-Y, como imagino, es el que supongo quieres que pinte.-Efectivamente, pero sólo hay una cosa que te pido, y es que por favor me acompañes a mi casa y veas el estilo que guardan el resto delos cuadros de la sala, quiero que guarde la misma armonía.-Pero..., por favor, escúchame, yo no soy el pintor que tuvisteis,tengo mi propio estilo, no puedo copiar.-¡No, no es copiar lo que te pido!, es tan solo orientarte en el estilo clásico de la sala y de los cuadros, sólo eso, te pagaré bien.Lo pensé tras un momento de pausa, comprendí que era unencargo muy especial, y además era bien pagado, ¡que demonios, puesclaro que si!, entonces le respondí:-¿Cuándo vamos? La respuesta no se hizo esperar, emprendimos la marcha.
Aquello no era una casa, era un palacio, me recordabaligeramente a la casa de Scarlet O’Hara, es más, casi podía verlabajando por aquellas escaleras mientras Garble la esperaba apoyado enel pasamanos, aquella casa era una herencia de la familia del marido deCira, tuvo la gran suerte de ser el único que se quedase en esta ciudad,sus demás hermanos marcharon al extranjero.Comenzamos viendo la parte de arriba. Mientras ascendíamospor la escalera, podía ir contemplando todos y cada uno de los cuadros,todos pertenecientes a la época dorada del Renacimiento, un Giorgione,un Fra Filippo, un Tiziano, un Rafael, un Veronese, un Greco, unVelázquez...; entre otros negocios su marido se dedicaba a invertir enarte, su mayor afición; iba mostrándome las habitaciones cuando pudecomprobar que se dejaba una, debió notarme cierto aire de duda yaque volvimos hacia ella.
-Aquí está mi abuela Claudia, -
mientras abría la puerta
- la damadel retrato esta enferma y apenas puede andar, se pasa los díassentada en su vieja mecedora.
Se encontraba en una habitación prácticamente vacía, siniestra,sin vida, y ella descansando su vida en su mecedora, sobre sus piernasreposaba un viejo libro abierto con una fotografía y una rosa en medio,en el centro, en ese momento, lo único que pude divisar, fue a una jovencita encerrada en aquel rostro surcado de arrugas, sus ojosimploraban cariño, su lagrima lloraba ayuda.
-Jamás dice palabra, es extraño, es la primera vez que la veoderramar una lágrima, siempre esta tan inerte..., yo he intentadoalguna vez sacarla, pero Adriano, mi marido piensa que no se daríacuenta y que aquí está más a gusto.-Pero, ¡es tu abuela
! –le medio sollocé-
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