históricamente han estado basados en la transmisión de información escasa (debido a laslimitaciones en cuanto a la reproducción y transmisión) por parte de un experto en un área (elprofesor) a un conjunto de aprendices que la consumen (los estudiantes).En un entorno de profesores y estudiantes, normalmente la información producida por estosúltimos no pasa de ser un mecanismo para verificar si la información transmitida ha sido recibidade la manera esperada, pero sin que tenga un valor intrínseco. La producción de información
útil
es, en este entorno, privilegio de profesionales (como investigadores o periodistas). Esprecisamente este imaginario de escasez y transmisión el que subyace a la forma en la queconcebimos muchos de nuestros espacios físicos y actividades educativas, incluidas las de lostalleres de uso de TIC.La aparición de espacios como Wikipedia, YouTube, Blogger, etc., empieza a hacer visible uncambio importante: no sólo cualquiera de nosotros se convierte en productor de la misma, sea anivel micro (mediante herramientas como Twitter o los estatus de Facebook) o macro (enplataformas de más alcance como wikis o blogs), sino que el sentido de
utilidad
de la informacióncambia, en dependencia del contexto en el que se utiliza. Así, por ejemplo, el valor intrínseco de un
twit
que contiene un enlace depende del uso que quien lo recibe haga del mismo, y no de surigurosidad científica o su veracidad, como sí ocurre con la información generada en canales quepodríamos llamar tradicionales, a falta de una mejor palabra.La participación en estos entornos (equivalente a la producción de información), está acompañadausualmente por una acción que resulta tan cotidiana que se vuelve invisible: ‘hacer click’. Estaacción es, en buena medida, la que nos permite comunicar a la máquina muchas de nuestrasintenciones, de manera que completar una tarea (
hacer, participar
) depende el realidad de ‘hacer click’. Pero ‘hacer click’ no sólo tiene un efecto en una interfaz gráfica, sino que es un procesoacompañado de un sonido (precisamente, el
‘click’
), que nos indica de manera clara un antes y undespués, un cambio de estado. Podemos delimitar claramente, mediante ese sutil sonido, si‘hicimos click’ o no, si alteramos o no el estado de la máquina.Abusando de la metáfora, me he encontrado en el pasado refiriéndome a esos momentos decomprensión súbita (
insight
o ‘momentos ¡ajá!’) como instantes en los cuales, finalmente, algo ‘hizoclick’ en mi cabeza, generando una nueva comprensión que me impide ver el mundo de la maneraen la que lo veía antes. Es como si lográramos escuchar el sonido que genera esa conexiónneuronal que nos hacía falta para cambiar nuestra percepción, transformar nuestros paradigmas ydescubrir nuevos patrones, antes invisibles, en el mundo. En esa medida, aprender y cambiar paradigmas también significa ‘hacer click’, solo que de una forma distinta.En un mundo conectado, como el que muchos de nosotros estamos viviendo en la actualidad, laposibilidad de disparar nuestro potencial de aprendizaje depende de dos tipos de click: Unointerno, que nos permita transformar de manera permanente nuestra comprensión sobre lasnuevas dinámicas existentes y la forma en la cual podemos participar en ellas, y uno externo,reflejado en el uso que hacemos de la tecnología para aprovechar tales dinámicas mediante laparticipación. En un mundo conectado, necesitamos hacer click para
poder aprender
, y hacer clickpara
poder
participar
.El ejercicio mental que da inicio a este capítulo, y una observación rápida de nuestro entorno,sugiere que estas posibilidades emergentes han permeado de manera limitada a los programas deformación en uso de tecnología ofrecidos a docentes (aunque es claro que las herramientas y su
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