—¿Qué sufrimiento? —replicóKristen—.Mi hermano se
brinda lo suficiente para no provocar otra cosa que suspiroscomplacidos a su alrededor. Si se casara sufrirían. Por otraparte, ¿por qué tendría que casarse si las mujeres de todas lasedades en los dos países se arrojan a sus pies, sin hablar de loque sucede con las del mercado?—¿De modo que en Noruega pasaba lo mismo?—Siempre. —Kristen suspiró.Roycerió, seguro de que a la esposa no la fastidiaban enabsoluto las conquistas amorosas del hermano, ni aun las desu propio salón. Esos dos hermanos se querían demasiadocomo para que Kristen le reprochase nada. También sabía queéste había llegado a prometer que vengaría la muerte del her-mano cuando creyó queAlden,el primo de Royce, lo habíamatado durante aquel ataque que los había llevado aWessexseis años atrás.Era una época que a Royce no le agradaba recordar.Cuan cerca había estado de ordenar que mataran a los prisio-neros capturados aquel día y, en consecuencia, de perder a suúnico amor. La esposa era una de las prisioneras, y los amigosla ayudaron a disfrazarse de muchacho. Y hubiese resultado,pues Kristen era casi tan alta como los hombres, incluso másalta que muchos de ellos. Lo que la descubrió fue la distracciónde los propios vikingos que siguieron tratándola como a unamujer, cuidándola, protegiéndola, defendiéndola, y eso atrajola atención de Royce y terminó por revelar la verdad cuandoordenó que la fustigaran.Luego, Royce la separó de los amigos y la llevó a la casaseñorial. La había creído la ramera de los prisioneros: no se leocurría otro motivo para que estuviese con ellos. Kristen dejóque lo creyese porque la divertía, y lo incitó desde el principio,con una audacia que Royce no había visto antes en ningunamujer. Si Kristen no se hubiera comportado así, pese a su be-lleza, pese a la fascinación que ejercía sobre Royce, él habríaresistido pues odiaba con vehemencia a todos los vikingos.Aunque les había hecho la guerra durante quince años, elodio deRoycese había despertado once años atrás. Encade-nado a un muro, lo obligaron a observar cómo los vikingos da-neses asesinaban a su padre, a su único hermano, y violaban ymataban a su prometida. Abandonaron a Royce para que mu-riese ahí, sobre los cuerpos de los seres amados, y habría.muerto si los daneses no hubieran ido a saquear el monasteriodeJurro,tierra adentro, permitiendo así que lo auxiliaran lossiervos que habían sobrevivido.Sí, Royce tenía buenos motivos para odiar a los vikingos,pero se había enamorado de una de ellos y por eso toleraba ala familia. De vez en cuando llegaban todos juntos desde No-ruega en sus largos barcos, pero el visitante más frecuente eraSelig;de hecho, vivió con ellos durante tres de los últimos seisaños.El primer año después de la boda, Selig se quedó paraasegurarse de queKristenrecibiera un buen trato en el nuevohogar. Aquella vez se quedó todo el invierno, y regresó a No-ruega junto con los padres, cuando éstos partieron después dela visita del verano siguiente. Los padres no fueron a visitarlostodos los veranos, pero Selig sí lo hizo con un barco propio(Royce le había quemado el primero) y por lo general llevabacon él a alguno de los hermanos menores, o a ambos.