de fuerzas o “equilibrio delterror”, una receta perversa que fun-cionó, durante la Guerra Fría, comouna fórmula de paz. Norteamericanosy soviéticos sabían que el poderío es-pacial y armamentístico de ambos erade tal magnitud que el ataque de uno yla respuesta del otro implicaban el ani-quilamiento del planeta. Esta concien-cia los llevó a una situación paradojal:

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