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Revista UdeA

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Entrevista con Jaume Vallcorba editor de acantilado
Entrevista con Jaume Vallcorba editor de acantilado

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08/25/2014

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98
 revista UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA
su trabajo, ajeno al afán meramente comercial, sino también en el amor y defensa del verdadero libro. Por una casualidad llevaba en la manos
Las pequeñas virtudes 
, el precioso libro de ensayos de Natalia Ginzburg, publicado por él en
 Acan-tilado
, y quizás fue esta circunstancia, además de su gentileza, la que con-tribuyó a que un día después, en el restaurante del hotel, aceptara esta conversación, en la cual nos acompa-ñó la editora y poeta Lucía Donadío  y el novelista y también poeta Darío  Jaramillo.De los momentos previos a la grabación, quisiera destacar dos. El primero, aquél en el que Vall-corba contó cómo un día fue a Torino de visita a la famosa casa editorial Einaudi, donde ¡claro! quiso conocer la oficina donde Cesare Pavese, el mítico escritor italiano, fundador de ésta, junto a Natalia Ginzburg, su marido Leone y Giulio Einaudi, cumplía su trabajo, pero se encontró con la sorpresa de que allí, ¡hasta este punto han cambiado los tiempos!, nadie le supo dar razón. Y, el segundo, tiene que ver con Roberto Calasso, el ensayista y nove-lista italiano, director de la prestigiosa editorial
 Adelfi 
, su amigo además, al cual se refiere con el entusiasmo y aprecio de quien ve en él la perso-nalidad editorial más destacada del momento y, por supuesto, el modelo a seguir.Con Juame Vallcorba hablamos un largo rato, que pudo ampliarse mucho más, dado el interés que despiertan sus ideas, experiencias y convicciones, pero se le presentó una opción mejor: dos jóvenes guías que trabajaban con el certamen, preguntaban por él para llevarlo a conocer el Museo del Oro, una de las muchas cosas que quería hacer en Bogotá.
Entrevista con
Jaume Vallcorba,
editor de
Acantilado 
Elkin Restrepo
C
onocí a Jaume Vallcorba, cuando una mañana de abril durante la pasada Feria del libro de Bogotá, en el hall del Hotel Tequendama, Oscar Collazos me lo presentó. Había sido invitado por el Ministerio de Cultura, junto a otros reconocidos editores internacionales, entre los que se encontraban Jorge Herralde de Anagrama, José Borrás de
Pretextos 
, Eduardo Rabasa de la
 Editorial sexto  piso
 y el agente literario Guillermo Schavelzon, para que hablaran acerca de sus experiencias y del carácter y el papel que cumplen las editoriales independientes en estos días de gran-des consorcios, marketing y mundo globalizado. Jaume es el editor de la editorial
 Acantilado
 de Barcelona, conocida por la calidad de los autores  y obras que publica, y comparte con aquellos una integridad a toda prueba no sólo en su manera de entender
 
revista UNIVERSIDAD
99
 DE ANTIOQUIA
 Jaime, comencemos esta conversa-ción con una noticia personal suya.
—Bueno, me llamo Santiago, o Jaume (como soy más conocido), depende de si se usa el nombre en catalán o en castellano. Nací en Ta-rragona en 1949; estudié Filosofía y Letras en la Universidad Autónoma de Barcelona; hice mi tesis en licen-ciatura y, luego, la doctoral en la de Barcelona, en el año 1983, sobre José María Junoy y la primera
vanguardia 
 en Barcelona. Naturalmente, eso sólo podía hacerse entendiendo en primer lugar a la vanguardia parisina. La  vanguardia clásica, la de Apollinaire, Reverdy, Picasso, Gris, Max Jacob
 
 y demás. Trabajé en la universidad como docente de literatura durante casi treinta años; hace dos la dejé. Estuve en la universidad de Burdeos, luego en la de Barcelona y, más tarde, en la Pompeu Fabra de Barcelona
.
 Desde su fundación, hice de todo, menos de rector o de mujer de la limpieza: formé parte de la Junta de Gobierno, de la de Facultad, codirigí el Instituto Universitario de Cultura, me ocupé de los Erasmus y, naturalmente, di clases de literatura. Bueno, en 1979, empecé la edición en catalán con
Quaderns Crema,
 que todavía está viva.
¿Cómo llegó a la labor editorial? 
—Por casualidad. Cuando vivía en Burdeos, un día llamaron a mi puerta. Apareció una persona que no conocía, hijo de los Bosch, de Bosch, casa edi-torial,
 
una editorial muy conocida por sus libros de texto de derecho, ciencias económicas y algunos manuales uni- versitarios; le habían hablado de como alguien que podía colaborarle en un proyecto editorial que tenía en mente. Empecé haciendo alguna cubierta de libro como diseñador grá-fico, y más adelante a intervenir en la programación y la dirección editorial. Había oído decir a Gabriel Ferrater, que estuvo en el núcleo de la mítica Seix Barral, que un catálogo editorial empezaba a tomar cuerpo después de 15 años, y yo que, vamos, siempre he sido muy disciplinado y tenía a Gabriel Ferrater como un maestro, le propuse a Antoni Bosch trabajar en un proyecto de largo aliento, del que sólo empeza-ríamos a ver resultados pasados quince años. Me dijo que sí y, ahí, empecé con una revista,
Quaderns Crema 
, y algunos títulos; pero duró muy poquito, porque, al cabo de nada, me dijo: “bueno, me parece que esto no acaba de ir”. Me di cuenta de inmediato que no quería continuar. Mientras tanto, yo había dejado la Universidad de Burdeos, estaba de nuevo en Barcelona, y pensé que lo que podía hacer, en vez de cobrar la indemnización a que tenía derecho, era quedarme con los contratos y empezar por mi cuenta. Así empecé en 1979, completamente solo, como editor. Los primeros libros que publiqué fueron la edición de las poesías completas de
 
Ausiàs March
,
preparada por Juan Ferraté, y un libro de poemas de un nuevo poeta, Antoni Marí. Mi idea entonces y, aún sigue siéndolo en términos editoriales, es la de —por una parte— recuperar textos fundamentales de la historia cultural propia (cuando digo propia quiero decir occidental) que, por cualquier motivo, hayan caído en el olvido. No creo que haya que recuperar muchas de las obras que hayan caído
 justamente 
 en el olvido; sino sólo los libros que aún nos puedan contar algo, nos puedan decir algo importante sobre nosotros  y nuestro tiempo; así pues, por una parte, recuperar obras fundamentales. En el caso de la literatura en catalán, Ausiàs March era uno y J. V. Foix, un contemporáneo por entonces muy olvidado cuando no mirado con hos-tilidad. Había que editarlos de nuevo de modo pulcro y para un público general, no para un público universi-tario cerrado, para un clan, sino para el lector común. Traducir, en la medida de lo posible también, obras funda-mentales, en traducciones bien hechas,  y finalmente ofrecer una plataforma a los nuevos autores que estuvieran ahí con auténtica vocación literaria, eso iba ligado a una revista que se llamó
Quaderns Crema,
 en la que colaboraron un buen número de personas, desde Italo Calvino
 
hasta
 
Paul Zumthor o Hans Jürgen Syberberg, en su inmensa mayoría con textos inéditos.
—La elección que haces de libros y autores, ¿la realiza usted solo, o tiene un comité que le colabora? 
—La decido yo siempre, aunque naturalmente cuento con la ayuda de lectores.
—¿Cuándo termina la época catala-na de editor de
Quaderns Crema
 y sigue la de
Acantilado
—No, la catalana todavía continúa.
Quaderns Crema 
 sigue publicando libros, aún publica autores jóvenes, muchos de los cuales ya son autores consolidados. Quim Monzó, por ejemplo, es de
Quaderns Crema 
, Sergi Pàmies, que ahora empieza a despuntar, está también en mi catálogo. Ambos, en castellano, están en el catálogo de Anagrama. Pero
Quaderns Crema 
 sigue  viva y funciona como editora en cata-lán; ahora yo empecé, en 1999, con un nuevo sello en español,
 Acantilado
.
¿El nombre
Quaderns Crema
 de donde surgió?, ¿es idea también suya? 
Sí, bueno, no soy muy bueno poniendo nombres a las cosas, pero en aquel momento estaba leyendo el
cuaderno azul 
 y el
cuaderno marrón
de  Wittgenstein, que simplemente se llamaban así por el color de sus tapas. Había además, en el patrimonio lite-rario catalán, un libro extraordinario, de primer orden, de Josep Pla, que se llama C
uaderno gris 
, porque las tapas eran de ese color. Como los libros que estaba haciendo eran de color crema, pensé que llamarles
Quaderns Crema 
 era pues, una buena idea y así se llamaron,
Quaderns crema 
.
¿También diseña los libros? 
Sí, diseño mis libros desde el primer día… Me divierto y además me relaja muchísimo. Me transporta a otro mundo.
Fg   iá
 
100
 revista UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA
¿Hace, entonces, todo en la edito-rial?... hablemos del diseño.
El diseño es mío, sí, en mis dos editoriales.
¿El color rojo y negro de la portada de los libros es para que se vean más vistosos? 
Bueno, tengo el convencimiento (que tampoco es sólo mío), si quieres que hablemos de diseño de libros, de que en una
editorial de catálogo
, en la que promocionas a nuevos autores absolutamente desconocidos, esos autores deben ir arropados por los demás autores que ya son conocidos del público lector. Y en la librería eso se hace, en primer lugar, se pre-senta ese nuevo libro con un aspecto reconocible. Para eso, se necesita configurar una línea de diseño muy coherente y que, a la vez, permita que un nuevo libro no parezca idéntico al precedente; que se perciba una cierta novedad, pero sea perfectamente reconocible en sus líneas maestras; que se vea que forma parte de una familia. Cuando empecé con
Quaderns Crema 
, casi de inmediato pensé en el color blanco para las cubiertas de los libros de narrativa. No se hacían libros blancos, de manera que esos iban a resaltar por su falta de estridencia (por aquél entonces, los libros empezaban a chillar en las librerías). Los vendedores me decían “que era absurdo, que eso no se podía hacer, que no lograría  venderlos jamás,” pues eran cubiertas blancas, además muy brillantes, pero lo cierto es que el diseño que usé en 1979 aún es el mismo que uso hoy, sólo ha habido un ligero cambio que prácticamente nadie ha advertido, ya que los títulos iban en caja alta y ahora  van en caja alta y baja. Me di cuenta que cuando un libro se reproducía o se veía en televisión, o se reproducía en un periódico, si se ponía sólo en caja alta no se leía bien; en cambio en caja alta y baja, sí. Entonces, bueno, cambié a caja alta y baja, pero insisto, eso es algo que prácticamente nadie ha advertido porque el diseño sigue siendo el mismo y puedo decir, sin demasiada impudicia, que es muy copiado. El de
 Acantilado
 es opuesto en términos cromáticos: ahí el negro tiene una presencia muy destacada, al lado del rojo. Me interesaba marcar un tono de radicalidad con el rojo  y el negro; y que fuera identificable también por esa franja roja sobre el negro y demás. El diseño de libros de los últimos años nos ha acostumbrado a cubiertas cada vez más agresivas, más chillonas. Estoy convencido de que si uno grita mucho, el griterío final se convierte en una especie de zarabanda tremenda en la que nadie destaca. Creo, entonces, que puede ser bueno llamar la atención desde una cierta tranquilidad, incluso si esa tranquilidad es radical, y ese fue el diseño que procuré hacer. ¿Qué cómo empecé a diseñar? Bueno, cuando me fui de casa me fui muy joven, el día que prácticamente era mayor de edad: en España se era mayor de edad a los 21 años, una de las formas que tuve para ganarme la vida, además de dar clases particulares, fue dedicarme, también por casualidad, al diseño gráfico y a la impresión. Tuve un taller de serigrafía, trabajé con distintos pintores (Tàpies fue uno de ellos) y también hice diseño gráfico.
—¿Cuando trabajó con Tàpies cual era su labor? 
—Bueno, Tàpies quería que el taller imprimiera serigrafías suyas, su obra gráfica serigráfica. En el taller nosotros trabajábamos con artistas, éramos grabadores por decirlo así; yo mismo soy oficial grabador, tengo mi carné y bueno, ahí tuve ese taller, que me dio una gran familiaridad con los papeles, las tintas, el color, la forma de conseguir colores que sean fijos y no decoloren, porqué esto es importante en los escaparates, etcétera.
—¿Es de cierta forma un artista que llega a la labor editorial? 
—Bueno, no, artista no, artesano. A casa llegaban los pintores y decían “quiero esto”, “quiero 150 copias de esto”; entonces hacíamos las pruebas de color y cuando llegábamos al que se llama, bueno, en términos de artes gráficas, el
bon à tirer 
, ahí sí iba yo. “Adelante: vamos a imprimir cien”, entonces imprimíamos esos cien, el artista los firmaba los numeraba y se  vendían como obra gráfica original. Estuve trabajando, como dije, con bastantes pintores.
Pero no es frecuente que un edi-tor haya tenido experiencia en artes  gráficas.
—Fue de nuevo por casualidad. En algo tenía que ganarme la vida. Pero tengo que decir que disfruté extraordinariamente.
—Resulta, en todo caso, una ventaja  frente a otros editores, que no gozan de esa sensibilidad respecto a lo gráfico.
—Sí, ha sido una gran suerte haber trabajado como diseñador gráfico. Hice cosas bastante divertidas. Llegué a hacer un cartel para la gira de Frank Zappa en España, para Gay Mercader, que fue el que montó los grandes conciertos, entre ellos los de los
Rolling Stones,
 en España. Aún lo tiene colgado en su despacho.
—¿Qué otros carteles ha hecho? 
—Bueno, hice carteles para mu-chísima gente, hice montones de co-sas, diseñé libros y diseñé estampados de tejidos para
Groc,
 que es la tienda de  Toni Miró; hice muchos objetos para Vinçon, no sé si conocen esa tienda de Barcelona en el paseo de Gracia, que está subiendo a mano derecha; es
Debe trabajarse para el público, y para que una editorial funcione es fundamental crear un público

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