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Trase Lbu Ho

Trase Lbu Ho

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Published by: Bárbara Pérez Jaime on Aug 13, 2014
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08/13/2014

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Tras el búho de Minerva Mercado contra democracia en el capitalismo de fin de siglo
 
 Atilio A. Boron
 Prólogo
Este libro es producto de una serie de investigaciones, empíricas unas y de naturaleza teórica otras, en las cuales he estado empeñado a lo largo de los últimos años en torno a algunos interrogantes fundamentales relativos a la contradicción entre capitalismo y democracia: las formas que asume este antagonismo, los equilibrios que admite y los límites estructurales que el primero impone a la segunda. La génesis de estas cuestiones remite a dos factores principales que entrelazan complejos itinerarios intelectuales con decisivas experiencias personales. Por una parte, la lenta maduración de una serie de preocupaciones ancladas en la tradición de la teoría y la filosofía políticas. Las recientes transformaciones estructurales del capitalismo –en realidad, su cruenta involución como régimen social una vez concluida la primavera keynesiana– y el auge del economicismo impulsado por el predominio del "pensamiento único" favorecieron dialécticamente la estimulante resignificación de temas tales como la libertad, la democracia, la igualdad y la emancipación, lo que permitió abordar viejos problemas con un renovado instrumental teórico. El segundo factor tiene una naturaleza histórico-estructural y es de orden mucho más práctico: remite a la enésima ratificación de la incapacidad del capitalismo para garantizar, después de dos décadas de salvajes experimentos neoliberales, condiciones mínimamente decentes de existencia para la abrumadora mayoría de las sociedades latinoamericanas. No sólo éso: nuestra historia reciente ha comprobado, una vez más, que las contradicciones entre la democracia y el capitalismo son endémicas e irresolubles, y que entre nosotros asumen una variedad de formas que van desde lo grotesto hasta lo trágico. Como es fácil advertir, el nudo problemático que se explora en las páginas encuentra su fuente principal de inspiración en la obra de Marx, si bien tiene inocultables resonancias hobbesianas. En síntesis, la pregunta que recorre como un hilo rojo los sucesivos capítulos del libro es la siguiente: ¿qué tipo de "orden social" se ha instaurado en los capitalismos dependientes y qué posibilidades abre para la construcción de una buena sociedad y de un estado democrático? Esta temática es abordada desde la perspectiva totalizante propia del materialismo histórico, la que nos permite acceder a una visión superadora del atomismo, la fragmentación y la ahistoricidad que caracteriza a las diversas corrientes del pensamiento burgués. El abordaje de este haz de problemas se realiza teniendo como indispensable telón de fondo la historia reciente del capitalismo latinoamericano. Lo anterior no significa ignorar las tendencias y los rasgos definitorios que prevalecen en las naciones industrializadas y, mucho menos, los signos distintivos que el capitalismo como sistema global ha adquirido en su fase actual. Sin embargo, la preocupación central de esta obra es arrojar luz sobre las especificidades que el capitalismo neoliberal ha adquirido en la experiencia latinoamericana. En una de las metáforas más bellas de la historia de la filosofía Hegel decía, en el párrafo conclusivo de su "Prefacio" a la Filosofía del Derecho, que el búho de Minerva despliega sus alas al anochecer. La teoría y la filosofía, simbolizadas en el búho de Minerva, siempre llegan tarde; sólo se constituyen como conocimiento una vez que la vida real de las sociedades produjo los acontecimientos y las circunstancias que motivan la reflexión del teórico y del filósofo. De ahí que Hegel estableciese un contrapunto inspirado en las palabras pronunciadas por Mefistófeles en el Fausto de Goethe: los tonos grises de la reflexión filosófica son siempre un pobre reflejo del verde árbol de la vida. Este libro asume con humildad y realismo la sabiduría contenida en las palabras de Hegel acerca del inevitable retraso del pensamiento en relación al ser, de las ideas en su conexión con la realidad social. Pero simultáneamente ratifica la centralidad de la tesis onceava sobre Feuerbach en la cual Marx establece que la misión de la filosofía, y por extensión de la teoría social y política, no puede agotarse en la mera contemplación del mundo sino que su deber es transformarlo. La teoría tiene, por lo tanto, una función prometeica: la liberación del género humano de todas sus cadenas. Como conocimiento está condenada a "llegar tarde" y a reflexionar sobre lo ya existente, pero como
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creadora de utopías que presionan incesantemente sobre la frontera de lo posible la teoría puede anticiparse a los hechos históricos y ser ella misma el precipitante ideal de los mismos. Parafraseando a Hegel podríamos decir que en la oscuridad del capitalismo contemporáneo el búho de Minerva también percibe con claridad los contornos de una nueva sociedad de hombres y mujeres libres, emancipados de las cadenas que los ataban a toda forma de explotación y opresión. Una sociedad que, al decir de Marx, deja atrás la prehistoria y que al realizar su humanidad comienza a escribir su propia historia. El libro está dividido en dos secciones. La primera es eminentemente teórica; la segunda es principalmente práctica y refiere a situaciones y procesos propios del capitalismo latinoamericano. En la primera parte se examinan algunos problemas centrales de la teoría marxista con contribuciones que, en algunos casos, como en los dos primeros capítulos, fueron precipitadas por las conmemoraciones del sesquicentenario del Manifiesto Comunista y por el centenario de la muerte de Friedrich Engels. En el primer caso se trata de un largo ensayo sobre la actualidad del Manifiesto cuya versión sumamente resumida fue presentada al Coloquio Internacional convocado en París en 1998 y que sólo se encuentra disponible, en idioma inglés, en el disco compacto editado por los organizadores. Una primera y más abreviada versión del capítulo sobre Engels lo publicó en Buenos Aires la revista Doxa en 1996 (VII, núm. 16). El tercer capítulo es una nueva respuesta a las imposturas del así llamado "postmarxismo", y su primera versión fue publicada en la Revista Mexicana de Sociología , vol. 57, núm. 1, 1996. La presente ha sido revisada y expandida, y como tal aparece por primera vez en idioma castellano. El capítulo cuarto es inédito, y explora las renovadas contradicciones que la dinámica desbordante de los mercados capitalistas plantea a los regímenes democráticos. Ya en la segunda parte, el capítulo quinto recoge un trabajo elaborado en los inicios de la transición democrática argentina y en el cual se plantearon algunas tesis heterodoxas que desafiaron el saber convencional de la ciencia política. Fue originariamente publicado en una compilación realizada por Luis Aznar en 1986 y titulada Alfonsín. Discursos sobre el discurso. El capítulo sexto examina los graves problemas de justicia distributiva que caracterizan a los capitalismos democráticos de la región. Una primera redacción fue presentada a la Convención de la Latin American Studies Association reunida en Chicago, en 1998, y también al Primer Encuentro Nacional por un Nuevo Pensamiento. El capítulo séptimo, inédito, trata de arrojar alguna luz acerca de los obstáculos con que se enfrenta la izquierda en la Argentina y que sirve de plataforma privilegiada para el examen de un conjunto de problemas de interés general y que trasciende un caso nacional. Finalmente, el Epílogo procura establecer cuáles deberían ser los rasgos más importantes de la ciencia social en el siglo que comienza. Una primera versión de este trabajo fue presentado en el panel presidencial de la International Sociological Association (Montreal, 1999). El texto finaliza con un apéndice que nos ha parecido interesante reproducir aquí. Se trata de una entrevista a Noam Chomsky centrada en el tema de la tradición liberal norteamericana que fue originariamente publicada en la revista Doxa en 1996. Todo libro es una empresa colectiva y éste no podía ser una excepción. Un cuidadoso rastreo de mi deuda intelectual y personal culminaría con un listado impresionante que, pese a ello, no estaría a salvo de imperdonables olvidos. Por eso me limitaré en esta ocasión a agradecer a Sabrina González y a Daniel Kersffeld, quienes asumieron la tarea digna de Sísifo de coherentizar este escrito, revisar meticulosamente cada palabra y darle continuidad al conjunto de los capítulos. Demás está decir que los errores que persistan se deben al empecinamiento del autor. Buenos Aires, 8 de octubre de 2000
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Primera parte. La teoría marxista en el capitalismo neoliberal: ¿invalidación o confirmación?
 
1. El
manifiesto comunista
 hoy: permanencias, obsolescencias, ausencias
 
Espoleada por la necesidad de dar cada vez mayor salida a sus productos, la burguesía recorre el mundo entero. [...] Mediante la explotación del mercado mundial la burguesía le dio un carácter cosmopolita a la producción y al consumo de todos los países. Las antiguas industrias nacionales [...] son suplantadas [...] por nuevas que ya no emplean materias primas indígenas sino otras venidas de las más lejanas regiones del mundo y cuyos productos no sólo se consumen en el propio país sino en todo el globo. La burguesía [...] se forja un mundo a su imagen y semejanza.
 Marx y Engels, 1848, pp. 23-24
 
Introducción: ¿por qué volver al Manifiesto?
Las palabras del epígrafe son un buen punto de partida para tratar de responder la pregunta precedente. A poco más de ciento cincuenta años de su publicación, quien se proponga una lectura desprejuiciada del Manifiesto no podrá dejar de asombrarse ante la increíble actualidad de esas palabras y la pertinencia de ciertos pasajes para describir procesos y realidades que percibimos –y padecemos– en nuestros días. Claro que quien deseara actuar como "abogado del diablo" podría argüir que si bien es cierto que la burguesía se forjó un mundo a su imagen y semejanza, reconociendo que en eso Marx y Engels estuvieron en lo cierto, queda pendiente una pregunta distinta y aún más desafiante: ¿tiene este mundo algo que ver con el pronosticado por los autores del Manifiesto? En un medio intelectual y político como el latinoamericano, dominado por los sofismas y los extravíos del neoliberalismo y el nihilismo posmoderno, habrá muchos que querrán contestar rápidamente esta cuestión por la negativa, para así poder recluirse en el tratamiento de los temas que más les apasionan: los delicados equilibrios de las cuentas fiscales, los insondables misterios de la "otredad", las caprichosas formas de lo efímero en el imaginario popular o las aparentemente inagotables capacidades de los discursos para generar sujetos sociales, para no citar sino apenas algunos de los problemas más debatidos por el pensamiento hegemónico en las ciencias sociales. Otros, más desafiantes, seguramente se preguntarán, con un tono entre fastidiado y altanero: ¿por qué molestarse en comentar, releer –¡ni hablemos de leer para quienes todavía no lo hicieron!– o siquiera hablar del Manifiesto Comunista? ¿Qué sentido tiene? Y, creyendo sin duda estar haciendo un planteo novedoso dirán que el marxismo ha muerto, ignorando que, como lo recuerda Michel Löwy, esta sentencia había sido dictada por Benedetto Croce, el patriarca hegeliano de la cultura italiana. En 1907, Croce erró burdamente al decir, apenas diez años antes de la revolución rusa que "el marxismo está definitivamente muerto para la humanidad" (1998, p. 161). Estas posturas obedecen menos a una actitud "anti-marxista" o a un irrefrenable macarthismo que a la visceral repulsa que la "sensibilidad posmoderna" de nuestros días siente por la teoría, los grandes relatos y, en general, por todo lo que huela a herencia del Iluminismo (Norris, 1997: pp. 34-39; 144-151; 180-182). Según el posmodernismo sociológico todo aquel arcaico mundo de verdades objetivas, estructuras, "leyes de movimientos" y causas se desvaneció como una niebla matinal poniendo al descubierto, en su reemplazo, una vistosa galaxia de fragmentos sociales, azarosas contingencias y fugaces circunstancias cuyas infinitas combinatorias provocaron la bancarrota no sólo del marxismo sino de toda la herencia teoreticista del Siglo de las Luces. Tiene razón Terry Eagleton cuando asegura que, para la "sensibilidad posmoderna" las ideas marxistas son menos combatidas que ignoradas: no se trata de que éstas sean equivocadas sino que, como aseguran sus críticos, se han vuelto irrelevantes, al igual que la
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