26/El Viejo
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—¿Por qué el PSUC quería excluir al POUM? ¿Por qué este últi-mo partido fue expulsado del gobierno?
—La respuesta canonizada por una historiografía vinculada ala izquierda socialista y al trotskismo ha dado por sentado quese trataba de una respuesta a las presiones de la InternacionalComunista en una campaña contra el trotskismo que se inicia-ría con el primero de los grandes procesos contra esta corrien-te, a comienzos de 1937. Las cosas son algo más complejas. Esindudable que para los “socialistas unificados”, el POUM apa-rece como un adversario político a batir, no como una fuerzacon la que negociar, pero no
únicamente
como resultado de laspresiones externas, sino por una dinámica de competencia deespacios en el interior de Cataluña que ya ha dividido a losmarxistas en periodos anteriores. Tras la unificación de seisorganizaciones de esta tendencia en el PSUC y el POUM en1935-36, esta competencia pudo bipolarizarse con más como-didad. Sin embargo, el POUM pudo ser expulsado del gobiernocon el acuerdo de la CNT y de ERC –de otro modo habría resul-tado imposible–, como resultado de las críticas que este parti-do lanzaba no sólo contra el Frente Popular, sino incluso con-tra los pactos firmados por la FAI, el PSUC, la CNT y la UGT enoctubre de 1936. La expulsión fue, por tanto, un asunto de
todas las fuerzas significativas
en Cataluña y, según creo, unerror táctico importante. El POUM no habría llegado a plan-tear una oposición tan radical al régimen –y no sólo al gobier-no– si se le hubiera aceptado como hasta entonces.
—¿Podrías resumir brevemente la postura de las distintas for-maciones políticas y sindicatos,amén de la reacción del gobier-no de España,al producirse la insurrección de mayo tras latoma de la Telefónica? ¿Creyó el POUM que podía derribar al gobierno de la Generalitat y conseguir que los insurrectos toma-ran el poder?
—Lo que podría indicarse, en primer lugar, es lo distintas queeran las posiciones de quienes levantan barricadas en las callesbarcelonesas el 3 de mayo de 1937. Sectores con las JuventudesLibertarias, el POUM o Los Amigos de Durruti podían plante-arse una sublevación contra el gobierno y la lógica de susalianzas sociopolíticas: es decir, contra el conjunto de los gru-pos obreros y republicanos. Quien definió de forma más claralas cosas fue el POUM, que consideraba que la lucha contra elfascismo no podía desvincularse de la revolución socialista y,por tanto, había de pasar por la ruptura con las organizacionesque representaban a la burguesía. El POUM siempre expresómuy claramente que el antifascismo era una excusa para nohacer la revolución, que era históricamente adecuada y políti-camente posible. Por ello, proponía la alianza entre su partidoleninista y las organizaciones libertarias en un Frente ObreroRevolucionario. Sin embargo, la misma CNT que combatió enlas calles de Barcelona no lo hizo con estos objetivos, sino paratratar de mantener las condiciones de poder adquiridas por elsindicato y evitar el deslizamiento del régimen hacia una acen-tuación de la disciplina, la homogeneidad gubernamental y launidad del poder. Creo que las cuestiones socio-económicastuvieron mucha menos relevancia que este aspecto. Lógi-camente, entre el POUM y la CNT-FAI podía haber una unidadtáctica inmediata, pero graves discrepancias estratégicas quepermitieron, por ejemplo, que los negociadores de la CNTprescindieran tanto de las presiones del POUM para tomar elpoder como de la representación de este partido en las nego-ciaciones con el Consell de la Generalitat. La respuesta de losdirigentes de la CNT a escala española fue la de acudir a calmarel conflicto para tratar de negociar el mantenimiento de lascondiciones existentes antes del asalto a la Telefónica. Sinembargo, por parte de socialistas, comunistas y republicanos,la insurrección fue contemplada como la prueba de la imposi-bilidad de seguir confiando en la capacidad de control de laCNT sobre su militancia y, por tanto, permitió abrir paso a nue-vos gobiernos en Valencia y en Barcelona, que liquidaran ladirección de Largo Caballero en el ejecutivo central y la pre-sencia de la CNT en ambos gobiernos. De igual forma, la insu-rrección se contempló, en especial por la prensa del PCE,como un movimiento que no iba dirigido contra el gobierno,sino contra el Frente Popular y el régimen republicano en suconjunto, lo que permitió establecer el mito de la colabo-ración entre el “trotskismo”, los “incontrolados” y “la quintacolumna”.—
Un mito que,además de atentar gravemente a la verdad,po-nía en el mismo saco a gentes que no siempre se llevaban bien.¿Qué unía y que separaba a trotskistas,poumistas y cenetistas?
—Obviamente, tratar a la izquierda que no fuera partidaria delFrente Popular de ser filofascista o quintacolumnista es, como ya he dicho hasta la saciedad, una ignominia. La verdad es queme gustaría escuchar apreciaciones similares del mundo liber-tario, poumista o trotskista, cuando se acusa a los socialistas ocomunistas españoles de ser simples agentes de Moscú. Para iral meollo de la cuestión, lo que cabe destacar es la diferenciaentre la CNT y cualquier versión del marxismo, sea poumista,trotskista, socialista o del PSUC. La CNT se plantea el comunis-mo libertario como objetivo, pero no será capaz de pasar a esaopción cuando se derrota al fascismo en Barcelona en julio de1936. Por ello, decidirá aceptar el mantenimiento de las insti-tuciones y la aceptación por éstas del poder alcanzado por el
memoria
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