CHASQUI 3
uno de los asentamientos huma-nos instalados en las cimas, la-deras y quebradas de la cordille-ra. Desde todos los puntos eraposible llegar a una red que eraradial o lineal según la demandade los territorios. De ese modo,los productos de la tierra podíantransitar de uno a otro confín delpaís, según la demanda de las ne-cesidades y los proyectos, perosobre todo podían conectar coneficiencia a los vecinos próximosy lejanos, permitiendo un circui-to de intercambio de bienes y ser-vicios que hacían posible la efi-ciente prestación de ayudas mu-tuas en todas las circunstanciasen que éstas fueran necesarias.Este régimen caminero, quetenía trazos bien delimitados, conseñalización de las rutas medianteuna definida fijación de los linde-ros del camino, iba acompañado,además, de una política generosade reservas y conservas de alimen-tos y vestidos, mediante la insta-lación -a la vera de los caminos-de almacenes, “qollqas”, donde seguardaban los excedentes paracubrir las demandas no previstas,que iban, a su vez, acompañadosde las estaciones, “tambos”, don-de los caminantes podían reposary reponer energías. De este modo,a lo largo de los más de 5000 kms.de la ruta, los viajeros sabían quepodían transitar sin desviarse delcamino, con la plena seguridad dedisponer de las facilidades de bie-nes y servicios necesarios para unlargo trayecto.El camino hacía posible quelos “chasquis”, mensajeros del Inca,llevaran las noticias de todo el im-perio en poco tiempo, facilitandola intervención del estado en to-das las instancias administrativasen las que éste estaba comprome-tido. Era el mismo medio graciasal cual el Inca recibía en el Cuscolos beneficios del tributo que lle-gaba en la forma de bienes–comopescados frescos del mar- o de fuer-za de trabajo itinerante. Tambiénera el medio gracias al cual se tras-ladaban los ejércitos del Inca a es-tablecer las condiciones impues-tas por el estado en las zonas so-metidas por el Cusco.El camino de los Incas causóuna explicable sorpresa entre losespañoles que lo encontraron enpleno funcionamiento. Los tramosenlosados, muchos de ellos prote-gidos por murallas que acompaña-ban a los séquitos por largos reco-rridos, así como la anchura de lostrazos, fijados con bordes clara-mente visibles en la mayor partede los trayectos, convierte la vía–además de servicio- en un in-creíble espectáculo.Espectáculo sí, de armonía yseguridad, que se combina con elque ofrece el paisaje naturalandino, polícromo y diverso. Delos más de 7000 kms. de largo quetiene la cordillera de los Andes,unos 5000 fueron cubiertos por elQhapaq Ñan. En esos 5000 kms.se registra la variedad más nota-ble de paisajes que hay en el pla-neta, desde los ambientes gélidosde las montañas nevadas, que serodean con páramos y estepasfrías, hasta las quebradas con bos-ques húmedos o secos –según lalatitud– y las sabanas y los vallesvecinos, templados o cálidos y,luego, los arenales y roqueríos detodos los colores de las sierras ári-das. Bosques verdes, estepas ama-rillas y roquedales con cactus des-parramados son cuadros que eltrajinante puede ver en una sola jornada de Qhapaq Ñan, yendoluego a reposar en el valle o elabra donde está instalado el tam-bo o la ciudad de su destino, con-templando las montañas, cuyos“apus” le dan protección
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.Desde luego, esta red no fuecreada de la noche a la mañana,ni respondía a la voluntad únicade sólo el Inca. Tal vez 1000 añosantes de la instalación del incario,pero notablemente 500 -durantela época conocida como Wari- sehabía instalado una red camineraandina, con la misma pulcritudque el Qhapaq Ñan, que nacien-do en Ayacucho se dirigía hasta lasproximidades del lago Titicaca,por el sur, y hasta las proximida-des de Chachapoyas y Piura, porel norte. El Tawantinsuyu rebasóestos límites y llevó el QhapaqÑan hasta los Pastos, más allá deIbarra y Quito, por el norte, hastacerca del cauce del río Guáytara -en el sur de Colombia- y hasta lasfronteras entre Picunches yMapuches, cerca de la actual ciu-dad de Concepción, en el centro-sur de Chile, y a la tierra de losHuarpes en la Argentina. Estabanconectados varios millones de ha-bitantes de diversas formas devida, lenguas y costumbres, con elcentro en la ciudad del Cusco. DelCusco salía el Qhapaq Ñan encuatro direcciones: al norte –Chin-chaysuyu– ocupado por quechuasy yungas, al sur –Qollasuyu– ocu-pado por quechuas y arus, al occi-dente –Contisuyu– ocupado porpukinas y aymaras y, al oriente–Antisuyu– ocupado por loschunchos. Tierras fértiles del nor-te, áridas del sur, desérticas deloeste, selváticas del este.En verdad estuvieron y estánconectados los pueblos, mante-niendo fuertes signos de unidadcon los componentes propios de sudiversidad; pero han perdido el ejearticulador de una política vialoperativa y sensible a las necesi-dades de integración que ellos re-claman. Es un eje articulador quecomprendía cerca de 40,000 kms.de una red que los arqueólogos hanpodido registrar en más de 23,000kms. de caminos. En términos depatrimonio arqueológico es, sinduda, el mayor monumento que seconoce en el Continente america-no y que es compartido por cincopaíses andinos. En esa ruta vivenhoy comunidades de agricultores,pastores, mineros y pescadores;hay pueblos cuyas artesanías cru-zan los mares gracias a la riquezade sus formas y contenidos, mien-tras otros las guardan sin poderpromocionarlas. Es una rutacolapsada, saturada de promesasde retorno.
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“Apus” son los dioses o fuerzas na-turales que protegen la vida y danseguridad.
Este régimen caminero, que tenía trazos bien delimita-dos, con señalización de las rutas mediante una definidafijación de los linderos del camino, iba acompañado, ade-más, de una política generosa de reservas y conservas dealimentos y vestidos
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