Consignemos primero que es dar pruebas de ignorancia establecer entre la evolución yla revolución un contraste de paz y de guerra, de calma y de violencia. Lasrevoluciones pueden hacerse pacíficamente, por consecuencia de una modificaciónsúbita del medio que provoque un repentino cambio en los intereses; asimismo, lasevoluciones pueden ser muy rudas, mezcladas con guerras y persecuciones.
Si la palabra
evolución
es aceptada con entusiasmo por los mismos que miran conespanto a los revolucionarios, es porque no se han dado cuenta de su valor, pues loque la palabra significa en sí no pueden admitirlo en modo alguno. Hablan delprogreso en términos generales, pero rechazan el progreso en particular. Ven lasociedad actual tal cual es, reconocen que es mala pero que, sin embargo, debeconservarse porque en ella pueden realizar su ideal: riqueza, poder, consideración,bienestar. Puesto que hay ricos y pobres, poderosos y sometidos, amos y esclavos,Césares que ordenan el combate y gladiadores que van a morir en él, las gentes listasno tienen más que ponerse del lado de los ricos y de los amos, hacerse cortesanos delos Césares. Esta sociedad da pan, dinero, colocaciones, honores; y bien, que loshombres ingeniosos se las arreglen de modo que puedan tomar la mayor cantidadposible de cuantos presentes brinda el destino. Si la buena estrella. al presidir sunacimiento les ha dispensado de toda lucha. daádoles por herencia lo necesario y losuperfluo, ¿de qué pueden quejarse? Procuran convencerse de que todo el mundo estátan satisfecho como ellos:
Para el ahíto todo el mundo ha comido según su apetito
.Encuanto al egoísta a quien la sociedad no ha dado riqueza desde la cuna, y que por símismo está descontento con el estado de cosas, al menos puede conquistar su empleoponiendo en juego la adulación o la intriga, por un feliz golpe de la suerte otrabajando al servicio de los poderosos. ¿Qué será para estos seres la evolución social?¡Evolucionar hacia la fortuna es su única ambición! Lejos de buscar la justicia paratodos, les basta con conquistar el privilegio para sí mismos.
Existen, sin embargo, espíritus timoratos que creen honestamente en la evolución delas ideas, que confían vagamente en una transformación correspondiente de las cosas,y que no obstante, por un sentimiento de miedo instintivo, casi físico, quieren evitar,al menos durante su vida, toda revolución. La evocan y la conjuran al mismo tiempo:critican la sociedad presente y sueñan con la sociedad futura, como si ésta debieraaparecer súbitamente por una especie de milagro, sin producir ningún trastorno entreel mundo pasado y el mundo del porvenir. Como seres incompletos, sienten el deseosin tener el pensamiento; tienen imaginación, pero carecen de voluntad.Perteneciendo a dos mundos a la vez, están condenados por ley fatal a traicionar eluno y el otro: en la sociedad conservadora son un elemento de disolución, por susideas y su lenguaje; en la de los revolucionarios resultan reaccionarios al extremo deabjurar sus instintos de juventud, y como el perro de quien nos habla elEvangelio
volviendo hacia lo que han vomitado
. Así se explica que durante la Revolución losdefensores más ardientes del antiguo régimen fueron aquellos que anteriormente lohabían ridiculizado; de precursores se convierten en renegados. Como los torpesmagos de la leyenda, comprendían tardíamente que habían desencadenado una fuerzademasiado indómita para su débil voluntad, para sus tímidas manos.
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