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Teoría literaria norteamericana I: De la Nueva Crítica hasta nuestros días

Teoría literaria norteamericana I: De la Nueva Crítica hasta nuestros días

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49.Teoría literaria norteamericana I: De la Nueva Críticaal Estructuralismo. 1
 
Autor: Félix Rodríguez Rodríguez
 
Universidad Complutense
 
ISBN-84-9714-086-9
 
THESAURUS:
Anti-fundacionalista, Aristotélicos de Chicago, Canon, Círculohermenéutico,
Close reading 
, Competencia literaria, Comunidades interpretativas,Comunidades solidarias, Concretizar, Modelos interpretativos, Crítica de la identificación,Crítica fenomenológica, Críticos de la conciencia, Estética de la recepción, Estético,Estructuralismo, Falacia afectiva, Falacia biográfica, Falacia Intencional, Formalista,Fusión de horizontes, Herejía didáctica, Herejía de la paráfrasis, Horizontes deexpectativas, Hermenéutica, Hermenéutica de la recuperación, Huecos, Intersubjetivo,Intrínseco, Lector implicado,
Literariedad,
Narratología, Neopragmatismo, Nueva Crítica,Poética, Relativismo, Retórica, Significado/significación, Subconsciente colectivo, Tensión,Teoría arquetípica/del mito, Teoría del lector, Totalidad, Valor.
I. Introducción: Apología de la teoría literaria.
 
Adviértase, en primer lugar, el tono algo irónico del término apología: en este tiempopostmoderno de dudas sobre nuestros modos de conocimiento y representación, noparece procedente mostrarse tan convencidos y entusiastas, cual Philip Sidney a favor dela poesía, en la defensa de, digamoslo así, un campo del saber. Valga, no obstante, laparte no irónica del término, la más importante, para compensar la actitud reticente,descreída o altiva que, a menudo, se tiene hacia la teoría literaria. Una resistencia que noes la de Paul de Man a la instauración de un sistema descriptivo e interpretativo solvente,ni la negativa de Stanley Fish a que sirva como reguladora de la práctica sino, más bien,el gesto entre perezoso y confiado de quienes optan por desconocer o desmerecer lasdimensiones y consecuencias de los libros y la lectura. Entre ellos aún están los que,como diría Antonio Machado, confunden la crítica con
las malas tripas
; quienes retienen laacepción combativa de la palabra criticar y piensan en el crítico como un autor literariomalogrado que redime su frustración, no ya despedazando las obras de otros sino, deforma más inteligente y contemporáneamente postestructuralista, elaborandometodologías complejas o escribiendo disquisiciones enrevesadas de dudosa utilidad que,a veces, se atreven a comparar en calidad artística y en creatividad con lo analizado;(exagero, pero aplíquese aquí, como en el resto de esta apología, la canción también deMachado:
 A las palabras de amor/ les sienta bien su poquito/ de exageración)
. Están,por otra parte, quienes reducen la teoría y crítica literarias a la adquisición y buen manejode las técnicas y conocimientos necesarios para convertirnos en lectores máscompetentes: las características, propiedades y funciones formales y temáticas de losdistintos tipos de texto, y de los procedimientos y estrategias para hallarlas y darlessentido.La crítica literaria, desde luego, comprende todo esto. Pero es también mucho más;incluso cuando es algunas de dichas cosas. Porque si hay algo que distingue a la críticay la teoría literarias es su reflexión sobre el significado de lo que hacemos; sobre elsentido y las consecuencias no sólo de la literatura sino también, y en conjunción con ello,de las estrategias y modelos que empleamos en nuestras aproximaciones a los textos.Nuestras lecturas e interpretaciones, incluidas las hechas con las
tripas
, responden, comocualquier otro de nuestros actos, a determinadas circunstancias y valores ideológicos yculturales. No existen modelos e instrumentos descriptivos e interpretativos
 
incontaminados. Aun aquel análisis que parezca más
inocente
,por limitarse a rasgosintrínsecos y textuales, metáforas, aliteraciones, tramas, tipos de narrador, etc., favoreceuna concepción de la literatura que, a su vez, fomenta una cierta perspectiva social ycultural: puede atribuírsele una noción formalista de la literatura al dar prioridad a ciertaspropiedades y organización del lenguaje y, de este modo, insinuar que lo literario esseparable de lo no literario; puede ser acusado de subrayar que esos rasgos formales sonclaramente identificables e interpretables y, por tanto, de presentar la literatura como unapráctica estable de significación y comunicación; es posible que se diga que estáempleando un modelo interpretativo, perteneciente a un grupo social y culturaldeterminado, que precisa un lector ejercitado en determinadas estrategias lectoras; loque, a su vez, le conduzca a ser tachado de cierto elitismo cultural y de impulsar un ciertocanon en el que no todas las obras son igualmente buenas; asimismo, puede que alguien,finalmente, denuncie que se han descuidado los vínculos del texto con la realidadcircundante, o sus efectos en el lector.
 
Es verdad que no siempre se han planteado y examinado estos diversos factores de lacomunicación literaria de manera profunda y seria. El objeto de estudio, los principios ylas metodologías de la crítica literaria no han permanecido inalterables a lo largo de suhistoria. En los últimos treinta años, en particular, se han abandonado o renovado buenaparte de sus premisas y métodos. Aunque todavía aparezca como tema de debate, se hadejado de lado, por imposible, cualquier intento de definir lo literario, la
literariedad 
: ni ellenguaje, ni la estructura artística, ni la finalidad estética, ni la relación intertextual conotros textos, son características que distingan con claridad lo literario de lo no literario.Por el contrario, los movimientos críticos más recientes han tratado de difuminar lasdiferencias entre ambos tipos de escritura apelando, por ejemplo, a que tanto una comootra son formas interrelacionadas de una misma cultura. Así, se ha desvanecido laesperanza de la crítica literaria hasta los años sesenta, aproximadamente, de desarrollar una disciplina independiente, desligada de otras, con objetivos y procedimientos propios.Y junto con ello, ha desaparecido el acuerdo y el consenso teórico acerca de múltiplesasuntos: la existencia de un significado único, estable e interpersonal codificado en lasmarcas textuales de la obra literario, la creencia en una escala que mida la calidadestética y literaria de las obras, etc. El significado es el resultado inestable, cambiante, deotros factores además de los formales e intrínsecos: las circunstancias históricas,sociales y personales en que se sitúa el lector o los modelos interpretativos a sudisposición. La noción de valor, de otro lado, no se presenta ligada a rasgos textualessino a consideraciones de representatividad social, cultural o literaria. Un texto literario,dicen quienes así hacen, es ensalzado, colocado en el canon, no ya por supuestosvalores artísticos sino por lo que representa para la historia de la literatura o la historia engeneral.
 
Estos cambios, con la multiplicidad de perspectivas que conlleva, no deben hacernosdesesperar. Muy al contrario, nos han de confirmar en la relevancia de la literatura y delos estudios literarios. Cabe decir que los desacuerdos y disensiones que impiden que lacrítica literaria sea alguna vez una disciplina autónoma, objetiva, consensuada yprogresiva son los elementos que la han dado una presencia y una vitalidad impensableshace no tanto tiempo. Más que en ninguna otra época, la teoría literaria se ha convertidoen el verdadero lugar de confluencia y discusión de las ideas, valores y preocupacionesque afectan al individuo y a la sociedad: el carácter y constitución psíquica, social ycultural de la subjetividad, la naturaleza artificial e histórica de todas y cada una denuestras construcciones y prácticas culturales, el problema de nuestra libertad de acción ynuestra responsabilidad como agentes, la formación de la identidad genérica y sexual, losconflictos sociales, económicos y culturales que se originan por la pertenencia a minoríassexuales o étnicas, a una clase social o a una cultura colonizada/descolonizada, etc. La
 
literatura y, por ende, la crítica literaria brindan su territorio para todos estos asuntos queparticipan de la historia, la sociología, la psicología, la filosofía, la lingüística y otras áreasde conocimiento más. En la rivalidad que, desde los principios de la civilizaciónoccidental, les enfrenta a filósofos e historiadores, los literatos, las letras en general, obray crítica literarias, han vuelto a mostrarse, como proclamaba Sidney, más comprensivos ycentrales a lo humano. El propio poeta renacentista inglés concluía su Defense of Poesiedeseando que quienes no creían en la poesía no pasasen nunca por una serie de trancesamargos; uno de ellos, terrible, el de no tener a mano un buen soneto que aliviase suscuitas de amor. Bien, deseemos nosotros también que aquellos que recelan de la críticaliteraria siempre cuenten con un ensayo que ilumine su lectura de los libros y de la vida.
 
Sólo unas pocas palabras más sobre este resumen, en dos capítulos, de la crítica literariade Estados Unidos. En primer lugar, debemos señalar que la brevedad de estaintroducción nos ha obligado a seleccionar entre las escuelas, movimientos y críticos; acomenzar el recorrido en un punto determinado y a omitir nombres, ideas y, sobre todo,matices y gradaciones. Hemos procurado, sin embargo, no olvidar ninguno de los temasy conceptos principales de la crítica literaria de los últimos setenta años. En segundolugar, el hecho de ser una historia nos ha forzado a escoger una disposición diacrónica,de escuela en escuela, de enfoque en enfoque, de la que reconocemos sus males ylimitaciones: la tendencia a ver cada escuela o movimiento como totalidades, más omenos homogéneas, con fecha de inicio y de caducidad, y sin conexiones con el resto deperspectivas críticas; dos, la repetición de temas en distintas secciones, i.e. la teoría deLouis Althusser sobre la constitución del agente y su
agencia
se cita en relación condiversos movimientos postestructuralistas; y tres, el sacrificio de aquellos críticos de difícilo imposible acomodo en escuelas o perspectivas definidas. Confiamos en haber rebajadoel primero de estos problemas destacando las relaciones, tanto de enfrentamiento comode coincidencia, entre los distintos enfoques. De otra parte, la medida contra lossolapamientos ha consistido en hacerlos reconocibles y breves. En cuanto a lossacrificados de diversa índole, a los que apenas o ni siquiera se les nombra, la soluciónmejor será pedirles disculpas y citarlos, aunque algunos ya lo hayan sido, para dar fe desu labor y de sus méritos: F.O. Matthiessen, Kenneth Burke, Irving Howe, Harry Levin,Murray Krieger, M.H. Abrams, Ihab Hassan, etc.
II. El Enfoque Formalista de la Nueva Crítica y los Aristotélicos de Chicago
 
Ningún otro movimiento crítico ha ejercido posiblemente una influencia tan profunda y haocupado una posición hegemónica tan duradera en los estudios literariosnorteamericanos como el denominado Nueva Crítica. Ningún otro ha estado tanidentificado con el estudio de la literatura que haya parecido durante un largo periodo detiempo, y aún parezcan hoy en día, aunque sea en menor medida, que sus modos yprincipios no son los de una metodología crítica entre otras sino
the natural and definitiveconditions for criticism in general 
(Cain 105).Esta influyente escuela parte de las ideas acerca de la literatura y el análisis literarioexpresadas a principios de la década de los años veinte por el poeta T.S. Eliot, loscríticos ingleses I.A. Richards y William Empson y los poetas norteamericanos JohnCrowe Ransom y Allen Tate. El primero exige que la atención del crítico recaiga sobre laobra como estructura autónoma y no sobre la biografía del escritor. Richards y sudiscípulo Empson subrayan el significado múltiple de las palabras y de las relaciones quemantienen entre sí en el contexto limitado de la obra literaria. En los escritos de Ransomy Tate ya se encuentran el conservadurismo y la desconfianza hacia la ciencia quedefinirán a los nuevos críticos. Ambos eran poetas
fugitivos
y
agrarios
del
SouthernRenaissance
que denunciaba la ética tecnológica, industrial y científica imperante quealienaba al ser humano y abogaba por una vuelta a una sociedad rural más coherenteenraizada en valores tradicionales.
 

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