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PONENCIA SOBRE PEDAGOGÍA ARTÍSTICA /LA PEDAGOGÍA DEL ARTE, UNA EXPERIENCIA DE CREACIÓN EINTERCAMBIO
II CONGRESO DE LAS ARTESWILI PINTO CÁRDENAS
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ara reflexionar sobre la pedagogía artística, una experiencia compleja y polivalente,se hace necesario combinar un conjunto de miradas, como cuando uno quiere examinary percibir los estímulos, características y secretos de un tejido: es indispensableapreciar no sólo la trama, los dibujos y motivos, sino también la urdimbre, la base endonde los hilos se enraízan, conectan y relacionan configurando el resultado con sudiversidad de colores, direcciones, tensiones, nudos y texturas.Muchas veces, cuando he preguntado a personas que inician su formación en el teatro,¿por qué quieres ser artista?, he recibido las siguientes respuestas: porque creo quepuedo dar mucho, o porque quiero expresarme a los demás. Otros contestan: porque esuna forma diferente de vivir y de percibir el mundo..,o, no estoy conforme con lo quehago actualmente, no me satisface. Otra respuesta suele ser: algo me dice que pruebe,quiero experimentar y descubrir, quiero hacer y proponer cosas nuevas. Alguien me dijoúltimamente: “porque es una de las pocas formas que quedan de rebelarse y decir laverdad, por lo menos tú verdad”.Creo que una experiencia pedagógica, para ser fecunda, debe asumir sus propios riesgos,desafiar permanentemente a los artistas, cuestionar sus paradigmas y a partir de esecuestionamiento permitir que se desarrollen y evolucionen, resguardando y cualificandosus primeros impulsos: el impulso de dar, de probar, de ver más allá, de transformar,aceptando la inestabilidad como una condición para crecer; el impulso de transgredir,de descubrir y experimentar, y también, el impulso de diferenciación, el derecho a ladiversidad, a la rebeldía y a la no- estandarización de las ideas, caminos, corrientes,metodologías y concepciones para la vida y práctica artística.Aprender, es una forma de recordar, y recordar como plantea Eduardo Galeano, vienede
re – cordis
, volver a pasar por el corazón: Entonces, en un mundo cada vez másescindido y fragmentario, aprender y enseñar, debería ser en primer lugar reintegrar laconexión entre el cuerpo, la cabeza y el corazón. Un proceso compartido de creación eintercambio, una experiencia liberadora que permita a las personas involucradasrecuperar y construir su condición de individuos, es decir, según la acepción planteadapor Jerzy Grotowski, su condición de personas integradas, diferenciadas, in-divisas.Pero para construir, en el arte y la pedagogía, hay que estar dispuesto a destruir:“Cuando se comienza un cuadro (decía Pablo Picasso), se encuentran a menudo cosasbonitas. Uno debe defenderse de ellas, destruir su cuadro, rehacerlo varias veces...”
 
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La cita de Picasso es más extensa, pero me gustaría completarla hacia el final de estaponencia.En realidad, no deberíamos entonces pensar, de manera pre-establecida y utilitaria, enla pedagogía como una experiencia para enseñar a hacer arte; sino concentrarnosespecialmente en el desarrollo de la capacidad de de-construir, de percibir, de volver amirar, de conectar, de pensar y accionar en términos paradójicos, de jugar, de confiaren el instinto, de generar y re-articular relaciones, encontrando en cada proceso unamanera renovada de descubrir y producir arte: una experiencia que canalice los impulsosmás personales vinculándolos con el contexto interpersonal y social.Henry Matisse decía: “No pinto las cosas, sino las relaciones entre las cosas”. Y Zeami,el padre del antiguo teatro Nö del Japón, plantea en sus escritos para la transmisión delarte del actor, que éste debe ejercitarse para aprender a mostrar lo invisible, danzar enla quietud y abarcarlo todo en el vacío. Sólo haciendo puedes aprender, y sin embargodebes aprender a no hacer nada.En esta forma de teatro altamente desarrollada, no se enseña cómo actuar o danzar. Seenseña a ser y estar con absoluta plenitud en el espacio-tiempo escénico para poderser actuado y danzado. El artista es por un lado un ejecutor, un generador y por otro,igualmente importante y complementario, un canal, un puente, un conector.Otro aspecto que considero vital en el proceso pedagógico es el trabajo para elreconocimiento y la conexión profunda con la memoria, no me refiero sólo a la memoriaintelectual, más o menos inmediata y personal; sino a aquella memoria orgánica quetodos tenemos, que va más allá de lo acumulado por la conciencia y más allá de laexperiencia individual, un tipo de memoria raigal que muchas veces se encuentraadormecida y bloqueada por el influjo unilateral y excluyente del racionalismo y elnarcisismo occidental y por una chata visión de la modernidad y de las tecnologíaseducativas.Despertar la memoria orgánica nos permite acceder de maneras distintas a otrasdimensiones de la experiencia y a fuentes insospechadas para el desarrollo de nuestraenergía creativa, intensificando nuestras relaciones y nuestra interacción con elentorno, aquí y ahora. El trabajo sobre la memoria no debe entenderse como unamirada hacia atrás si no por el contrario, como una fuente de estímulo e identidad parapoder asumir el trabajo sobre el presente. Es como la conexión entre las raíces y losfrutos que mantiene la vida de los árboles.Dije al comenzar que la pedagogía artística debe asumir riesgos y que debe asimismo seruna experiencia compartida entre maestros y alumnos, una experiencia que resguarde ycualifique los impulsos esenciales que llevan a una persona a decidir su vocación por elarte, en un medio en el que esta profesión es por lo general subvalorada eincomprendida. Esto supone una relación dinámica entre identificación y crítica, entrecontinuidad y ruptura, entre conservación y cambio, entre herencia y re-generación.Si no asumimos con amplitud esa relación y sus consecuencias, como parte natural detodo proceso que evoluciona, entonces caemos en una conducta e institucionalidadpedagógica esquizoide: personas o instituciones que en la teoría cuestionan por ejemplo,el autoritarismo o el racionalismo, o el etnocentrismo occidental, o el carácterexcluyente de nuestra sociedad, o los vicios y el carácter despótico, mercantilista ydiscriminatorio del poder mediático; pero que sin embargo en la práctica reproducen de
 
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manera implícita esos modelos e inducen a sus estudiantes a adaptarse, aceptarlos yperpetuarlos en nombre de la modernidad, de la competitividad profesional o de lainserción en el mercado laboral.De esta manera el sentido crítico y los impulsos de renovación, propios de los inicios,quedan constreñidos a la vida estudiantil y son reducidos a un simple ejercicio para el“alivio de las tensiones propias de la juventud o de la inexperiencia”. En el fondo,aunque la imagen externa diga otra cosa, en muchos casos, existe un granconservadurismo que se auto-protege y propende principalmente a la asunción depatrones evasivos, de acomodo y permisibilidad. Como planteó Erick Fromm, tendríamosque analizar, en el contexto de una sociedad e instituciones, por decir lo menos, pocosaludables, quiénes son los sanos, dónde está lo patológico: en las personas que seadaptan, reprimiendo y enmascarando su disconformidad o en aquellos que se resisten,proponen nuevas posibilidades y son capaces de expresar a contracorriente sus puntos devista y necesidades, recusando el carácter fatal e inamovible del orden establecido.Obviamente, en estos asuntos existen muchos matices. No se trata de reinventarlo todoo de poner las cosas en un sólo costal. Tampoco se trata de realizar propuestaspretendidamente transformadoras o innovadoras de manera gratuita, voluntarista eirresponsable.La principal tarea de quienes participamos de los procesos de la pedagogía artística ynos proponemos plantear y ejercer una posición crítica y autocrítica, radica en elevar losniveles de exigencia en la calidad de los actos y procesos formativos y en trabajar contrala esquizofrenia “formativa”, abriendo la reflexión y la práctica a nuevos paradigmas. Esnecesario por ejemplo, desarrollar y construir una visión holística del arte y elconocimiento humano. Es necesario también reconocer que existen diferentes caminos,no todos académicos, pero igualmente respetables y eficaces para la formación artística.Reconocer que la posición más fecunda no es la de excluir o estigmatizar aquello quenos es lejano, desconocido u opuesto, sino la de establecer vínculos y relacionesdinámicas, tolerantes e inclusivas. La de aceptar y promover como una fuente deenriquecimiento la expresión y el diálogo con lo diferente, la valoración de la otredad yde la alteridad.La pedagogía no es sólo un problema de técnicas, de estilos, formas o productos, estambién un problema de ética, de procesos, de seres humanos que deben desarrollar sulabor artística en una sociedad caótica y disfuncional.¿Debemos entonces formar artistas a la medida de dicha sociedad?Es indispensable trabajar no sólo con lo que se ve, sino también con lo medular, aquelloque no se ve directamente pero que determina, muchas veces sin que lo sepamos, laforma, el color, el aroma y la fecundidad de la flor.¿Deben ser los espacios de formación artística, espacios convencionales y pasivos para latransmisión de conceptos y metodologías o podrían convertirse en espacios para lainvestigación y experimentación, para la generación de nuevas posibilidades en laevolución de las artes?¿Y qué es en esencia enseñar, formar a los artistas?. Para mí es fundamentalmente, unviaje creativo en el que lo planeado se complementa con lo imprevisto, la seguridaddanza con la inestabilidad, un viaje de ida y vuelta en el que son las peripecias y el

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