Me considero afortunada de poder hablar en 1960, en el comienzo de un per\u00edodo dentro del cual, ciertamente, la antropolog\u00eda en su as- pecto te\u00f3rico estar\u00e1 m\u00e1s activa y ser\u00e1 m\u00e1s \u00fatil para el pa\u00eds y el mundo que lo que fue en la d\u00e9cada pasada.
La muerte, durante este a\u00f1o, de Alfred Kroeber y Clyde Kluckhohn ha puesto agudamente ante mi conciencia, y creo tambi\u00e9n ante la conciencia de muchos antrop\u00f3logos, la especial necesidad que tenemos de conservar a quienes nunca permiten que su activa fidelidad a su propia disciplina los absorba y los a\u00edsle de la comunidad de los cient\u00edficos y estudiosos. Los antrop\u00f3logos se hallan mejor dotados que los integrantes de la mayor\u00eda de otras disciplinas para contribuir acti- vamente al progreso del pensamiento ordenado, si bien estamos sujetos tambi\u00e9n a formas particulares de inclinaciones rutinarias que nos a\u00eds- lan. Parece oportuno que consideremos estas aptitudes esenciales que nos unen y a veces nos separan de la comunidad intelectual m\u00e1s am- plia, en este a\u00f1o en el que hemos perdido los \u00faltimos de aquellos que siempre deben destacarse como gigantes porque ellos representaban- al crecer dentro de la disciplina- con mayor autoridad la antropolog\u00eda que los m\u00e1s j\u00f3venes.
En 1932, me hallaba sentada en la cumbre de una colina de una aldea de Nueva Guinea- en la que permanec\u00ed siete largos meses- mien- tras le\u00eda una carta que describ\u00eda la posibilidad de que una importante fundaci\u00f3n pudiera otorgar dos millones de d\u00f3lares como fondo para un proyecto de exploraci\u00f3n de cinco a\u00f1os a fin de investigar las culturas mundiales primitivas sobrevivientes no estudiadas. Aqu\u00ed, desde cierto punto de vista, se trataba de un sue\u00f1o que se tornaba verdadero; Franz Boas y Radcliffe-Brown hab\u00edan formulado cada uno planes tras planes para los institutos que emprender\u00edan la exploraci\u00f3n de regiones enteras sistem\u00e1ticamente, cada sector de b\u00fasqueda de un investigador vincula-
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