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24/El Viejo
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El Viejo
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Como es sabido,el detonante de los hechos de mayo fue latoma de la Telefónica por los guardias de asalto.¿Por qué deci-dió el Gobierno de la Generalitat arrebatar a la CNT,que se había hecho propietaria de esa compañía,el control de las comunicaciones telefónicas? 
—Como bien has dicho, se trató del “detonante”, en una si-tuación de crisis de las relaciones entre las fuerzas que cons-tituían el Consell de la Generalitat –es decir, la ERC, CNT, laFAI, la UdR, la UGT y el PSUC– al que se sumaría el POUM,expulsado del gobierno en diciembre de 1936. La toma de laTelefónica, sin embargo, tiene un valor real y simbólico almismo tiempo, porque implica hacerse con el centro decomunicaciones más importante que existía y porque impli-caba un eslabón en una cadena funcional del debate defondo: las relaciones entre el poder institucional y el poderde base de las distintas fuerzas sindicales y políticas. La dis-puta por el control de la Telefónica es un ejemplo claro deesta disputa por el
poder 
o los
poderes 
que está en el origende los conflictos desde el verano de 1936. Un debate sobrecontrol social de cada organización más relevante que lo queha ido llegando hasta nosotros simplificado en términos derevolución y contrarrevolución.
Pero la CNT estaba en el Gobierno,y no sólo en el de Cata-luña,sino también en el de España.¿Hemos de entender que hubo por parte del resto de los partidos del Frente Popular o del Consell de la Generalitat un intento de desalojar del poder a los anarquistas? — 
Es posible que algunos sectores pudieran considerarlo así (y no me refiero a partidos enteros, sino a tendencias den-tro de los mismos). Creo, con todo, que lo que explica mejorlas cosas es que la CNT, sin rival en el movimiento obrerocatalán antes de la guerra –a diferencia de lo que ocurre enel resto del territorio republicano– desea mantener unaambigüedad calculada sobre la configuración del poder po-lítico. No puede imponer el proyecto libertario, pero sí de-sea mantener ámbitos de independencia de gestión que serefieren, fundamentalmente, al control del Orden Público y al de algunas actividades económicas. Cuando se producela consolidación de las instituciones y se precisa una ciertadisciplina, que por lo menos vincule a quienes están en elgobierno como la propia CNT, ésta se resiste a abandonaresta versión difusa del poder. No es casualidad que la crisisgubernamental en Cataluña se produzca, el mes anterior ala crisis de mayo, como resultado de la aprobación de losdecretos de orden público, que unificaban el mando y loponían en manos de sectores próximos al Conseller Aigua-der, de ERC. El PSUC, en este conflicto, se orientaba clara-mente al reforzamiento de las instituciones, algo que le lle-vará a confluir con ERC
aunque sin desear romper con la CNT.
El PSUC sólo se había planteado la exclusión del POUM de lapolítica catalana.
Barcelona, mayo de 1937
Entrevista a
Ferran Gallego
por
Miguel Riera 
fotografías de
 Alejandro Pérez
l historiador Ferran Gallego acaba de publicar un libro,
Barcelona,mayo de 1937 
(Debate), que cuestiona omatiza las versiones más difundidas de lo que ocurrió en Cataluña, singularmente en Barcelona, del 3 al 7de mayo de 1937. Con la publicación de este libro se abre de nuevo un debate sobre un tema que, a pesarde los setenta años transcurridos, sigue despertando pasiones sin que acaben de cerrarse las heridas (políticas)que se produjeron en aquellos acontecimientos.
E
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26/El Viejo
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—¿Por qué el PSUC quería excluir al POUM? ¿Por qué este últi-mo partido fue expulsado del gobierno? 
—La respuesta canonizada por una historiografía vinculada ala izquierda socialista y al trotskismo ha dado por sentado quese trataba de una respuesta a las presiones de la InternacionalComunista en una campaña contra el trotskismo que se inicia-ría con el primero de los grandes procesos contra esta corrien-te, a comienzos de 1937. Las cosas son algo más complejas. Esindudable que para los “socialistas unificados”, el POUM apa-rece como un adversario político a batir, no como una fuerzacon la que negociar, pero no
únicamente 
como resultado de laspresiones externas, sino por una dinámica de competencia deespacios en el interior de Cataluña que ya ha dividido a losmarxistas en periodos anteriores. Tras la unificación de seisorganizaciones de esta tendencia en el PSUC y el POUM en1935-36, esta competencia pudo bipolarizarse con más como-didad. Sin embargo, el POUM pudo ser expulsado del gobiernocon el acuerdo de la CNT y de ERC –de otro modo habría resul-tado imposible–, como resultado de las críticas que este parti-do lanzaba no sólo contra el Frente Popular, sino incluso con-tra los pactos firmados por la FAI, el PSUC, la CNT y la UGT enoctubre de 1936. La expulsión fue, por tanto, un asunto de
todas las fuerzas significativas 
en Cataluña y, según creo, unerror táctico importante. El POUM no habría llegado a plan-tear una oposición tan radical al régimen –y no sólo al gobier-no– si se le hubiera aceptado como hasta entonces.
—¿Podrías resumir brevemente la postura de las distintas for-maciones políticas y sindicatos,amén de la reacción del gobier-no de España,al producirse la insurrección de mayo tras latoma de la Telefónica? ¿Creyó el POUM que podía derribar al  gobierno de la Generalitat y conseguir que los insurrectos toma-ran el poder? 
—Lo que podría indicarse, en primer lugar, es lo distintas queeran las posiciones de quienes levantan barricadas en las callesbarcelonesas el 3 de mayo de 1937. Sectores con las JuventudesLibertarias, el POUM o Los Amigos de Durruti podían plante-arse una sublevación contra el gobierno y la lógica de susalianzas sociopolíticas: es decir, contra el conjunto de los gru-pos obreros y republicanos. Quien definió de forma más claralas cosas fue el POUM, que consideraba que la lucha contra elfascismo no podía desvincularse de la revolución socialista y,por tanto, había de pasar por la ruptura con las organizacionesque representaban a la burguesía. El POUM siempre expresómuy claramente que el antifascismo era una excusa para nohacer la revolución, que era históricamente adecuada y políti-camente posible. Por ello, proponía la alianza entre su partidoleninista y las organizaciones libertarias en un Frente ObreroRevolucionario. Sin embargo, la misma CNT que combatió enlas calles de Barcelona no lo hizo con estos objetivos, sino paratratar de mantener las condiciones de poder adquiridas por elsindicato y evitar el deslizamiento del régimen hacia una acen-tuación de la disciplina, la homogeneidad gubernamental y launidad del poder. Creo que las cuestiones socio-económicastuvieron mucha menos relevancia que este aspecto. Lógi-camente, entre el POUM y la CNT-FAI podía haber una unidadtáctica inmediata, pero graves discrepancias estratégicas quepermitieron, por ejemplo, que los negociadores de la CNTprescindieran tanto de las presiones del POUM para tomar elpoder como de la representación de este partido en las nego-ciaciones con el Consell de la Generalitat. La respuesta de losdirigentes de la CNT a escala española fue la de acudir a calmarel conflicto para tratar de negociar el mantenimiento de lascondiciones existentes antes del asalto a la Telefónica. Sinembargo, por parte de socialistas, comunistas y republicanos,la insurrección fue contemplada como la prueba de la imposi-bilidad de seguir confiando en la capacidad de control de laCNT sobre su militancia y, por tanto, permitió abrir paso a nue-vos gobiernos en Valencia y en Barcelona, que liquidaran ladirección de Largo Caballero en el ejecutivo central y la pre-sencia de la CNT en ambos gobiernos. De igual forma, la insu-rrección se contempló, en especial por la prensa del PCE,como un movimiento que no iba dirigido contra el gobierno,sino contra el Frente Popular y el régimen republicano en suconjunto, lo que permitió establecer el mito de la colabo-ración entre el “trotskismo”, los “incontrolados” y “la quintacolumna”.
Un mito que,además de atentar gravemente a la verdad,po-nía en el mismo saco a gentes que no siempre se llevaban bien.¿Qué unía y que separaba a trotskistas,poumistas y cenetistas? 
—Obviamente, tratar a la izquierda que no fuera partidaria delFrente Popular de ser filofascista o quintacolumnista es, como ya he dicho hasta la saciedad, una ignominia. La verdad es queme gustaría escuchar apreciaciones similares del mundo liber-tario, poumista o trotskista, cuando se acusa a los socialistas ocomunistas españoles de ser simples agentes de Moscú. Para iral meollo de la cuestión, lo que cabe destacar es la diferenciaentre la CNT y cualquier versión del marxismo, sea poumista,trotskista, socialista o del PSUC. La CNT se plantea el comunis-mo libertario como objetivo, pero no será capaz de pasar a esaopción cuando se derrota al fascismo en Barcelona en julio de1936. Por ello, decidirá aceptar el mantenimiento de las insti-tuciones y la aceptación por éstas del poder alcanzado por el
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