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CIENCIA UANL / VOL. IV, No. 4, OCTUBRE-DICIEMBRE 2001489
Al pie de la letra
El arte de editartextos científicos
 Arturo Sánchez y Gándara, FernandoMagariños Lamas, Kurt Bernardo Wolf
El arte editorial en la literatura científica 
UNAMMéxico, 2000
Ernesto Castillo Ramírez
En los diversos cursos de latín, el pro-fesor Daniel Gómez Montesinos nosreiteraba cómo la ley del mínimo es-fuerzo modifica estructurassintácticas, fonéticas o léxicas y cómoesas modificaciones impactan en eldesarrollo de una lengua. La mismaley del mínimo esfuerzo también serelaciona con las costumbres, con losmodos de producir y otros aspectoseconómicos.La anterior apreciación tiene quever con el texto
El arte editorial en la literatura científica 
, obra de ArturoSánchez y Gándara, FernandoMagariños Lamas y Kurt BernardoWolf. Dicha relación se establece apartir de que “es más eficiente adqui-rir discos compactos o accesar la in-formación por Internet, que mantenercolecciones completas de revistasimpresas” (p.39). Aún más, las re-vistas o libros electrónicos son máseconómicos que el papel impreso.Entre otros aspectos, los autoresnos explican cómo, en determinadoscírculos científicos, todo se da a par-tir de la computadora, de manera queno es necesario imprimir una obrapara que el público sepa de ella.
Earte editorial 
... está dividido en cincocapítulos:
La literatura científica, El proceso de edición, La obra científi- co–técnica, Tipografía de fórmulas y Los canales de promoción y distribu- ción.
El prefacio de Mauricio Fortes Bes-prosvani llama la atención por el si-guiente comentario: “La obra es úni-ca en su género porque, de hecho,inicia al lector en esta nueva discipli-na en el contexto de los estándares in-ternacionales y de una comunidad cien-tífica global cuyos miembros están cadavez más cercanos entre sí, vía los enla-ces de las redes electrónicas.”Desde otra óptica, la obra no esuna novedad, pues al elaborar un textocientífico se tiene que acudir a deter-minados procedimientos que ya co-nocíamos para construir un libro dehumanidades o de cualquier otro tipo.Por ejemplo, para que se dé un texto,alguien tiene que generar las ideas,debe existir un corrector de estilo, al-guien que revise la tipografía; quienva a pagar la edición debe contem-plar algún beneficio o impacto en elpúblico, entre otras similitudes.La propuesta de los autores tam-bién es una invitación para que losescritores de ciencia o tecnología seactualicen. Para que se incorporen aesa comunidad científica globalizada,en la cual ya existen determinadosestándares que deben respetar, si de-sean escribir una obra en dicha áreay lograr propósitos efectivos.De una manera didáctica, los au-tores nos explican el papel de los ár-bitros, del editor; las característicasinternas que debe tener una obra elec-trónica; asimismo sus elementos ex-ternos.Por supuesto que el contacto conla comunidad científica globalizada esfundamental, pues de ahí se despren-den las tipografías para utilizar deter-minadas fórmulas, teoremas, figuraso tablas de apoyo.Una vez terminada la obra con lasrasgos que dicha comunidad sugiere,comienza otra fase: la de convencer
 
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al editor –o a quien sea necesario– deque el texto o reporte elaborado nosolamente cumple con los parámetrosestablecidos, sino que es –además–una aportación que revela algo tras-cendente para la comunidad.
El arte editorial en la literatura científica 
es un manual para el inte-resado en producir textos de caráctercientífico y técnico, es una aportaciónque revela aspectos técnicosnovedosos, algunos de los cuales pue-den ser utilizados, incluso, por losescritores del área de humanidades.Finalmente, la obra es, sobre todo,una manera muy concreta de ver lossenderos por donde se encaminan ylas metas hacia donde se dirigen, nosolamente los textos científicos, sinolos libros en general.
El pensamientoracional y sus demonios
Carl Sagan
El mundo y sus demonios 
Planeta, México, 1999, 493 pp.
Eduardo Estrada
En esta obra, con las experiencias desu propia vida y la historia de los des-cubrimientos de la ciencia, el autornos muestra cómo el método del pen-samiento racional supera prejuicios ysupersticiones, dejando al descubier-to la verdad.El texto esta dividido en 25 capí-tulos y salpicado de anécdotas perso-nales, con las cuales el autor pone demanifiesto que el mundo de la cien-cia es mucho más apasionante quelos planteamientos hechos por lasparaciencias, las cuales se cuestio-nan, entre otras cosas, la existenciade extraterrestres congelados en unabase de la fuerza aérea norteameri-cana ubicada en San Antonio, Texas.O si existió realmente una civilizaciónmuy adelantada a la nuestra, tecno-lógica y culturalmente, en el continen-te hundido de la Atlántida. Habiendotantas cosas en la ciencia real igual-mente excitantes, como el hecho deque las moléculas de la vida se en-cuentran en el frío y tenue gas entrelas estrellas. O el de que se hayanencontrado huellas de nuestros ante-pasados plasmadas en ceniza volcá-nica, con una antigüedad de cuatromillones de años.Es interesante cómo Carl Saganconfronta, de una manera contunden-te, leyendas como la de la Atlántida:un continente que, según el mito, seencontraba ubicado entre América yEuropa. Sagan indica que nunca seha encontrado, en portadas de revis-tas o en los programas de televisiónde las horas punta, el trazado del fon-do del océano, que prueba de modoinequívoco que no pudo haber nin-gún continente entre América y Euro-pa en una escala de tiempo parecidaa la propuesta. Es obvio que el es-cepticismo no vende.Sagan, a través de este texto, vadeslizando la idea de que la ciencia,más que un cuerpo de conocimien-tos, es una manera de pensar. Y másaún: debería de ser también la acti-tud que asumiéramos para resolver losproblemas que se nos presentan enla vida cotidiana.Por otra parte, el autor culpa, encierta forma, a los medios de comu-nicación como el cine o la televisiónpor hacer una apología de la ignoran-cia y la estupidez, ejemplificándolocon la película en video que más serentaba en el momento
Dum and 
 
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Dumber 
con Beavis y Butthead, sien-do éstos muy populares e influyentesentre los jóvenes espectadores de latelevisión, con la consecuente mora-leja de que el estudio y el conocimien-to, no sólo de la ciencia, sino de cual-quier cosa, son prescindibles e inclu-so indeseables.Carl Sagan explica que cada unade las ramas de la ciencia tiene suequivalente en las seudociencias. Losgeofísicos tienen que enfrentarse conTierras huecas y profetas de terremo-tos. Los botánicos, con plantas cuyasapasionantes vidas emocionales sepueden rastrear con detectores dementiras. Los antropólogos, con su-pervivientes hombres monos de piesgrandes. Los zoólogos, con dinosau-rios vivos en las profundidades abis-males de los lagos o en las selváticaszonas del África. Y los físicos, conmáquinas de movimiento perpetuo.Para aumentar más la confusión,en este asunto metafísico, de por síembrollado, a veces las paracienciasse entrecruzan unas con otras, comoen el caso de la búsqueda telepáticade tesoros enterrados de la Atlántida.Por otro lado, Sagan se preguntasi sería realmente posible que hubie-ra una invasión extraterrestre: ¿Por quéunos seres con avances portentososen física e ingeniería, por medio delos cuales cruzan grandes distanciasinterestelares, son tan atrasados enbiología como para secuestrar terríco-las para tener encuentros sexuales conla intención de lograr la superaciónde su especie; cuando hasta nosotroslos humanos, que todavía no pode-mos cruzar rápidamente el espaciointerestelar, podemos clonar células?Definitivamente existe una incon-gruencia que el pensamiento racio-nal y el método científico con su cues-tionamiento riguroso, no pueden ad-mitir.Posteriormente, se nos remite a uncaso muy sonado del siglo XIX, cuan-do la aplicación de simples controlespuso de manifiesto que uno de los“descubrimientos“ más grandes de lapsicología no eran más que fenóme-nos que sólo existían, o existen, en lamente de los “experimentadores”: merefiero al mesmerismo llamado eufe-místicamente por aquel entonces“magnetismo animal”.Al verse perjudicado el negocio delos practicantes de la medicina con-vencional, los médicos franceses pre-sionaron a Luis XVI para que tomaramedidas enérgicas frente al avance delmesmerismo, el cual, decían, era unaamenaza para la salud pública. LaAcademia Francesa de las Cienciasnombró a una comisión que incluíaal físico pionero Antoine Lavoisier yal diplomático norteamericano y ex-perto en electricidad, BenjamínFranklin. Éstos realizaron el experi-mento de control obvio: cuando losefectos magnetizadores se presenta-ban sin conocimiento del paciente, nose producía la curación. La conclu-sión de la comisión fue que las cura-ciones, si las había, estaban en lamente del que las esperaba.Concluiré esta reseña con unaanécdota, producto de la visión ana-lítica y descriptiva, de este hombre queha sido un pionero en la divulgacióndel conocimiento y de la ciencia, es-tando seguro que su muerte prema-tura dejó a la comunidad científica,en particular, y al público, en gene-ral, huérfanos de su saber y de sumanera de confrontar la realidad.Sagan nos dice que “existe un dra-gón en su garaje que escupe fuegopor la boca.” –Enséñenoslo –le deci-mos.Nos lleva a su garaje, miramos yvemos una escalera, latas de pinturay un triciclo viejo; pero el dragón noestá. –¿Dónde está el dragón? –le pre-guntamos. –Oh, está aquí –nos contesta mo-viendo la mano vagamente–. Me ol-vidé de decir que es un dragón invisi-ble.Le proponemos que cubra de ha-rina el suelo del garaje para que que-den marcadas las huellas del dragón. –Buena idea –nos replica–, peroeste dragón flota en el aire.Entonces proponemos usar unsensor infrarrojo para detectectar elfuego invisible. –Buena idea, pero el fuego invisi-ble tampoco da calor. –Se puede pintar con spray el dra-
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