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añana, para la Nochebuena,alrededor del árbol de Navidad, sus hijos estaránesperando regalos, como siempre, claro. Ellos debenaguardar con emoción los misteriosos y multicolores paquetes y bolsas que yo suelo llevar, gracias a laselecciones de ustedes, en esta simpática relación decomplicidad que nos une.Esos regalos "de Papá Noel" son juguetes, ropa, libros... y, hoy en día, posiblementeno sean juguetes cualquiera, ropa cualquiera, libroscualquiera, sino juguetes electrónicos, ropa dedeterminada marca, libros con música incorporada yotros inventos por el estilo. Está muy bien todo esto,aunque mi edad me impide entender tantos avancestecnológicos y todo lo que ustedes y sus niñosconsideran que es in. Pero ojo, que yo no soy unviejo out. Estoy al tanto de todo. Por eso, lo que daalegría me alegra. La alegría de los niños es mialegría. Su felicidad, la mía.Pero si yo realmente no fuese lo quesoy -un sueño, una ilusión, un personaje de cuento oalguien disfrazado-, si yo fuese una persona terrena,de este mundo, sería un viejo regordete que se pasaría las Navidades llevando en su simbólicotrineo otros regalos. ¿Qué regalos? Amor, en primer término.Un amor que se siente en el corazón,que se regala con caricias, gestos, actitudes. Unamor que se prodiga sin pedir nada a cambio: ni
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