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Chasqui, EL camino de los incas, etc

Chasqui, EL camino de los incas, etc

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12/05/2012

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CHASQUI 2
racias a eso, los pueblos dela sierra recibían con pron-titud los productos del mar y, asi-mismo, llegaban a los vallescosteros las maderas finas y las plu-mas polícromas de los bosqueshúmedos de la amazonía. Graciasa eso, los Incas del Cusco podíanadministrar el trabajo y la produc-ción de territorios alejados en mi-les de kilómetros de esa ciudad.Los cañaris, naturales de la sierrasur del Ecuador, y los chachas deAmazonas, vivían en los valles delCusco y en las cuencas templadasde otras provincias incaicas, sinperder, por esta causa, el acceso asus bienes nativos ni el contactocon sus parientes. Tanto era así que,en poco tiempo -después de laconquista española- los diversospueblos que cumplían tareas comu-nales de servicio al Tawantinsuyuen muy diversos lugares del Impe-rio, retornaron a sus lugares de ori-gen, sin demora. Tanto era así quelos españoles pudieron llegar sin can-sancio desde Cajamarca hasta elCusco en pocos días, premiados porla hospitalaria generosidad de losservicios de comida y abrigo queofrecía el camino.Tres siglos después, luego deestablecida la República en el Perú,ya entrado el siglo XX, la instala-ción de los medios mecánicos detransporte, producto de la granRevolución Industrial que invadióel mundo en el siglo XIX, indujoa una política de comunicaciónterrestre basada en el uso de loscarros. Si bien lento, el abando-no de los caminos peatonales ode acémilas fue en ascenso.La habilitación de las carrete-ras -que son caminos para rodar yno para caminar- es una opción al-tamente costosa para los paísescordilleranos, dado que exige te-rrenos planos y preferentementehorizontales. Eso retardó y dificul-tó enormemente el desarrollo deuna política de carreteras en elPerú, cruzado longitudinalmentepor la cordillera de los Andes, detrazos muy desiguales, con sus es-pacios planos dominantemente in-clinados y con agudas pendientes.Al articular las nuevas tec-nologías del transporte con unaopción económica exportadora,las estrategias de comunicaciónse trasladaron abiertamente ha-cia la costa -en conexión con lospuertos- donde había espaciossusceptibles de ser habilitadoscomo terrenos horizontales, cor-tando los desiertos vecinos al mar.Esta opción vial, desplazó lavieja red de articulación andina,que se había habilitado a lo largode muchos siglos y que adquirió laforma de un proyecto integral decomunicación terrestre en el sigloXV, configurado como el medioprincipal de la organización delTawantinsuyu, un proyecto políti-co de integración identificadocomo Imperio de los Incas y quetenía su centro en la ciudad delCusco.Esta red tenía como eje cen-tral la cordillera de los Andes. Laopción tecnológica de la épocaconducía a una solución peatonal,donde el camino debía facilitar eltránsito de personas, séquitos y ca-ravanas, muchas veces acompaña-dos por recuas de llamas, condu-ciendo a los trajinantes por sen-deros firmes y bien trazados. Serecorría longitudinalmente la cor-dillera, salvando las pendientescon el uso de escalinatas, salvan-do las quebradas con el uso depuentes y habilitando “pasos” enlos puntos del camino donde losmacizos imponían soluciones talescomo túneles o extensos tramosconstruidos.El “Qhapaq Ñan” era el cami-no principal, de donde se despren-dían una serie de caminos latera-les que vinculaban el ejelongitudinal con todos y cada
QHAPAQ ÑANEl camino de los incas
 Luis Guillermo Lumbreras
G
Cuando Francisco Pizarro y sus asociados llegaron al Perú, en 1532, ingresaron a un paíscruzado por una compleja red de comunicaciones, que no sólo permitía trasladarse de un ladoa otro del territorio por caminos bien trazados y bien servidos, sino que gracias a esa red circulabanlas noticias y los bienes con gran rapidez, con un alto grado de eficiencia y seguridad.
MENSAJE
V
uelve a surgir el
Chasqui
en el Perú, pero esta vez para recorrer el mundo. En tiemposde los incas el chasqui o correo oficial llevaba las noticias, precisamente por el QhapaqÑan, hasta los confines del Tawantinsuyu. Ahora, gracias a los progresos tecnológicos,quiere llegar a los países amigos y a nuestros compatriotas en el exterior para promoveren sus páginas la cultura peruana, que nos honra y enriquece con su celebrada calidad ydiversidad.La publicación de este primer número del
Chasqui
coincide con la aprobación del Plande Política Cultural del Perú en el Exterior elaborado por el Ministerio de RelacionesExteriores. Se trata de un ambicioso esfuerzo que involucra a diversas instituciones pú-blicas y privadas y compromete nuestro reconocimiento. Queremos rendir homenaje alilustre historiador y canciller Raúl Porras Barrenecha -quien tuvo el acierto de editarhace casi medio siglo el primer
 Boletín Cultural Peruano
de esta Cancillería- y hacernuestras sus palabras: “
El Perú, país de encrucijada, de cruce de todos los caminos y de todaslas oleadas culturales de América desde la época prehistórica, es país de conciliación de contra-rios y de síntesis”.
Allan Wagner TizónCanciller de la República
 
CHASQUI 3
uno de los asentamientos huma-nos instalados en las cimas, la-deras y quebradas de la cordille-ra. Desde todos los puntos eraposible llegar a una red que eraradial o lineal según la demandade los territorios. De ese modo,los productos de la tierra podíantransitar de uno a otro confín delpaís, según la demanda de las ne-cesidades y los proyectos, perosobre todo podían conectar coneficiencia a los vecinos próximosy lejanos, permitiendo un circui-to de intercambio de bienes y ser-vicios que hacían posible la efi-ciente prestación de ayudas mu-tuas en todas las circunstanciasen que éstas fueran necesarias.Este régimen caminero, quetenía trazos bien delimitados, conseñalización de las rutas medianteuna definida fijación de los linde-ros del camino, iba acompañado,además, de una política generosade reservas y conservas de alimen-tos y vestidos, mediante la insta-lación -a la vera de los caminos-de almacenes, qollqas”, donde seguardaban los excedentes paracubrir las demandas no previstas,que iban, a su vez, acompañadosde las estaciones, “tambos”, don-de los caminantes podían reposary reponer energías. De este modo,a lo largo de los más de 5000 kms.de la ruta, los viajeros sabían quepodían transitar sin desviarse delcamino, con la plena seguridad dedisponer de las facilidades de bie-nes y servicios necesarios para unlargo trayecto.El camino hacía posible quelos “chasquis”, mensajeros del Inca,llevaran las noticias de todo el im-perio en poco tiempo, facilitandola intervención del estado en to-das las instancias administrativasen las que éste estaba comprome-tido. Era el mismo medio graciasal cual el Inca recibía en el Cuscolos beneficios del tributo que lle-gaba en la forma de bienes–comopescados frescos del mar- o de fuer-za de trabajo itinerante. Tambiénera el medio gracias al cual se tras-ladaban los ejércitos del Inca a es-tablecer las condiciones impues-tas por el estado en las zonas so-metidas por el Cusco.El camino de los Incas causóuna explicable sorpresa entre losespañoles que lo encontraron enpleno funcionamiento. Los tramosenlosados, muchos de ellos prote-gidos por murallas que acompaña-ban a los séquitos por largos reco-rridos, así como la anchura de lostrazos, fijados con bordes clara-mente visibles en la mayor partede los trayectos, convierte la vía–además de servicio- en un in-creíble espectáculo.Espectáculo sí, de armonía yseguridad, que se combina con elque ofrece el paisaje naturalandino, polícromo y diverso. Delos más de 7000 kms. de largo quetiene la cordillera de los Andes,unos 5000 fueron cubiertos por elQhapaq Ñan. En esos 5000 kms.se registra la variedad más nota-ble de paisajes que hay en el pla-neta, desde los ambientes gélidosde las montañas nevadas, que serodean con páramos y estepasfrías, hasta las quebradas con bos-ques húmedos o secos –según lalatitud– y las sabanas y los vallesvecinos, templados o cálidos y,luego, los arenales y roqueríos detodos los colores de las sierras ári-das. Bosques verdes, estepas ama-rillas y roquedales con cactus des-parramados son cuadros que eltrajinante puede ver en una sola jornada de Qhapaq Ñan, yendoluego a reposar en el valle o elabra donde está instalado el tam-bo o la ciudad de su destino, con-templando las montañas, cuyos“apus” le dan protección
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.Desde luego, esta red no fuecreada de la noche a la mañana,ni respondía a la voluntad únicade sólo el Inca. Tal vez 1000 añosantes de la instalación del incario,pero notablemente 500 -durantela época conocida como Wari- sehabía instalado una red camineraandina, con la misma pulcritudque el Qhapaq Ñan, que nacien-do en Ayacucho se dirigía hasta lasproximidades del lago Titicaca,por el sur, y hasta las proximida-des de Chachapoyas y Piura, porel norte. El Tawantinsuyu rebasóestos límites y llevó el QhapaqÑan hasta los Pastos, más allá deIbarra y Quito, por el norte, hastacerca del cauce del río Guáytara -en el sur de Colombia- y hasta lasfronteras entre Picunches yMapuches, cerca de la actual ciu-dad de Concepción, en el centro-sur de Chile, y a la tierra de losHuarpes en la Argentina. Estabanconectados varios millones de ha-bitantes de diversas formas devida, lenguas y costumbres, con elcentro en la ciudad del Cusco. DelCusco salía el Qhapaq Ñan encuatro direcciones: al norte –Chin-chaysuyu– ocupado por quechuasy yungas, al sur –Qollasuyu– ocu-pado por quechuas y arus, al occi-dente –Contisuyu– ocupado porpukinas y aymaras y, al oriente–Antisuyu– ocupado por loschunchos. Tierras fértiles del nor-te, áridas del sur, desérticas deloeste, selváticas del este.En verdad estuvieron y estánconectados los pueblos, mante-niendo fuertes signos de unidadcon los componentes propios de sudiversidad; pero han perdido el ejearticulador de una política vialoperativa y sensible a las necesi-dades de integración que ellos re-claman. Es un eje articulador quecomprendía cerca de 40,000 kms.de una red que los arqueólogos hanpodido registrar en más de 23,000kms. de caminos. En términos depatrimonio arqueológico es, sinduda, el mayor monumento que seconoce en el Continente america-no y que es compartido por cincopaíses andinos. En esa ruta vivenhoy comunidades de agricultores,pastores, mineros y pescadores;hay pueblos cuyas artesanías cru-zan los mares gracias a la riquezade sus formas y contenidos, mien-tras otros las guardan sin poderpromocionarlas. Es una rutacolapsada, saturada de promesasde retorno.
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Apus” son los dioses o fuerzas na-turales que protegen la vida y danseguridad.
Este régimen caminero, que tenía trazos bien delimita-dos, con señalización de las rutas mediante una definidafijación de los linderos del camino, iba acompañado, ade-más, de una política generosa de reservas y conservas dealimentos y vestidos
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CHASQUI 4
l más famoso de sus libros,
Peregrinaciones de una paria
,trata de su viaje al Perú durante1833 y 1834.El libro es una visión de la vidapública y privada de la sociedadperuana del siglo XIX. Aunqueágil, la narración se detienemorosamente en una serie de men-talidades de idiosincrasia tradicio-nal que dificultan el avance de lamodernidad.Flora Tristán, hace un retratode ella misma que es el que perdu-ra en la imaginación popular: unamujer de suaves modales que bajosus ropajes femeninos esconde unavoluntad de hierro, un tempera-mento, un ánimo, que no pare-cían propios de las mujeres en elsiglo XIX.Emprender un viaje desdeFrancia hasta el Perú, para recla-mar sus derechos ante una fami-lia, la de su padre fallecido que laignoraba, es una audacia que po-cos podían imaginar. Dejar comotestimonio una obra literaria per-durable es una hazaña que los lec-tores de hogaño no podemos sinoagradecer.Los padres de Flora, Anne-Pierre Laisnay y Mariano Tristány Moscoso, se conocieron en Bil-bao. Ella huía de la revoluciónfrancesa y él formaba parte delejército español. El episodio de sumatrimonio está colmado de bru-mas. Lo más probable es que sí locontrajeron ante un sacerdotefrancés, también exiliado, pero enlos turbulentos momentos que sevivía, algún detalle quedó olvida-do, podemos imaginar que las nup-cias no fueron registradas ante laautoridad competente y que porlo tanto carecía de validez legal enFrancia.Mientras vivió MarianoTristán, las condiciones de vida deFlora fueron excelentes, pero almorir el militar arequipeño, en ju-nio de 1807, cuando la niña nohabía cumplido cinco años, la si-tuación cambió violentamente.Madre e hija fueron despojadasde la propiedad que tenían y to-dos los bienes de don Marianopasaron a formar parte de la for-tuna de sus parientes en el Perú.En esta circunstancia nace elapelativo que más tarde se pusoa sí misma Flora Tristán. Laautodenominada paria, pasadopoco más de siglo y medio des-pués de su muerte, ha sido reco-gida por la imaginación de losperuanos, reconocida como unacompatriota ilustre, querida yestimada. Existen escuelas e ins-titutos, instituciones femeninas,calles y avenidas, jardines y ala-medas que llevan su nombre. Superiplo vital, el respeto con quese habla de sus actividades, rei-vindican a Flora Tristán, la con-vierten en un paradigma de mu- jer, en un ejemplo de ciudadana,cara al futuro.Las penosas circunstanciasobligaron a Flora a trabajar comoobrera en el taller de grabado delpintor y litógrafo André Chazal,quien se sintió atraído por la jo-vencita. Chazal, como había ocu-rrido en el pasado con otras mu-chachas, hubiera querido hacerlasu amante, pero la voluntad dehierro de la núbil trabajadora encierto sentido lo obligó a pedirlaen matrimonio. La boda se cele-bró en 1821 y con ella empezaronuna serie de sufrimientos queacompañarían a Flora toda su vida.En ellos habría que distinguir losque de modo natural ofrecía la so-ciedad francesa de aquellos años,pese a la revolución de 1879, cu-yos ecos no se habían acabadocompletamente, y que consistían
FLORA TRISTÁN
ITINERARIO DE LA GENEROSIDAD
Flora Tristán (1803-1844) pertenece al grupo de los grandes inconformes, personas queestaban persuadidas de que era posible cambiar de raíz a la sociedad para erradicar las lacras de lainjusticia y el sufrimiento. Hija de padre peruano y de madre francesa, toda su vida batallócontra la adversidad y a través de sus escritos, de una apasionada militancia política, es laimagen de la primera luchadora social que ligó su nombre al del Perú.
 Marco Martos
E
EL PARAÍSO EN LA OTRA ESQUINA
L
a reciente publicación de la novela de Mario Vargas Llosa
El paraíso en laotra esquina
, ha traído a la memoria del público lector la historia real de losdos protagonistas: Flora Tristán y su nieto Paul Gauguin (París, 1848-IslasMarquesas, 1903).Es cierto que la imaginación popular relacionaba vagamente a estosdos personajes, pero nunca hasta ahora la ficción de los peruanos, se habíarecostado tanto sobre la historia. Menéndez Pidal decía que los españolessentían poética la historia. Ahora puede añadirse que esa es una marca dela literatura hispanoamericana que la distingue claramente de otras litera-turas como la francesa o la inglesa.Mario Vargas Llosa, como nos tiene habituados, ha construido unanovela de sostenido aliento, donde la rigurosa investigación que ha realiza-do durante varios años, se vuelca en una narración ágil que presenta lascoloreadas biografías de esta valiente luchadora social, Flora Tristán, y sugenial nieto, Paul Gauguin. Aparentemente a Gauguin le pasan más cosas,desde su abandono de la vida bursátil, la elección de la pintura como obje-tivo de vida, hasta su búsqueda de los paraísos primitivos, pero la vida deFlora Tristán, en la pluma de Vargas Llosa, no es menos interesante: se tratade una mujer que se va despojando de todo objetivo que considera subalter-no, para fijarse un alto ideal. Gauguin pasó los decisivos cinco primeros añosde la infancia en Lima, en casa de sus parientes Echenique Tristán. El mun-do recuerda ahora el centenario de su muerte y el bicentenario del naci-miento de su ilustre abuela.

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