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Busco a Mi Madre, Busco a Mi Hija

Busco a Mi Madre, Busco a Mi Hija

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 BUSCO A MI MADRE, BUSCO A MI HIJA
Desde que explotó el caso de los niños dados por muertos y entregados irregularmente en adopción en el que se vinculó al sacerdote Gerardo Joannon, hay cerca de 2 mil chilenos que están buscando a su madre biológica o a un hijo que les fue arrebatado. La búsqueda es una odisea porque sus certificados de nacimiento fueron falsificados y no quedó registro de su entrega a las nuevas familias. Este es el desesperado relato de quienes hoy preguntan: ¿madre, dónde estás?
Por Gabriela García / Producción periodística: Catalina Jofré / Fotografía: Rodrigo Chodil / Producción: Camila Letelier
Ester Herrera (en la fotografía) inició una campaña en las redes sociales para encontrar a su madre biológica.
 
 
 Un trajecito de lana blanco talla 0, abotonado al medio y con pequeños bordados azules es la principal pista que tiene Ester Herrera (periodista, 32 años) para dar con su progenitora, a quien hoy busca intensamente. Es la ropa que usó en sus primeras horas de vida y que llevaba puesta el 17 de julio de 1981 cuando fue entregada por una asistente social a su madre adoptiva, Alicia, quien entonces tenía 51 años y un negocio de dulces en El Arrayán. Alicia falleció en 2006 y Ester ya no puede exprimir sus recuerdos para saber más.
“Supe del trajecito de lana cuando tenía 15 años y mi madre me contó la verdad.
Yo lo intuía porque, a diferencia de ella, tengo ojos claros y piel blanca. Ese día la escuché hablar con una tía sobre mi origen. Y entonces la encaré y me contó, con mucho dolor, lo que había ocultado por años. Me dijo que la mujer que me entregó a ella era una asistente social o una matrona
no se acordaba bien
 a la que había conocido antes y a quien le había hablado de su sueño de ser mamá, lo que a esas alturas era difícil porque estaba en los cincuenta años y era soltera. Esa mujer se comprometió a ayudarla y un día llegó contándole que tenía una guagüita
y que, para entregársela, necesitaba su carnet”.
 Según le relató, al día siguiente, esa mujer llegó a la casa con la guagua, vestida con el trajecito de lana y un certificado de parto que indicaba a Alicia como la madre biológica. Según el documento con el que la inscribieron en el Registro Civil, Alicia la había tenido a las 40 semanas de gestación en una dirección que corresponde a la Clínica Lira a las 19:50 horas. Pero Alicia jamás la parió.
Tras esa confesión, Ester le hizo más y más preguntas a su madre adoptiva. “Quería
ayudarme, pero no tenía mucha más información y no se acordaba del nombre de la mujer que me entr
egó”. Ester hizo una búsqueda preliminar en 2008, y supo que
la Clínica Lira (entonces ubicada en Santiago Centro) había sido clausurada por abortiva. No consiguió saber mucho más. Siguió con su vida
se emparejó y tuvo una hija
 y el tema quedó en stand by. Pero hace tres meses, cuando estalló el caso Joannon y se enteró de que en los años 70 y 80 hubo madres adolescentes a las que engañaron, diciéndoles que sus hijos habían muerto para darlos en adopción ilegalmente, se le apretó el corazón.
“Una corrient
e eléctrica me recorrió el cuerpo. Volví a sentir la urgencia de saber y
constatar que no era la única que necesitaba respuestas, me empoderó”, dice.
 Fue al Registro Civil a pedir un acta de nacimiento. Aunque está falsificada, ya que ella aparece como hija natural de Alicia, encontró el nombre y la firma del médico que supuestamente atendió su parto. Lo buscó en internet. El doctor había muerto
pero dio con su hijo y le pidió que se juntaran. “Él me corroboró que era la letra de
 
su padre y se comprometió a
averiguar. Estoy a la espera de alguna noticia”,
cuenta. También fue a la dirección donde funcionó la Clínica Lira. Una persona le dio algunos nombres de quienes trabajaban ahí en los 80, pero no tiene los apellidos. Sabe que le tomará tiempo llegar a ellos. Lo otro que hizo fue recurrir a las redes sociales: inició una campaña en la que hace un llamado público de ayuda e información. Mucha gente ha respondido y le da
pistas. “Son datos que tengo que validar. Me han llegado cosas increíbles como el
correo de una niña que busca a su hermana gemela que justo nació el mismo año que yo, en 1981, y se parece a mí. No quiero ilusionarme, pero tampoco puedo
descartar nada”.
 Además, posteó una carta dirigida a su progenitora, la que ha traducido a varios idiomas, y publicó fotos de ella de guagua y del chalequito de lana. Su idea es que esa carta y esas fotos se viralicen como un mensaje embotellado. Ester es consciente de que su búsqueda quizás sea infructuosa. Que tiene poquísimos datos. Que dispone de muy pocas pistas para dar con su madre y reconocerla. Que sus únicas pruebas son el acta de nacimiento falsificado y el chalequito de lana.
“Esa prenda se ha convertido en mi carnet de identidad. Porque, si algún día la
encuentro, es el objeto con el que podremos ide
ntificarnos”.
 PAPELES QUEMADOS La actual legislación chilena sobre adopciones establece que todas las personas adoptadas, al cumplir 18 años y tras conseguir una orden judicial, tienen derecho a

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