Paraguay: ¿una nueva Honduras?
Por Pablo Stefanoni / semanario Pulso (Bolivia)
Hace poco más de un un año, el entonces obispo emérito Fernando Lugo conseguía lahazaña: poner fin a una hegemonía de seis décadas del Partido Colorado, con unaalianza con los liberales y el apoyo de los movimientos campesinos y populares de un país gobernado por mafias de toda calaña, dedicadas a todo tipo de tráficos, contrabandoe ilegalidades diversas, amparadas por un poder con el que compartían el botín. Osimplemente eran las mafias las que ejercían, sin intermediarios, el poder. El dictador Alfredo Stroessner fue el gran organizador de este modelo: se afincó en el trono en losaños 50 y se quedó en él hasta que fue derrocado por su yerno, Andrés Rodríguez, unode los grandes narcotraficantes del país, en 1989. Había que seguir haciendo negocios... pero en democracia. Los tiempos habían cambiado.Hartos del continuismo, no es casual que en un país donde la izquierda fue perseguida ycasi exterminada, el anticomunismo devino política de Estado (una gigantesca estatuadel líder chino anticomunista Chiang Kai Chek queda como recuerdo en la avenida delmismo nombre en plena Asunción), y la moral pública es un imperioso objetivo aconquistar, los paraguayos hayan apostado a un obispo, de una región popular, parasacar del pozo a la “isla rodeada de tierra”, al decir de su principal escritor, AugustoRoa Bastos. Pero para poder ganar, Lugo se alió con los liberales, un partido tradicional,que hoy controla el Parlamento con los colorados y los “colorados éticos” (unacontradicción en todos sus términos) del ex golpista fascistoide Lino Oviedo.Tras llegar al poder, la audacia del ex clérigo para acabar con el viejo Estado no fue precisamente su principal cualidad. Pero, al igual que en Honduras con las pequeñasreformas de Manuel Zelaya, la rancia elite paraguaya no soporta al ex obispo comoPresidente. Sólo un parámetro: hacer un simple catastro de las propiedades agrícolas yaes una medida revolucionaria en Paraguay, donde entre terratenientes nativos y brasiguayos (hijos de brasileños nacidos em Paraguay) controlan sus haciendas a puntade escopeta.Además, en septiembre, Lugo anunció la cancelación de ejercicios militares entre 500militares de Estados Unidos y efectivos de Paraguay, programados para 2010 bajo elnombre de “Nuevos Horizontes”. “No es prudente ni conveniente en este momento y podría dar lugar a una repercusión de cuestionamientos entre los otros países hermanosdel Mercosur y Unasur”, dijo entonces Lugo con tono pastoral. “Es una decisiónlamentable, pero la respetamos. Esperemos que esto no sea un indicio de rechazo alresto de nuestros programas”, reaccionó la embajadora de EE.UU. Liliana Ayalde, conese tonito de sutil amenaza que el término “esperamos” suele tener en boca de losdiplomáticos del país del Norte. Efectivamente, por ahora otros programas decooperación, incluidos algunos en el área militar, se mantienen. “Poncho yuru” Su política del “poncho yuru” (ubicarse en el centro, como la boca del poncho) noahuyentó, sin embargo, los fantasmas que la burguesía paraguaya se hace sobre untránsito de Paraguay hacia el “comunismo” de Chávez, Evo y Correa. Hace unas dossemanas, se conoció un e-mail (filtrado por error) de un ganadero chileno de apellidoAvilés, residente en Paraguay desde algo más de 30 años, en el que propone realizar unacontribucón entre su pares empresariales para comprar armamentos, formar escuadronese identidficar y matar comunistas (ver más abajo). Esa propuesta se conoció enmomentos en que ponía en marcha un plan para terminar con Lugo vía juicio político. Yesta semana hubo otra denuncia por un caso de paternidad no reconocida: los affair del
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