cogido su pico, así que sacó lo más gordo que pillo.- Mira, Liam, esto en las minas se cargaba las rocas como nueces. A ver su cabeza!- Ysoltó una sonora carcajada. Liam se sobresaltó al oír el estrendor de su risa. Jamásentendería el humor enano. Puso la enorme maza sobre su hombro, y le dijo a Liam:- Oye, házte con los de delante ( trasgos 2 y 3), yo maldeciré a uno y luego me giraré para ir a por el otro (4). - luego intentó mediar con ellos- Oíd, preferimos no luchar,coged las patatas que quedan y íros.- Señor Morgan, que vienen!- Oye, aúnque tenga 59 años, en realidad fisicamente hablando, no soy mucho másmayor que tú.- Lo miró de reojo- No me llames señor que no soy ningún viejo! - Volvióa mirar a los trasgos- Me entendéis? No habláis nuestra lengua? - luego probó conlenguaje rúnico, propio de los enanos.- Señ-- estooo, Morgan, no parece que quieran hablar!Los trasgos, babeantes y con la mirada fija en el caldero de las patatas , se fueronacercando poco a poco.La tenue luz de la hoguera iluminaba el rostro de Morgan. Intentó mantener la sangrefría mientras los dos trasgos se acercaban. Cruzaron miradas, y Morgan pudo ver en susojos desesperación. Ya fuera el hambre, ya fueran sus pésimas condiciones de vida, algoles impulsaba a actuar así. Puede que fuera un adelanto de la tragedia que se avecinaríasi salien de esto. Eso, sin embargo, no le inspiró piedad. Viendose abrumado por los dostrasgos, dio media vuelta y retrocedió unos pies. Pero mientras corría se acordó de untruquito que le enseñó un sacerdote de las minas. Con las manos resplandeciendo dechispas rojas, y los ojos con una tonalidad amarilla, su voz reverberó poder y dijo unas palabras en rúnico. En ese mismo instante se giró hacía uno de los trasgos y lo apuntócon el dedo hacía abajo, un gesto imperioso que no admitía respuesta. La voluntad deltrasgó se quebró en trocitos, y una fuerte presencia lo invadió. Todos los horrores que lacriatura habia vivido se manifestaron en su mente y empezaron a atormentarlo.Distraido por la fatalidad, ladeó su cabeza y se acerco dando tumbos havia Morgan. Elotro trasgo, sin lograr comprender que habia pasado, lo siguió. Morgan pensó de nuevoen huir, pero vió mientras se giraba a Liam. El mediano sacó su espada corta y se lanzósobre un orco. Tras un salto se lanzó sobre él y le metió la espada entre ceja y ceja. Eltrasgo reaccionó a tiempo, y logró retroceder, evitando que la herida fuese mortal. Lasangre empezó a salir de su frebte, y se quedó embobado ( aún más) mirando almediano.<< Pues para estar tan raquíticos , aguantan lo suyo>> pensó Morgan. Cometió el error de distraerse, y prontó notó en su pecho un frí penetrante, acompañado de una punzadade dolor. Se giró como pudo, mientras el otro trasgo intentaba golpearle. Pero su estadoera tan pésimo que se peleó con el viento que soplaba del ponente. Sin tener tiempo delanzar una aguda ironía al trasgo, preparó su martillo para darle al trasgó que le habíagolpeado, y logro golpearle en el pecho, haciendolo retroceder. Liam se encargó deltrasgo herido, y terminó de clavarle su espada en la sien. Rodó ágilmente para esquvar al otro, más Morgan hubiera jurado que logró alcanzarle. De nuevo, su distracción levalió otra herida, se preparó para golpear de nuevo a su atacante, y entonces noto un pinchanzo agudo en su torso. El otro trasgo, vaya una coíncidencia, se cargó a uno delos demononios que lo atormentaban, justo donde Morgan estaba. Sintió mucho frio, yse vio obligado a huir. Vió un enorme arbol, justo donde los trasgos estaban escondidos,y corrió a refugiarse detrás del tronco. No llegó tan lejos, pues le faltaba el aliento, quese le salía por las terribles heridas. Sintiendose morir, preparó un remedio que su madrele explicó cuando era pequeño. Juntó sus manos, y entono una súplica a Móradin, tan
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