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Cap. 13.-LA REUNIÓN DE GAVIOTA Y PHILLIP

Cap. 13.-LA REUNIÓN DE GAVIOTA Y PHILLIP

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05/08/2014

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El restaurador y la madonnina della creazione
 
Salvador Bayona_________________________________________________________________________ 
 
XIII.- LA REUNIÓN DE GAVIOTA Y PHILLIP
Todavía no se había calmado el alboroto que se produjera cuando, hacía yavarios minutos Perséfone y Levin, el contacto en Como, habían entrado en la grutaguiando al príncipe Phillip de Hessen, el cual, a pesar de ir maniatado y llevar losojos vendados, no había perdido un ápice de su dignidad.La explicación de Perséfone había sido enormemente vaga, a pesar de quesu iniciativa había puesto en serio peligro a todo el grupo, y sin embargo, ambosaseguraban que nadie les había seguido. Levin no podía aportar claridad sobre elasunto, pero Perséfone juraba que no tenía otra opción, y le rogaba que escucharalo que el príncipe tenía que decirle.Él, como responsable de aquella célula, no podía permitirse correr riesgosinnecesarios, especialmente ahora, que estaban tan debilitados por el hambre y lafalta de ayuda. El tener allí a aquel conocido nazi y pariente político de VittorioEmmanuel, al que habían estado vigilando durante los últimos meses a través dePerséfone, les colocaba en una situación muy delicada. De las diversas opcionesque se le presentaban, la más interesante, sin duda, era la de plantear unintercambio con algunos de sus camaradas presos, pero en aquel momento todo elgrupo se enfrentaba a un serio problema de subsistencia y los nuevos camaradassupondrían una carga que, tal vez, acabara por aplastar la célula ya que, obligadospor el hambre, deberían concentrar todos sus esfuerzos en el pillaje, lo cualacabaría por desvirtuar su lucha política.Además, no dejaba de inquietarle que aquel hombre se hubiera presentadovoluntariamente ante ellos. Gracias a Perséfone, había averiguado que, al igualque él, el príncipe no se molestaba en realizar esfuerzos vanos, de manera que supresencia allí debía perseguir un objetivo concreto. Después de consultar laguardia, y revisar sus pertenencias, entre las que destacaba una considerablecantidad de dinero y ningún arma, resolvió interrogarle.
-
Quitadle las ataduras y la venda
-
Agradecería que me permitieran conservar la venda –interrumpió elpríncipe-.
-
De acuerdo –asintió Gaviota, intrigado por aquella solicitud tan fuera de locomún-. Tengo entendido que quería usted verme.
-
Al contrario, no quiero verle de ninguna manera, y por eso prefiero seguirvendado; lo que quiero es hablar con usted... para beneficio mutuo.Aquel pequeño toque de humor, que hablaba bien claramente de la sangrefría del príncipe, hizo estallar en una sonora carcajada a todos los presentes, aincluso, llegó a hacer sonreír a Gaviota, poco aficionado a ello.
-
Comprendo. En ese caso, espero sus palabras.
 
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El restaurador y la madonnina della creazione
 
Salvador Bayona_________________________________________________________________________ 
 -
¡Excelente!. Imagino que ya habrá visto las cincuenta mil liras. Las he traídopara usted... para ustedes.
-
Un donativo muy generoso –ironizó Gaviota, a quien, efectivamente, leparecía una cantidad considerable-, muchas gracias.
-
No es un donativo, sino un pago, o, mejor dicho, la primera parte de unpago.Gaviota debía reconocer que el príncipe sabía cómo despertar el interés desu interlocutor, y aunque seguía ignorando sus intenciones, ahora estaba seguroque desde aquel momento, la conversación transcurriría en clave empresarial.
-
Le escucho
-
¡Perfecto!, pero, antes de eso, preferiría que esta reunión fuera lo másprivada posible. Si lo desea puede volver a atarme, pero no quisiera que loque tengo que decir fuera escuchado por más personas de las necesarias.Con un rápido movimiento de mano Gaviota despejó la sala, de maneraque únicamente quedaron, además del príncipe y él mismo, Perséfone ySteramov, su segundo.
-
¡Gracias! –prosiguió el príncipe cuando sintió que su petición había sidoatendida-. He venido para darles la posibilidad de que hagan algorealmente importante por su causa, mucho más que emboscar viejoscarabinieri o reventar líneas de telégrafo, siempre y cuando, claro está,estén ustedes interesados en afectar directamente a los proyectospersonales del propio Göring y conseguir fondos para su causa.Ninguno de los presentes hizo ningún sonido, pero intercambiaronexplícitas miradas, incluido Gaviota, el cual había sabido ya a través de Perséfonede sus intenciones, aunque le sorprendió el nivel al que se iba a producir latraición.
-
Interpretaré el silencio como afirmación –continuó el príncipe-. ¡Bien!, en lanoche del miércoles un camión alemán, guiado por un enviado de Göring ysin escolta, saldrá de casa de Beppo Scarampa en dirección a Milán, desdedonde su cargamento será enviado por tren a un lugar secreto deAlemania. Este camión debe ser detenido y quemado hasta las cenizas. Sicumplen con éxito su misión recibirán doscientas mil liras, de las cualesesas cincuenta mil son el primer pago.
-
Demasiado evidente para ser verosímil –pensó Gaviota, quien estabaobligado a sospechar argucias enemigas encaminadas a desactivar lacélula- y, al mismo tiempo, demasiado absurdo para tratarse de una treta.Si alguien quisiera engañarnos, no intentaría hacernos creer que este nazi seha vuelto de repente contra los suyos, ni mucho menos arriesgaría su vidaen un plan tan descabellado.
-
¡Oh!, comprendo su suspicacia –prosiguió el príncipe, como si hubieratomado el hilo de sus pensamientos-. También yo la tendría. Pero tengo se
 
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El restaurador y la madonnina della creazione
 
Salvador Bayona_________________________________________________________________________ 
 
que usted es un hombre cultivado y coherente y que sabrá entender lo quequiero decirle. En primer lugar, como ya debe usted saber, no tengoparticipación activa oficial en las actividades militares ni políticas de sugobierno, y ni tan siquiera del mío propio, aunque por mi posición socialmuchas veces debo entender de política, incluso cuando no quisierahacerlo. En definitiva, que no estoy interesado en absoluto por su guerraexcepto en aquello que pueda beneficiarme, por ello no les considerorealmente mis enemigos, ni yo creo serlo de ustedes.
-
¡Es usted despreciable! –intervino Steramov, cuya sólida convicciónideológica, rayana al fanatismo, no resultaba en absoluto conveniente enaquellos momentos. Gaviota se dio cuenta de la impertinencia y le hizocallar con un rápido gesto de su mano-.
-
No le conozco, pero comprendo que pueda usted pensar eso. De hecho,comprendo que
deba
usted pensar eso. De lo contrario dudo mucho quepudiera seguir ejerciendo esta... “actividad”. Pero en el fondo todosperseguimos un objetivo, y sólo éstos son los que difieren realmente, no lanaturaleza misma de nuestras acciones, que sólo aparentemente parecendiferentes, cuando no opuestas. ¿No está usted de acuerdo, señor Gaviota?
-
Tal vez pudiéramos seguir hablando de ética toda la noche –atajóirónicamente Gaviota, quien no había concedido crédito ni por unmomento aquel presunto humanismo de su interlocutor -, pero yo no tengotiempo y me temo que el suyo se está agotando rápidamente. ¿No estáusted de acuerdo, señor príncipe?. Así que será mejor que continúe con suexplicación, a no ser, claro está, que tenga usted prisa por morir.
-
¡Por supuesto!. Espero que la franqueza con la que voy a hablar leconvenza definitivamente de lo recto de mis intenciones –Gaviotacomprobó satisfecho que había conseguido poner en tensión nuevamente alpríncipe-. Como iba diciendo, mi posición me ha permitido saber quedesde hace dos meses su grupo ha reducido sus actividades al mínimo, sinque haya mediado acción policial o militar alguna. No hace falta serdemasiado inteligente para comprender que se están reorganizando, y queesa reorganización está directamente relacionada con sus “posibilidadesfinancieras”. Veo por su silencio que no ando demasiado alejado de larealidad –la sorpresa que produjo descubrir cuán acertadas eran laspalabras de aquel alemán provocó que tanto Steramov como él contuvieranel aliento involuntariamente-. Pues bien, este trabajo que les propongo lesvendrá muy bien, ahora que se ha abierto el frente ruso, y cada vez haymenos probabilidades de recibir ayuda de los países enemigos... quierodecir, de sus países amigos.De nuevo se hizo el silencio, pero sólo aparentemente, puesto que elcerebro de Gaviota era una auténtica algarabía donde resonaban, llenas de eco, laspalabras del príncipe y donde, recurrentemente, asomaba la misma pregunta:

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