Debemos sondear aqui el fondo mismo de la cuestión. ¿Qué puede ser un prólogo? Puede ser, ¡qué dudacabe!, una publicidad descaradamente mentirosa, pero, también, la voz en el desierto de un Juan Bautistao de un Roger Bacon. La reflexión nos indica, pues, que además de las Introducciones a las Obras,existen Obras-Introducciones, ya que tanto los Libros Sagrados de todas las religiones, como las tesis ylas futuromaquias de los científicos, son Introducciones a este y al otro mundo. La meditación descubreque el país de los Prólogos es incomparablemente más vasto que el país de la Literatura, porque lo queésta quiere realizar, los Prólogos lo anuncian tan sólo... de lejos.La contestación a una pregunta que ya se está imponiendo (¿por qué diantre hemos de meternos en lalucha por la liberación de los prólogos y proponerlos como un género literario soberano?), asoma entrelas palabras que acabamos de apuntar. Les podemos otorgar esa categoría así, llanamente, o bien recurrira la ayuda de la hermenéutica superior. Primero se puede justificar ese proyecto sin patetismo alguno,con un ábaco en la mano. ¿No nos amenaza un diluvio informativo? ¿Y no consiste su monstruosidad enel hecho de que aplasta la belleza con lo bello y anula la verdad con lo verdadero? Y así es, en efecto,porque la voz de un millón de Shakespeares provocaría el mismo infernal estruendo que la de unamanada de búfalos en la estepa, o la de embravecidas olas en el mar. De la misma forma, una ingentecantidad de significados en conflicto traen al pensamiento no el honor, sino la perdición. Y ante talfatalidad, ¿no será el Silencio la única salutaria Arca de la Alianza posible entre Creador y Lector, puestoque el primero gana un mérito absteniéndose de idear cualquier tema, y el segundo, aplaudiendo esamanifestación de renuncia? Ciertamente... e incluso podríamos abstenernos de escribir los mismosprólogos, pero, en tal caso, el acto de la mencionada renuncia no seria percibida, quedando sinreconocimiento el sacrificio. Por tanto, mis Prólogos son anuncios de unos pecados que no voy acometer.Así se presentan las cosas al nivel de un cálculo frío y puramente externo. Sin embargo, el cálculo nodescubre aún lo que el Arte ganaría con la propuesta liberación. Está claro que incluso un exceso delmaná celeste podría tener el efecto de una lapidación. ¿Cómo salvarnos de esto? ¿Cómo sustraer elespíritu a una autosofocación? ¿Y está precisamente en eso la superación del peligro? ¿Es de verdad unbuen camino hacia ella el que atraviesa los Prólogos?Evoquemos a ese doctor preclaro, a ese terrateniente convertido a la hermenéutica que es WitoldGombrowicz. El nos explicaría las cosas de este modo: No se trata de que a la gente, a mi por ejemplo laidea de liberar a los Prólogos de la Materia qué anuncian nos guste o no nos guste, ya que estamossometidos sin apelación a las leyes de la Evolución de la Forma. El Arte no puede detenerse en un sitioni repetirse siempre a si mismo: por eso no puede sólo gustar. Si has puesto un huevo, has de incubarlo;si te sale de él un mamifero en vez de un reptil, debes darle algo con que alimentarse; si, pues un pasoconsecutivo nos lleva a algo que despierta un disgusto general e incluso un estado paravomital, no hayremedio. Hemos elaborado ya aquel Algo Concreto, nos hemos arrastrado y empujado tan lejos ya anosotros mismos que, obedeciendo una orden superior al placer, tendremos que dar vueltas en el ojo enel oído, en el intelecto, a lo Nuevo, categóricamente aplicado, porque fue descubierto en el largo caminodel ascenso. Por cierto, nadie ha estado nunca allí, ni quiere ir, ya que no se sabe si se puede aguantar enAquellas Alturas siquiera un momento; pero, a decir verdad, ¡para el Desarrollo de la Cultura esto notiene la menor importancia! Este lema nos ordena, con la soltura propia de la genialidad displicente, quecambiemos una esclavitud antigua, espontánea y por tanto inconsciente, por otra, nueva. No nos quitalas trabas, sólo alarga nuestro ronzal; y así nos lanza a lo Desconocido, dando el nombre de libertad a
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