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NACIMIENTO DEL MOVIMIENTO OBRERO
Según el censo de 1860 existían en España 154.200 “jornalerosen las fábricas”. De ellos, el 64% eran hombres y el resto mujeres yniños, y aproximadamente 100.000 se concentraban en la industriatextil catalana. Si tenemos en cuenta que la poblacn activatotalizaba unos siete millones de personas, la proporción querepresentaban los obreros industriales era ínfima, sólo significativa enBarcelona, Madrid y el núcleo siderúrgico malagueño.El proceso de concentración fabril se aceleró a partir de 1830. Eldesarrollo de la industria del algodón y la primera siderurgia hicieronafluir a las ciudades a miles de trabajadores agrícolas en paro o quehabían sido expulsados por la guerra o la expropiación de sus tierras.El resultado fue una emigración masiva a las ciudades a partir de losaños cuarenta, que hizo crecer los barrios periféricos, en donde seamontonaban los campesinos en paro con sus familias, a la búsquedade un empleo en la industria.La situacn de estos barrios era terrible: consistentes enbarracas y chabolas construidas precipitadamente, sin saneamientode ningún tipo, sin servicios de alumbrado ni limpieza, sin empedrar,carentes de todo tipo de asistencia pública o privada, eran foco deenfermedades infecciosas de todo tipo, entre las que la tuberculosis yel cólera destacaron por sus efectos catastróficos.Quienes poan encontrar empleo en la industria no teanmucha s suerte. Jornadas de 12 a 14 horas, trabajando sincondiciones higiénicas, ni seguridad y sólo con el descanso dominical.La vida media de los obreros catalanes era de 19 años, frente a los 40de la clase alta barcelonesa. Trabajaban por igual hombres, mujeres yniños de hasta 6 y 7 años de edad. Los salarios eran muy bajos yapenas permitían una alimentación consistente en pan, Habichuelas y
 
patatas. A las enfermedades infecciosas había que añadir las sociales:el alcoholismo y las enfermedades venéreas. El analfabetismo erageneral: afectaba al 69% de los hombres y al 92% de las mujeres.Cuando se producía una crisis, las ventas caían en picado yentonces los despidos se multiplicaban. El paro llevabainexorablemente al hambre y a la enfermedad. A menudo ladelincuencia era la única opción, por lo que se convirtió en otro de losmales endémicos de los barrios obreros. Para la clase alta tanto dabahablar de obreros como de vagos y maleantes”; numerosostestimonios de la época denuncian como un peligro social las oleadasde inmigrantes que llegaban a las ciudades. Y, efectivamente, losmédicos y escritores que se preocuparon de estudiar y denunciar lascondiciones de vida de estos barrios coincidían en asociar el elevadoíndice de delincuencia a la miseria creciente, causada por lascondiciones insalubres, los bajos salarios, el analfabetismo, el trabajode niños, el paro y la continua inmigración, que amenazaba conagravar más el problema.Desde 1832 se incorpora a las fábricas el vapor, iniciándose lamecanización. Como las máquinas permitieron eliminar una parte delos puestos de trabajo, se produjeron algunos movimientos dedestrucción de maquinaria (luddismo), el más conocido de los cualesfue el incendio de la fábrica Bonaplata en Barcelona (1835).Curiosamente los asaltantes eran campesinos y pescadores quebuscaban trabajo en la industria, y fueron los propios trabajadores dela fábrica quienes intentaron evitar el incendio. Pero, en general, elluddismo apenas tuvo repercusiones en España.En la década de los treinta y cuarenta fueron apareciendo losprimeros atisbos de organización, sicamente por dos as: laformación de sociedades de ayuda mutua y la difusión de las ideas delos socialistas utópicos. En 1839 el gobierno permitió la creación de
 
sociedades obreras con fines benéficos o de ayuda mutua. Al amparode este permiso, en 1840 Juan Munts fundó la
Sociedad de ProtecciónMutua de Tejedores de Algodón
, que dos años después tenía 50.000afiliados. Pronto proliferaron por todo el país sociedades semejantes.Al principio sólo pretendieron defender los salarios, sin llevar máslejos sus peticiones. Pero en 1844 los moderados las prohibieron, y lamayoría de ellas pasó a la clandestinidad.En cuanto al socialismo utópico, fueron las teorías de Fourier yde Cabet las que penetraron en España: en Cádiz, donde JoaquínAbreu intentó montar un falansterio, que fue un fracaso, y enBarcelona, donde Abdón Terradas y Narcís Monturiol organizarongrupos cabetistas, que pronto se relacionaron con los republicanos. También fueron llegando las teorías de Saint-Simon, Blanqui yProudhon, de la mano de escritores como Ramón de la Sagra o Pi yMargall.Hasta 1845, sin embargo, la mayoa de los obreros nocomprendían contra quién se enfrentaban sus intereses. Hicieroncausa con con sus patronos y se opusieron a los gobiernosprogresistas reclamándoles el mantenimiento del proteccionismo.Atribuían erróneamente las crisis industriales y los bajos salarios a lacompetencia inglesa. En aquellos años, las reivindicaciones eran muyconcretas: salariales, de seguridad en el trabajo, de horarios. Nadieplanteaba la necesidad de un sindicato o de un partido político. Fue araíz de los disturbios de 1848 cuando comenzaron a relacionarse lasreivindicaciones obreras con las ideas democráticas y republicanas.Sólo unos pocos eran conscientes de la auténtica raíz de losproblemas. Fueron los líderes que en los años cuarenta se dedicaron apublicar la primera prensa: Sixto Cámara, Fernando Garrido, OrdaxAvecilla o Francisco Pi y Margall. Fundaban un periódico, publicabanvarios números y, cuando era prohibido por el gobierno, volvían a
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