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LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN-Carlos Castaneda

LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN-Carlos Castaneda

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Ir al Índice

LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN
(Una forma Yaqui de conocimiento)

Carlos Castaneda

1

Índice
Introducción.................................................................................... 3

Las enseñanzas
Capítulo I ..................................................................................... 10 Capítulo II .................................................................................... 15 Capítulo III ...........................................................
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LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN
(Una forma Yaqui de conocimiento)

Carlos Castaneda

1

Índice
Introducción.................................................................................... 3

Las enseñanzas
Capítulo I ..................................................................................... 10 Capítulo II .................................................................................... 15 Capítulo III ...........................................................

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1
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LAS ENSEÑANZAS DEDON JUAN
(Una forma Yaqui de conocimiento)
Carlos Castaneda
 
2
 Índice
 
 Introducción
....................................................................................3
 Las enseñanzas
Capítulo I.....................................................................................10Capítulo II....................................................................................15Capítulo III...................................................................................25Capítulo IV...................................................................................43Capítulo V....................................................................................53Capítulo VI...................................................................................61Capítulo VII.................................................................................67Capítulo VIII................................................................................74Capítulo IX...................................................................................79Capítulo X....................................................................................84Capítulo XI...................................................................................92
 
3
 INTRODUCCIÓN 
DURANTE el verano de 1960, siendo estudiante de antropología en la Universidad deCalifornia, los Ángeles, hice varios viajes al suroeste para recabar información sobre las plantasmedicinales usadas por los indios de la zona. Los hechos que aquí describo empezaron duranteuno de mis viajes. Esperaba yo un autobús Greyhound en un pueblo fronterizo, platicando conun amigo que había sido mi guía y ayudante en la investigación. De pronto se inclinó hacia mí ydijo que el hombre sentado junto a la ventana, un indio viejo de cabello blanco, sabía mucho deplantas, del peyote sobre todo. Pedía mi amigo presentarme a ese hombre.Mi amigo lo saludó, luego se acercó a darle la mano. Después de que ambos hablaron un rato,mi amigo me hizo seña de unírmeles, pero inmediatamente me dejó solo con el viejo, sinmolestarse siquiera en presentarnos. El no se sintió incomodado en lo más mínimo. Le dije minombre y él respondió que se llamaba Juan y que estaba a mis órdenes. Me hablaba de "usted".Nos dimos la mano por iniciativa mía y luego permanecimos un tiempo callados. No era unsilencio tenso, sino una quietud natural y relajada por ambas partes. Aunque las arrugas de surostro moreno y de su cuello revelaban su edad, me fijé en que su cuerpo era ágil y musculoso.Le dije que me interesaba obtener informes sobre plantas medicinales. Aunque de hecho miignorancia con respecto al peyote era casi total, me descubrí fingiendo saber mucho, e inclusoinsinuando que tal vez le conviniera platicar conmigo. Mientras yo parloteaba así, él asentíadespacio y me miraba, pero sin decir nada. Esquivé sus ojos y terminamos por quedar los dos ensilencio absoluto. Finalmente, tras lo que pareció un tiempo muy largo, don Juan se levantó ymiró por la ventana. Su autobús había llegado. Dijo adiós y salió de la terminal.Me molestaba haberle dicho tonterías, y que esos ojos notables hubieran visto mi juego. Alvolver, mi amigo trató de consolarme por no haber logrado algo de don Juan. Explicó que elviejo era a menudo callado o evasivo; pero el efecto inquietante de ese primer encuentro no sedisipó con facilidad.Me propuse averiguar dónde vivía don Juan, y más tarde lo visité varias veces. En cada visitaintenté llevarlo a hablar del peyote, pero sin éxito. No obstante, nos hicimos muy buenosamigos, y mi investigación científica fue relegada, o al menos reencaminada por cauces que sehallaban mundos aparte de mi intención original.El amigo que me presentó a don Juan explicó más tarde que el viejo no era originario deArizona, donde nos conocimos, sino un indio yaqui de Sonora.Al principio vi a don Juan simplemente, como un hombre algo peculiar que sabía mucho sobreel peyote y que hablaba el español notablemente bien. Pero la gente con quien vivía loconsideraba dueño de algún "saber secreto", lo creía "brujo". Como se sabe, la palabra denotaesencialmente a una persona que, posee poderes extraordinarios, por lo general malignos.Después de todo un año de conocernos, don Juan fue franco conmigo. Un día me explicó queposeía ciertos conocimientos recibidos de un maestro, un "benefactor como él lo llamaba, quelo había dirigido en una especie de aprendizaje. Don Juan, a su vez, me había escogido comoaprendiz, pero me advirtió que yo debería comprometerme a fondo, y que el proceso era largo yarduo.Al describir a su maestro, don Juan usó la palabra "diablero". Más tarde supe que ése es untérmino usado sólo por los indios de Sonora. Denota a una persona malvada que practica lamagia negra y puede transformarse en animal: en pájaro, perro, coyote o cualquier otra criatura.En una de mis visitas a Sonora tuve una experiencia peculiar que ilustraba el sentir de los indioshacia los diableros. Iba yo conduciendo un auto de noche, en compañía de dos amigos indios,cuando vi a un animal, al parecer un perro, cruzar la carretera. Uno de mis compañeros dijo queno era un perro, sino un coyote enorme. Disminuí la velocidad, y me acerqué a la cuneta paraverlo bien. Permaneció unos cuantos segundos más al alcance de los faros y luego corrió a

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