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Encerrados. Violación al derecho a la convivencia familiar y comunitaria y alternativas de solución. Mención especial

Encerrados. Violación al derecho a la convivencia familiar y comunitaria y alternativas de solución. Mención especial

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Encerrad@s. Violación al derecho a la convivencia familiar y comunitaria y alternativas de solución
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 Gaudencio Rodríguez Juárez gaudirj@hotmail.com
Sumario:
 Introducción. I. El derecho a la convivencia familiar y comunitaria. II. Niñas, niños y adolescentes privados de cuidados parentales y encerrados. III. Consecuencias individuales y sociales de la privación de cuidados parentales y de la institucionalización. IV. Alternativas para el restablecimiento del derecho a crecer en familia y en comunidad. V. Reflexiones finales: sin familia y comunidad no hay humanidad.
 
Introducción
¿Qué quieres ser cuando crezcas?
 
 –
le preguntó la educadora a un niño de cuatro años de una casa cuna.
Hijo
.
respondió con seguridad y firmeza. En nuestro país tenemos un serio problema: el Estado mexicano carece de información precisa sobre el número de niñas, niños y adolescentes albergados en instituciones de acogida y sus condiciones de vida. El primer censo de la historia de México de albergues públicos y privados, realizado por el Sistema Nacional DIF en el 2011, reportó la cantidad de 18 mil 533 menores de edad viviendo en 633 centros asistenciales en 30 entidades federativas del país.
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 Siete años antes la estudiosa del tema de la adopción, Norma Mendoza (2004), había calculado que para entonces vivían en algún albergue 34 mil 650 menores; casi el doble. El pasado 2012 el titular de la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Jalisco, Felipe de Jesús Álvarez Cibrián, reconoció que de acuerdo con dos diagnósticos elaborados por dicha Comisión para valorar en qué condiciones laboran y el grado de cumplimiento de los derechos humanos en los centros infantiles, el primer problema fue el desconocimiento del número real de albergues. Aún así establecieron la cantidad de 6 mil 500 menores de edad institucionalizados tan sólo en ese estado; considerando el margen de confianza esta cifra podía aumentar hasta los 7 mil.
“Ni siquiera tenemos definido con toda certeza cuántos niños institucionalizados hay en Jalisco”,
concluyó el comisionado (Comunicación Social del Congreso del Estado de Jalisco, 2012). O sea que en una sola entidad federativa se calcula casi la mitad del total de menores de edad que estimaba el censo del Sistema Nacional DIF del 2011. El problema radica en que si no se tiene
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 Mención
Especial en el Concurso “Género y justicia” 2013,
categoría ensayo, convocado por el Poder Judicial de la Federación, la Unidad de Igualdad de Género y la Dirección General del Canal Judicial de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, la Oficina en México del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, ONU Mujeres. Entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres, Ambulante, Periodistas de a Pie y Mujeres en el Cine y la Televisión A.C. Ceremonia de premiación 3 de abril de 2014.
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 Recuperado el 21 de noviembre de 2012, de: http://web.dif.gob.mx/?titular=realiza-dif-nacional-censo-de-ninas-ninos-y-adolescentes-albergados-en-el-pais.
 
 
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identificado con precisión cuántos son, dónde están y en qué condiciones viven, tampoco puede haber supervisión y seguimiento efectivo de los casos. Tal escenario motivó la observación número 37 del Comité de los Derechos del Niño de la ONU del año 2006,
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 donde dejó clara su preocupación al respecto y recomendó a nuestro país: reforzar las medidas vigentes para impedir la separación de los niños de sus familias, adoptar medidas eficaces para evaluar el número y la situación de los que viven en instituciones, lo mismo que aprobar un programa para reforzar y aumentar las oportunidades para que tengan otros tipos de tutela, por ejemplo, promulgando leyes eficaces, fortaleciendo las estructuras existentes como la de la familia extensa, capacitando mejor al personal y asignando más recursos a los órganos correspondientes. A siete años de dicha recomendación los esfuerzos no han sido suficientes. A pesar de las acciones emprendidas por nuestro Estado mexicano la situación de este sector de la población infantil sigue siendo grave, sobre todo por invisible ante la carencia de información y ante la falta de una política pública encaminada al restablecimiento del derecho a la convivencia familiar y comunitaria de estas niñas, niños y adolescentes encerrados. Esto puede constatarse al revisar el
Informe de México: avances y desafíos en materia de derechos humanos,
 publicado en el 2011. En él podemos observar el reporte de importantes iniciativas implementadas por parte de nuestro Estado en temas de salud, educación y protección: acciones especialmente dirigidas a niñas y niños indígenas, migrantes o en situación de calle, pero no hacia quienes perteneciendo a este grupo etario se encuentran privados del cuidado de sus padres y viviendo en ámbitos residenciales; al respecto solo se informa del trabajo realizado en materia de adopción, alternativa insuficiente porque dicha institución no es una opción para todas estas niñas y niños. En el presente trabajo constataremos, pues, que como Estado carecemos de información precisa, suficiente y fidedigna acerca de la situación de las niñas, niños y adolescentes sin padres e institucionalizados. Comprobaremos también que quienes ingresan a los ámbitos residenciales viven ahí un segundo abandono, un segundo maltrato
ahora institucional
, una segunda culpabilización
activada por lo que ellas y ellos no viven como medida de protección integral, sino como un encierro del que se sienten responsables ante la falta de explicación de tal medida
, una segunda violación a sus derechos que obstruye su desarrollo humano al impedir la conformación de una identidad sólida y una personalidad bien integrada. Afirmo que el encierro los excluye de la sociedad; su acceso a la justicia queda obstaculizado por las paredes que los confinan e invisibilizan, condenándolos además a la privación de la vida en familia y en comunidad. Expondré las causas y consecuencias que tal situación tiene para estas niñas, niños y adolescentes, así como para la sociedad en su conjunto, y lo más importante, señalaré alternativas y líneas de acción para su solución.
I. El derecho a la convivencia familiar y comunitaria
No puede haber una tarea más noble que la de dar a todos los niños un futuro mejor.
Declaración Mundial sobre la Supervivencia, la Protección y el Desarrollo del Niño
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 Comité sobre los Derechos del Niño, 42º periodo de sesiones, Examen de los informes presentados por los estados partes en virtud del artículo 44 de la Convención. Observaciones finales México, 8 de junio de 2006.
 
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Con la reforma constitucional en derechos humanos publicada el 10 de junio de 2011 los tratados internacionales en la materia se convirtieron en un referente obligado para quienes imparten justicia. En su artículo 1° establece que todas las personas gozan de los derechos reconocidos tanto en la Constitución como en los tratados internacionales ratificados por el Estado mexicano. Numerosos tratados internacionales y regionales de derechos humanos, así como las declaraciones e instrumentos complementarios vinculantes y no vinculantes, formulan principios que enfatizan la importancia de la familia y la comunidad para el sano desarrollo de las niñas, niños y adolescentes.
En los tratados e instrumentos internacionales
El derecho a la convivencia familiar y comunitaria está consagrado en la Convención sobre los Derechos del Niño aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1989, y que entró en vigor el 2 de septiembre de 1990 en México. Desde su Preámbulo se
reconoce “
que el niño, para el pleno y armonioso desarrollo de su personalidad, debe crecer en el
seno de la familia, en un ambiente de felicidad, amor y comprensión”. Por lo que “la familia, como
grupo fundamental de la sociedad y medio natural para el crecimiento y el bienestar de todos sus miembros, y en particular de los niños, debe recibir la protección y asistencia necesarias para poder
asumir plenamente sus responsabilidades dentro de la comunidad”.
 El artículo 5° de la Convención traza la línea de responsabilidad en cuanto al cuidado infantil se refiere, teniendo como prioridad en todo momento a los padres y a los miembros de la familia ampliada o de la comunidad, según establezca la costumbre local, luego a los tutores u otras personas encargadas legalmente del niño. El derecho a ser cuidado por unos padres está signado en el artículo 7°; la obligación común de ambos o, en su caso, de los representantes legales, se encuentra en el 18.1, lo mismo el
interés superior del niño
 como preocupación fundamental de aquellos. En el inciso siguiente se establece que los Estados Partes prestarán la asistencia apropiada para el desempeño de las funciones parentales en lo que respecta a la crianza del niño, y velarán por la creación de instituciones, instalaciones y servicios para su cuidado. De la mano del anterior viene el artículo 27, en cuya fracción 1 señala que a los padres u otras personas encargadas del niño les incumbe la responsabilidad primordial de proporcionar, dentro de sus posibilidades y medios económicos, las condiciones de vida que sean necesarias para el desarrollo del niño, y en su fracción 2 que los Estados Partes, de acuerdo con las condiciones nacionales y con arreglo a sus medios, adoptarán medidas apropiadas para ayudar a los padres y a otras personas responsables por el niño a dar efectividad a este derecho y, en caso necesario, proporcionarán asistencia material y programas de apoyo, particularmente con respecto a la nutrición, el vestuario y la vivienda. El derecho a la convivencia familiar y comunitaria se encuentra asentado también en los instrumentos internacionales en que se apoya la Convención sobre los Derechos del Niño:
-
En la Declaración de los Derechos del Niño encontramos que éste, para el pleno y armonioso desarrollo de su personalidad, necesita amor y comprensión, y que siempre que sea posible, deberá crecer al amparo y bajo la responsabilidad de sus padres y, en todo caso, en un ambiente de afecto y de seguridad moral y material. Salvo circunstancias excepcionales no deberá separarse al niño de corta edad de su madre.

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