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 La extrema derecha en guerra
 
El “bello egoísmo” estadounidense contra Barack Obama
 Pablo Stefanoni / Pulso BoliviaSon los más conservadores entre los conservadores, los más
libertarians
entrelos
libertarians
, los ultras, la derecha de la derecha más recalcitrante, los que noconocen de sutilezas y creen que la administración de Barack Obama –flamante PremioNobel de la Paz– lleva a Estados Unidos al comunismo y al nazismo al mismo tiempo,los que niegan que el primer presidente negro haya nacido en Hawai… pero lo que encualquier otro país democrático-occidental serían grupos marginales, propicios para elmanicomio, en Estados Unidos cuentan con grandes medios de comunicación –como lacadena Fox– y capacidad de movilización masiva para expresar sus delirios ideológicos.Desde hace algunas semanas, estos grupos capaces de detectar comunistas en los sitiosmás inesperados, están en pie de guerra contra la reforma de la salud de Barack Obama,que en cualquier país europeo no llegaría a merecer el calificativo de socialdemócratapero que en Estados Unidos es considerada por la derecha el primer paso hacia unEstado totalitario. Al movimiento de resistencia le llaman el
Tea Party
, en referencia almotín del té, que en 1773 se desencadenó contra el aumento de impuestos a variosproductos –incluyendo el té– y se considera el preludio de la lucha por laindependencia.La campaña de odio contra Obama –dice el diario
 El País
– tiene en pie de guerra a loslocutores de radio, presentadores televisivos e internautas más vitriólicos de la másextrema de la derecha estadounidense. Rush Limbaugh desde su micrófono o GlennBeck –el nuevo hombre duro de los radicales– desde los estudios de la Fox llaman a lainsurrección. “Nos están robando América y quizá ya sea muy tarde para salvarla”,arengaba Beck a sus seguidores en una intervención radiofónica. El fundamentalistaLimbaugh ha llegado incluso a hablar de racismo invertido y ha usado de ejemplo paraacabar con la Administración demócrata un incidente en el que dos estudiantes negrosgolpearon a un chico blanco en un autobús. Limbaugh reclama “autobuses segregados”.“En los Estados Unidos de Obama, los chicos blancos son golpeados y los negritosaplauden”, dijo el locutor.
“Lower taxes, less government, more freedom”
(Impuestos más bajos, menos gobierno,más libertad), es el lema del Freedomworks. Como en tantos otros forosultraconservadores, se pusieron en pie de guerra contra un discurso de Obama ante losniños de una escuela de Virginia el día del comienzo de las clases, donde el mandatarioles dijo a los escolares cosas tan terribles como que trabajen duro para lograr el éxito o“Necesitamos que cada uno de vosotros desarrolle sus talentos, su inteligencia y sushabilidades para poder resolver nuestros problemas más difíciles. Si no lo hacéis, siabandonáis la escuela, no sólo os abandonáis a vosotros mismos, abandonáis a vuestropaís”. Y les pidió que manden cartas para “ayudar al Presidente”. Pero lo que encualquier parte sería aceptado como un políticamente correcto estímulo a los jóvenes,las delirantes cabezas de la extrema derecha norteamericana –amante de las armas, de lasupremacía blanca y adversa como nadie al Estado– procesaron el mensaje como unlavado de cerebro propio de dictadores Mao, Stalin o el genocida camboyano Pol Pot.Grupos como Focus on the Family pidieron ese día a los padres que no enviaran a losniños a la escuela para boicotear el acto, que fue transmitido en otros establecimientos.Pero hoy la batalla es por la salud. Los conservadores y “libertarios” de derecha(
libertarians
) se oponen a la reforma de salud que deja afuera casi 50 millones de
 
personas (15% de la población), acentúa las desigualdades y deja todo en manos deproveedores privados. En un artículo en la revista
Umbrales de América del Sur 
, ErnestoSemán, escribe que la mitad de los pedidos de quiebra individuales durante 2007 estánrelacionados con el pago de cuentas médicas de aquellos que carecen de un seguromédico abarcativo. Y Michael Moore, en su famoso documental, conmovió a losespectadores con los perversos padecimientos que sufren los “asegurados” frente a losabogados contratados por las empresas de salud para encontrar razones legales pararechazar los tratamientos.
Épica anti-colectivista
 “Ni siquiera es uno de los nuestros”, decía una manifestante que repartía fotocopias delcertificado de nacimiento de Obama que aseguraban que no es un ciudadanonorteamericano en una de las marcha de protesta de septiembre. “Tenemos unpresidente ilegítimo. Un presidente que va a acabar con América y los americanos. Hallegado el momento de actuar, abajo el gobierno”.En este clima, los servicios secretos estadounidenses tomaron bastante en serio einiciaron una investigación sobre una encuesta creada en la red social Facebook en laque se preguntaba si se debería asesinar a Obama, que fue retirada por la empresa por“contenido inapropiado”, lo que impidió finalmente conocer los resultados. “Cada díagana más peso la posibilidad de que los militares tengan que intervenir como últimorecurso para solucionar el problema Obama”, escribe el columnista del sitio digitalNewsmax, foro de encuentro en Internet de los extremistas, reproducido en matutino
 ElPaís.
Y en la rebelión contra la reforma de la salud, que sacó a la calle a la derecha,confluyen una treintena de organizaciones conservadoras, desde el Club para elCrecimiento o el Instituto para la Empresa Competitiva hasta el oscuro Centro para losDerechos Individuales Ayn Rand –señala el periodista Michael Tomasky, en laprestigiosa revista
The New York Review of Books
, que estima que este movimiento delpartido del té podría tener el apoyo de alrededor del 25% del electorado estadounidense.La filósofa Ayn Rand –autora de
 El Manantial
(1943) y
 La rebelión de Atlas
(1957) –es una buena base para entender a los llamados “minarquistas” (partidarios de un estadosúper mínimo) o liberales libertarios (
libertarians
). Nacida en Rusia en 1905 y emigradaa Estados Unidos en 1925, fue una defensora sin matices del egoísmo racional, elindividualismo extremo y el capitalismo
laissez-faire
. Dice en
 El Manantial
: “El ego delhombre es el manantial del progreso humano”. En efecto, el personaje de la novela esun arquitecto con “un ego puro y cristalino no contaminado por el detritus de vulgaridadcolectiva”. Nada le perturba; ni los clientes ni las penurias económicas consiguentransformar su idea de la belleza que exterioriza a través de sus angulosasconstrucciones y erizados rascacielos. De este modo, se granjea el odio de loscolectivistas, de aquellos que aspiran a la felicidad del conjunto y matan el ego paraobtener algo que está fuera de su alcance: la felicidad colectiva. “El verdadero egoísmoes bello, natural, gratificante; nada hay más armónico que dos seres humanosintercambiando el producto de su esfuerzo, de su creatividad. Es un acto de amor. Lapiedad, sin embargo, implica superioridad; el altruismo implica desprecio superlativohacia el ser humano; la solidaridad implica sumisión, dominación, infelicidad. La únicasolidaridad posible es la lealtad con uno mismo, porque el que no se ama a sí mismo, nopuede amar a los demás. El que así actúa únicamente siente desprecio, y sólo buscamitigar su carga de culpa, redimiéndola con un acto de ofrenda al monstruo devoradorde almas”, dice un blog elogioso de esta filosofía “objetivista”. La rebelión de Atlas esquizás más explícita aún: “La historia de
 La rebelión de Atlas
presenta el conflicto de
 
dos antagonistas fundamentales, dos escuelas opuestas de la filosofía, o dos actitudesopuestas hacia la vida. Como forma breve de identificarlas, las llamaré el eje
‘razón-individualismo-capitalismo’
versus el eje
‘misticismo-altruismo-colectivismo’
”,explicaba la autora en una conferencia en el Ford Hall forum en 1964. El libro divide lafibra social de Estados Unidos en dos clases: la de los saqueadores y la de los no-saqueadores. Los saqueadores están dirigidos por la clase política, que piensa que todaactividad económica debe estar regulada y sometida a una fuerte imposición fiscal. Losno-saqueadores son hombres emprendedores que piensan que la solución está justamente en todo lo contrario. La trama: surge un movimiento de protesta de “loshombres de la mente”, acompañado de sabotajes de empresarios y emprendedores, quedesaparecen misteriosamente. El líder de este movimiento es John Galt, a la vez unfilósofo y científico. Galt, desde su escondite en las montañas, da órdenes, sugiereiniciativas y mueve todos los hilos. Junto con él se refugian los principales empresarios.Durante el tiempo que dura la huelga y la desaparición de los empresarios, el sistemaamericano se va hundiendo bajo el peso del cada vez más opresivo intervencionismoestatal. La obra termina cuando los empresarios deciden abandonar su escondite de lasmontañas Rocosas y regresan a Wall Street y a los centros de decisión; marchanencabezados por el dólar, símbolo que Galt ha elegido como ícono de su singularrebelión.
Ciudadanos enojados
 “¿Por qué no poner un sitio web para que la gente vote en Internet, como unreferéndum, para ver si realmente queremos subvencionar las hipotecas de losperdedores, o nos gustaría, al menos, comprar coches y comprar casas en ejecuciónhipotecaria y darles a las personas una oportunidad de prosperar en realidad, yrecompensar a aquellos que podrían llevar el agua en lugar de beberla?”, se preguntabaen la cadena CNCB unos de sus periodistas en Chicago en febrero de este año, en laconocida como “diatriba Santelli” –que apeló abiertamente a Ayn Rand– luego de quela administración Obama anunciara un plan de 75 mil millones dólares para ayudar avarios millones propietarios de casas a evitar la ejecución. De allí nació el Te Party, quese expandió como reguero de pólvora.Michael Tomasky, en el artículo citado, distingue la ira “genuina” de parte de laciudadanía que rechaza el rescate bancario, el rescate de la industria automotriz eincluso la reforma de la salud de otros tipo de odio, “menos respetable” contrael primer mandatario afroamericano, como el epíteto de “Parasite-in-Chief” (parásito en jefe, parafraseando el título de Comandante en Jefe del Presidente de Estados Unidos),o
“Obammunism Is Communism”.
A tal punto llegó la histeria que el columnistaThomas Friedman compara la actual situación que se vive en EE.UU. con los mesesanteriores al asesinato de Isaac Rabin en Israel, en 1995. “Ese paralelismo me revuelveel estómago. No tengo problema con las críticas razonables, vengan de la derecha o dela izquierda –escribe Friedman en The New York Times– pero la extrema derecha hacomenzado a volcarse en deslegitimar el poder y crear el mismo clima que existió enIsrael antes del asesinato de Rabin”.Tomasky sostiene que con apoyo de corporaciones y canales de televisión –recursoscon los que no contaba la “izquierda” cuando protestaba contra el neoliberalismo deRonald Reagan–, es posible que esta batalla callejera de los ultraconservadores yultraliberales sea parte del paisaje político de los próximos años. El periodista de
The New York Review of Books
describe el mecanismo de los llamados grupos “céspedartificial”, supuestamente alimentados por espontáneos ciudadanos indignados. Primero,
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