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Leopoldo

Leopoldo

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01/12/2015

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“A mis compañeros de lucha de la Unidad Democrática y a todos los venezolanos quienes queremos conquistar la democracia. Les escribo esta carta desde mi celda de la cárcel de Ramo Verde cuando cumplo cinco meses de encarcelamiento injusto por haber llamado a la protesta no violenta y a la conquista de la democracia por la vía popular y constitucional. No soy el único preso, somos más de 150 los presos políticos incluyendo a los dos alcaldes destituidos y encarcelados, Enzo Scarano y Daniel Ceballos, y a Iván Simonovis y los policías de la PM que ya cumplen 11 años de prisión injusta. Venezuela se está cayendo a pedazos, la crisis es en todos los ámbitos y no hay ningún análisis, ni los de voceros del propio régimen, que indiquen que por el camino que vamos saldremos de esta crisis que afecta la vida de millones de venezolanos, todos los días. El origen de esta crisis no es el colapso del precio del petróleo, ni una invasión extranjera, tampoco lo es una guerra económica y mucho menos es culpa del pueblo venezolano. El origen de todos los problemas es el mismo: el sistema. Un modelo económico fracasado que, en lugar de haber aprovechado la más grande bonanza petrolera en 100 años, ha permitido el crecimiento de la pobreza y de la pobreza extrema. Un sistema de gobierno antidemocrático, corrupto, ineficiente y militarista que ha instalado un Estado delincuente que pretende echar raíces profundas para favorecer a una elite gobernante que ya asoma el despotismo hereditario para mantenerse en el poder por generaciones. Este sistema nosotros lo hemos calificado cómo DICTADURA, una Dictadura del siglo XXI, una dictadura a color, pero a fin de cuentas una DICTADURA. Pero para no polemizar si es o no una dictadura quedémonos en el punto de encuentro que concluye que el origen de la crisis generalizada es el sistema. Es decir el origen del problema es político y su solución tiene que ser política. Siendo el problema el sistema, estamos obligados a hacernos, y respondernos, la pregunta: ¿salimos del sistema o permanecemos prisioneros de él? El dilema está centrado allí, salir o permanecer. Nosotros optamos por salir, una salida que sea popular, democrática y constitucional, pero irrevocablemente comprometida con salir del sistema y conquistar la democracia. Sin concesiones; no las puede haber, como no las hubo para quienes salieron a conquistar la independencia de Venezuela o para quienes salieron a derrocar la dictadura de Marcos Pérez Jiménez.  Ante esta realidad se ha abierto un debate en el seno de la oposición democrática. Lo primero que quiero decir sobre esto, es que no está mal el debate dentro de la Unidad nacional, más bien es una señal positiva que tengamos visiones diferentes, siempre y cuando no dejemos a un lado dos condiciones necesarias, definir un objetivo común y mantenernos unidos.
 
El debate es positivo, ya ocurrió en el pasado reciente cuando en el 2009 promovimos primarias y tarjeta única, propuesta que fue duramente criticada por algunos compañeros de la oposición en sus inicios, pero que luego fue asumida como el camino a seguir por todos quienes creemos en la Unidad. Para lograr el cambio que queremos es necesario debatir y hacerlo sin miedo, con respeto, pero sin temor a disentir. Lo que sería reprochable es actuar como el oficialismo, quienes ante las voces disidentes que ya señalan su división interna, optan por la descalificación, los tribunales disciplinarios y el torniquete al debate. Ese jamás debe ser nuestro proceder. Más bien todo lo contrario, para conquistar la democracia, practiquémosla, seamos demócratas en nuestro proceder interno para ganarnos la legitimidad de poder conducir el país, que siempre tendrá visiones encontradas sobre distintos temas, de manera democrática. Sobre este debate ya hay sobre la mesa distintas propuestas que me voy a permitir comentar de forma respetuosa. Ramón Guillermo Aveledo y Henri Ramos Allup (AD) han insistido en retomar el dialogo con el régimen sin condicionarlo para que pueda fluir. Ya esta opción tuvo un primer ensayo fracasado, no por culpa de la oposición sino porque el régimen lo utilizó como un mecanismo para aplacar la protesta popular y no para tejer un entendimiento nacional. Así acertada y oportunamente lo señaló esta semana la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) que estando representada en el diálogo en la persona del Nuncio Apostólico tiene toda la autoridad moral para llegar a esta demoledora conclusión de lo que fue este primer ensayo. Nos preocupa que un nuevo episodio del diálogo sea utilizado por el régimen para avalar medidas extremas como el aumento del precio de la gasolina, una maxidevaluación y otras medidas muy duras que no merecen ser aplicadas bajo un manejo opaco y corrupto de la economía como el que actualmente tenemos. Convocan a pagar la factura entre todos para que ellos sigan robando y botando los recursos de todos los venezolanos. Sobre el diálogo tenemos que estar claros que no hay diálogo efectivo sin presión de calle. Nuestro pueblo lo sabe: así como los obreros organizados en sindicatos protestan para lograr el contrato colectivo, los estudiantes lo hacen por el pasaje o el comedor, y los barrios por la falta de agua, así debemos actuar desde la protesta no violenta para lograr que el régimen acceda a un diálogo real que genere el único resultado aceptable: el camino hacia la democracia. Henrique Capriles ha insistido en que el objetivo de la oposición debe ser el cambio del CNE. Tiene razón Henrique, tenemos que cambiar el CNE, pero también a la Contraloría que avala la corrupción endémica con su pasividad cómplice; a la Fiscalía que encarcela a inocentes y deja en libertad a asesinos; al TSJ que tuerce la Constitución con sentencias que criminalizan la protestas, militarizan la política y avala la corrupción; a la Defensoría del Pueblo que solo defiende los intereses del PSUV; de la Asamblea Nacional que es inoperante
 
como resorte del debate y contraloría política y democrática; y por supuesto al ejecutivo encabezado por Nicolás Maduro que es responsable de las más alta ineficiencia y corrupción que se haya conocido en la historia del país. El problema es el sistema. Ya en el pasado la oposición se enfrascó en centrar el debate en el CNE sin ningún resultado. Con esto no quiero decir que hay que dejar de buscar el cambio del CNE, sí hay que hacerlo ya que todas las soluciones pasan por procesos electorales, solo digo que allí no está la solución del problema político de fondo, el CNE es un medio y no un fin. Primero Justicia propone la tesis de acumulación de fuerzas y proponen como ruta para el cambio las elecciones de la AN en el 2015. El problema con esta propuesta es que ya hemos ganado y no ha sido reconocida la voluntad popular. Así pasó en el 2010 con las elecciones de la Asamblea Nacional. Ganamos el voto popular con el 52% pero el oficialismo obtuvo mayoría de diputados y desarticularon la AN con habilitantes, destitución de diputados y minimizando el impacto de esta instancia. Además esta opción sería inefectiva para lograr un cambio en los Poderes Públicos, que no podrían ser cambiados aún ganando la mayoría de los diputados, ni tampoco resuelve el problema de la urgencia del cambio. Ganar y no cobrar también ocurrió en abril del 2013, tal como lo dijo Henrique Capriles a Venezuela y al mundo: ganamos las elecciones pero por el cerco institucional hoy gobierna Maduro. Insisto: El problema es el sistema, no solo el CNE. Es necesario revisar y reorganizar la MUD y adaptarla a esta nueva etapa tal como lo propone Antonio Ledezma, con respeto, amplitud pero con el sentido de urgencia que amerita el momento. En este sentido María Corina Machado, Copei, Bandera Roja y otras organizaciones proponen la convocatoria de un Congreso Amplio de Unidad Nacional, como un mecanismo para ampliar y democratizar la Unidad Nacional que sin duda alguna es una tarea pendiente y necesaria ya que el país democrático es mucho más grande que los partidos políticos que hacen vida en la MUD. Esta convocatoria a un Congreso Amplio podría ser el escenario ideal para la definición entre todos de una ruta a seguir para el cambio del sistema. Fue precisamente esa la deliberación que hace 203 años tuvieron nuestros padres de la independencia quienes luego de tres días de deliberación acordaron firmar el  Acta de Independencia 10 años antes de conquistarla. Es decir, la declaración de independencia el 5 de Julio de 1811, fue la definición de un rumbo a seguir que solo se hizo realidad luego de muchos años de lucha y sacrificio, pero lo lograron porque sabían hacia dónde iban y qué querían conquistar asumiendo todos los riesgos.

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