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y mi vozMostrando cuán cerca habitanel gozo y el padecer,que no hay placer sin lágrimas, ni penaque no transpire en medio del placer.
Espronceda. No hay velada lírico-etílica en la que, antes de atacar los cantosregionales, no castigue a los amigos con
la Canción del Pirata
. No en vano, al cumplir loscincuenta años y entrar en la madurescencia, renové el juramento que da luz a mi vida:
Que es mi barco mi tesoro,que es mi Dios la libertad,mi ley la fuerza y el viento,mi única patria la mar.
Espronceda, laico, revolucionario en París, libertario y republicano. Gil y Carrascolo admiraba y fueron amigos. Cuando se conocieron -Madrid, 1836-, Espronceda tenía28 años y Enrique apenas 21. De todo aquel grupo de agitadores liberales –Martínez dela Rosa, Mesonero Romanos, Moratín, Larra-, Gil y Carrasco fue el más moderado, por sucarácter intimista, pero la adscripción progresista de Enrique Gil es inequívoca. En el mejorensayo escrito hasta la fecha sobre nuestro novelista romántico, el poeta villafranquinoJuan Carlos Mestre, digno heredero, explora la posible afiliación del novelista berciano a lamasonería. “Aún siendo sostenible –escriben Mestre y Muñoz Sanjuán
[Introducción
a
El señor deBembibre]
- su probable adscripción a algún tipo de saber iniciático, tan en boga en esos años–recordemos que su íntimo amigo y protector Espronceda era un incansable activista a favorde la masonería, y masones lo fueron también Martínez de la Rosa, Mesonero Romanos, elduque de Rivas, Moratín, Larra y tantos otros e influyentes personajes del entorno literario ypolítico liberal de Enrique, lo que no pareciera concitar dudas es la proximidad temática (...)que ha vinculado históricamente a la masonería con la Orden del Temple”.Sin ocultar sus simpatías, Mestre y Muñoz son muy respetuosos con la figura deEnrique Gil (“de más que dudoso talante católico”, escriben cautelosos); son mucho másrespetuosos que las derechas villafranquinas, adueñándose de su nombre y sepultandoreligiosamente su verdadera personalidad. Yo no pecaré de prudencia; pido la desamortizaciónde Gil y Carrasco; reivindico como primer escritor del Bierzo al Enrique libre, progresista,agnóstico y, con certeza, masón. Aprisionado en una sexualidad torturada, acaso en elarmario, roturada por traumas juveniles. Entre septiembre y noviembre de 1837 –teníaEnrique veintidós años-, mueren su padre y sus dos íntimos confidentes, los hermanosGuillermo y Juana Baylina. “Nocturnos con niebla”.Su viaje a Berlín forma parte de una misión entre iniciados: parte de Madrid concartas de recomendación de sus hermanos masones y es acogido en Prusia por masonesilustres como Mendhelson y Humboldt: “La manifiesta y positiva afectividad de Humboldthacia Enrique, la facilidad de sus relaciones en los altos círculos de influencia económica ypolítica del joven escritor, serán abiertas con otra llave, la “llave” (...) que tanta importanciaencierra como clave de significación masónica”
[Mestre/Muñoz].
En un guión cinematográficoinédito, del artista ponferradino José Cerdeira, se deja entrever que la relación entre Humboldty Gil fue algo más que afectividad diplomática. Quizás otra lectura de la novela nos muestreel lado femenino de don Álvaro, el Señor de Bembibre.Menos sacristía y que corra el aire. Hay que releer
El señor de Bembibre
con lasclaves que Mestre, Muñoz, Humboldt, Cerdeira y Ovidio Blanco suministran –“lo que nosofrece la posibilidad de una nueva mirada interpretativa sobre la alegoría subyacente en
El señor de Bembibre-
para comprender todos los matices y descubrir el contenido oculto, parainiciados, autobiográfico, que Enrique Gil encripta en sus páginas. Bajo la capa medievaly templaria, laten episodios de la España del XIX. Bajo la trama de amores románticos,contrariados, prohibidos, laten pasiones ocultas, y la extrema sensibilidad del poeta confiesasu lado femenino:
Ilustración de Luis Gómez Domingo
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