chakira
que había encontrado al andar por una
huaca
del norte.
-¿Dónde lo compraste?-
, preguntó mamá;
-Es de los moche-
, respondió alinstante. Todos callamos y continuamos con nuestra comida. Yoparticularmente veía al abuelo totalmente extraño, pero no me atrevía adecírselo.
–Seguro es mi imaginación-
, pensé; a fin de cuentas, no podíainterrumpir su concierto con el limón que exprimía sobre el trozo de pato,que era acompañado por ese arroz verde con arvejitas y su zanahoriapicada.Llegó la noche y papá llegó del trabajo; mi abuelo lo recibió contento,aunque mi padre no mostraba tanta felicidad con su visita. Disimuló.
– Don Santiago-
, saludaba;
-Cómo estás, Amadeo-
, contéstole el abuelo. Yno hablaron más.Ya en la cama, mi madre le decía a papá:
-Amadeo ¿Por qué no te llevas con mi padre?-
,
-No deseo hablar de eso, quiero dormir, estoy cansado-
,le contestó papá. Yo me sentí triste porque mi padre y mi abuelo no sehablaban; pero aún más: pues no sabía, como mamá, a qué se debíatanta enemistad entre ellos.Amanecía y los gallos inauguraron el día con sus despertadorescacareos. Salté de la cama y fui hacia la sala como solía hacer todas lasmañanas y encontré a mi abuelo sentado sobre una banca de madera,mirando hacia la calle a través de la puerta a medio abrir;
-Siéntate, no me quedes mirando como si no me conocieras-
, se dirigió hacia mí consu característica sonrisa, esos labios ya surcados por los golpes de lavida y con la ternura que cautivaría hasta los niños de a pecho; yo asentícon la cabeza y me senté a su lado derecho cogiendo una silla vieja,también de madera, que se tenía como reliquia de un familiar que nollegué a conocer;
-Mira hijito ¿ves a ese hombre barriendo la calle?-
,
-Sí-
,contesté;
-Eso le pasa a aquellos que no estudian ¿Me prometes que
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