Prefacio
En enero de 1972 un grupo de latinoamericanos, principalmente chilenos, peruanos ymexicanos, se encontraron en el Centro Intercultural de Documentación (CIDOC), enCuernavaca, para discutir la hipótesis siguiente: existen características técnicas en losmedios de producción que hacen imposible su control en un proceso político. Sólo unasociedad que acepte la necesidad de escoger un techo común a ciertas dimensionestécnicas en sus medios de producción tiene alternativas políticas. La tesis discutidahabía sido formulada en un documento elaborado en 1971 con Valentina Borremans,cofundadora y directora del CIDOC. Formulé las líneas fundamentales de este ensayosucesivamente en español, inglés y francés; sometí mis ideas a grupos de médicos,arquitectos, educadores y otros ideólogos; las publiqué en revistas serias y en hojitasatrevidas. Agradezco profundamente a quienes quisieron criticarme y así me ayudaron aprecisar mis conceptos. Sobre todo doy las gracias a los participantes en mi seminarioen CIDOC en los años 1971-1973, quienes reconocerán en estas páginas no solamentesus ideas sino, con mucha frecuencia, sus palabras. Este libro tomó su forma definitiva araíz de una presentación que hice para un grupo de magistrados y legisladorescanadienses. Ahí utilicé por primera vez el paradigma del derecho común anglosajón,que desde entonces quedó incorporado en la estructura del ensayo. Me hubiese gustadopoder ilustrar los mismos puntos refiriéndome a los fueros de España, pero mi tardíodescubrimiento posterga intentarlo.I
VAN
I
LLICH
, Ocotepec, Morelos, enero de 1978.
Introducción
Durante estos próximos años intento trabajar en un epílogo a la era industrial. Quierodelinear el contorno de las mutaciones que afectan al lenguaje, al derecho, a los mitos ya los ritos, en esta época en que se condicionan los hombres y los productos. Quierotrazar un cuadro del ocaso del modo de producción industrial y de la metamorfosis delas profesiones que él engendra y alimenta. Sobre todo quiero mostrar lo siguiente: lasdos terceras partes de la humanidad pueden aún evitar el atravesar por la era industrial sieligen, desde ahora, un modo de producción basado en un equilibrio posindustrial, esemismo contra el cual las naciones superindustrializadas se verán acorraladas por laamenaza del caos. Con miras a ese trabajo y en preparación al mismo presento estemanifiesto a la atención y la crítica del público. En este sentido hace ya varios años quesigo una investigación crítica sobre el monopolio del modo industrial de producción ysobre la posibilidad de definir conceptualmente otros modos de producciónposindustrial. Al principio centré mi análisis en la instrumentación educativa; en losresultados publicados en
La sociedad desescolarizada
(
I
LLICH
, 1971), quedaronestablecidos los puntos siguientes:1.
La educación universal por medio de la escuela obligatoria es imposible.2.
Condicionar a las masas por medio de la educación permanente en nadasoluciona los problemas técnicos, pero esto resulta moralmente menos tolerableque la escuela antigua. Nuevos sistemas educativos están en vías de suplantar los
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