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ModernismoEugFlorit

ModernismoEugFlorit

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07/31/2010

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text

original

 
I.
EL
MODERNISMO
~ " " " ' ' ' ' ' ' ' " ' ' ' ' ' ' ' ' ' ' '
 
~ ' ' ' ' ' ' ' ~ ' ' ' ' ' ' ' ' ' ' ' ' ' ' ' ' ' ' ' ' f ' ' ' ' ' ' _ ' ' ' ' ' ' ' ' _ f ' ' ' ' ' ' ' ' ' ' ' ' ' ,
 
La liquidación de!
estado de
culturaque
representó
el
siglo
XIX
y
la
difícil
gestación
del
espíritu
contemporáneo
quedaron mar
cados
por
una
serie
demovimientos
que,
ateniéndonos sólo
al
campo
de
lo
artístico,
semanifestaron
bajo rótulos diversos:
pre
rrafaelismo y esteticismo
en
Inglaterra;
par
nasismo, impresionismo,
simbolismo
o
deca
dentismo en
Francia; d'annunzianismo
en
Italia,
para
citar
sólo
aquéllos de
Europa
s
directamente próximos
al
mundo
hispánico.
De
este
modo
cabe
situar al
modernismo,
y
así
lo
ha
hecho
la crítica más comprensiva,
como la
manifestación
que
en
América
yEspaña asumió este
crucial
período
de tran
sición, con lo
cual
se
logra
para
ese
movi
miento su
s
justa
y
precisaubicación
histórica y estética.
y
fue algo
más,
visto
desde
e!
lado
de
la
América
hispana, pues
significaba
su
primera
contribución
original,
su
más segura
prueba
de
madurez e
independencia
con respecto
a
la
tradición
española,
de
la
cual
había
sido
por
modo
natural
deudora inevitable; no im
porta
que
ocasional y
voluntariamente la
lección francesa
se
hubiese
hecho
sentir
también
en
ciertos
autores
y
formas
depensa
miento del
mismo
siglo
XIX.
Es
cierto
que
esa
originalidad
era
ahora
fruto
otra
vez
de
extranjeras
influencias-la
de
Francia
de
nuevo, y
muy
fuertemente-pero
éstas
repre
sentaban
un
aire distinto,
necesario,
clarifi-cador. Y
si
bien
en
algunos
casos tales
in
fluencias
cristalizaron en
un
excesivo
galicismo
-mental
o
formal-no
es
menoscierto
que
ayudaron a lo
que era en
esencia
s
importante,
la
flexibilización de!
lenguaje
literario, y
que en manos
de
los
verdaderos
maestros fue
ante
todo
un
incentivo
y
apoya
tura
provisional
desde
donde
abordar
en
seguida e!
camino
ya propio
y
seguro.
Es
tan
3
insensato
negar
o
disminuir
e!
peso
mayor de
las
deudas
francesas
en
la
poesía
modernista
de
Hispanoaméricacomoponeratención
ex
clusiva
en
ello,
olvidando
las
procedentesdeotras
literaturas
europeas
antiguas
y
moder
nas
y
de la
s
reciente de
los
Estados
Unidos-cuyas
grandes
figuras,
Poe
y
\Vhit
man,
son
dadas
a
conocer en la
otra
América
precisamente
por
poetasde
este
período,
Martí
y
Silva-así
como la
pervivenciade
lo
más entrañable,
fuerte
y
sano
de
la naturalherencia
clásica
española.
De
lo
que
se
trataba
era
de salvar la in
mediata
penuria
de
la
expresión
literariadominante
en
todo
el
ámbito
hispánico
(la
Pcnínsula
en particular).
U n
puñado
dehombres,de
muy
diferentes
países
hispano
americanos
y casi sin
conocerse
entre
sí,
sintieron
hacia
el
último
tercio del
siglo
pasado
la
urgente
necesidadde
reaccionarcontraun
lenguaje
fosilizado y
contra
el
vacíode
ideas
y
abundancia
de sentimientos
tópicos a
que
había quedado
reducida
la
literatura
española
de
su
tiempo,enprosa
yverso.
Naturalmente
que hay
excepciones,
dentro
de
la
pobreza
lírica
general
de
aque
llos
años,
y
no
pueden
desconocerse
los
nombres
de
Gustavo
Adolfo Bécquer
y
RosaBa de
Castro;pero
sus voces,
en atención
a su
mismo
delicado
tono
menor
e
íntimo,
eranun
camino cerrado en
y
poco propicias
para
impulsar
una
diáfana
renovación,
aunque
lapresencia
concreta
deBécquerenalgunos
modernistas-Martí,
el
primer Darío
-ha
sido
discutida
y
estudiada
con
rigor.
Mas
las
excepciones
no hacen
sino
confirmar
e!
estado
general
de
anquilosamiento
expresivo
que
dominaba
enla
poesía;
para
no
referirnos
a
la
prosa,
donde la
situación
andaba
igual
o
peor,
a
pesar de la
obra
excepcional de Galdós
y
de
"Clarín."
Los
 
hispanoamericanos que empiezan
a
escribir
hacia
1880,
en
términosgenerales,
trataron
de
escapar,
superándolas, de
las
limitaciones desu
época,
y
desbrozaron
los
senderos
que
luego
iban
a
permitir
la
tarea
resumid
ora
y
prodigiosa de
Daría. La
gestiónde aquéllos
comienza
a
partir
de
esa fecha, y
va
en
aumento
creador
a lo
largo de
las dos
últimas
décadas
del siglo
pasado;
aunque
in
vestigaciones recien
tes y
minuciosas-y
ha
y
que señalar entre
éstas las
realizadas
por
el
profesor
norteamericano
Ivan
A.
Schulman
han
podido
precisar
que en
el
terreno
de la
prosa-José
Martí,
Gutiérrez
Nájera-se
ob
servan ya
claros
logros
de sorprendentemodernidad
desde
1875.
Tradicionalmente,por
falta de
clara
visión
en
los críticos,
por
política
literaria
o
por
inercia,
a esos
primerosmodernistas
se les
ha
venido
llamando "pre
cursores";
y
hay
todavía
críticos
que, como
Raúl
Silva Castro,
mantienen ladenominación
tal
vez
por conveniencias didácticas(Véase
R.S.e.:
Antología crítica del modernismohispanoamericano;
New
York,
1963).
Sin em
bargo,
sobre
la
basede
los
estudios
estilísticos
de
que hoy
disponemos,
ya nadiepodránegar la
existenciade
una primera promociónmodernista,
entre
cuyos
miembros
sobresalen
con enterajusticia
algunos
nombres
capitales:
los
mexicanos
Salvador Díaz Mirón
y
ManuelGutiérrezNájera,
los
cubanosJosé
Martí
y
Julián
del Casal,
el
colombianoJosé
Asunción
Silva.
Hubo
muchos
otros,
naturalmente, que
se
adelantan
hacia
el
modernismo;
pero
si
hubiera
que
citar realmente un
precursor,
éste
sería
el
peruanoManuel
González
Prada,
a
quien
no
estaría
mal
considerarlo más biencomo
integrante en
silencio,
cultivador
ais
lado pero no
menos
audaz en
tantos
puntos
detécnicapoética.
Y
si
contemplamos
el
devenir
literario
con
una
s
amplia
perspectiva,estaremos
deacuerdoconJosé
Juan
Arrom cuando
apunta
que
es
enlapromociónanterior
a
la
de
Martí
y
Nájera
donde realmente deben
rastrearse
los
primeros
indicios
de
un
cambiosaludable
y
evidente.
No hay que
olvidar-y
merece
la
pena
insistir
en
ello
para
desvanecer
otro
error-que
el
movimiento modernista
comien
za realmente en la
prosa
y
no en la
poesía.
Comentando "el
brillo,
el
color
y el
elabo
rado dibujo
de
los
ensayos"
de
Juan
Montalvo,
anotaArrom:
"De
tal prosa
a
la
del
modernismo no
había
ya
s
que
un paso."
Y
abundando
en
el
mismo asunto,
añade: "El
proceso
pasa de
manosde
Palma
y
de
Montalvo
a las
de
Gutiérrez Nájera
y
Martí.
Y
la novedad
consiste
en
que
al
'esmero
y
pulimento'
de
Palma
y
al
vigor
y
brillo
de
Montalvo,
Martí
y
Nájera
añaden una
mayorriqueza
de
colores, sonidos,
ritmos
e
imá
genes.
Crean
así
la
prosa pictórica,plástica
y
musical del
modernismo"
(Esquema genera-cional
de
las letras hispanoamericanas;
Bogotá,
1963,
págs.
162-163).
Nos
ha
sido
necesario,
como
se ve,
salirnos
de
los límites estrictos
de
la
poesía; pero
habríamos
seguido incu
rriendo en
falsos y
ya superados enfoques
de
historia
literaria
si
nos
atuviéramos
exclusi
vamente
al
desarrollo del
género
lírico
como
un
fenómeno
totalmenteindependiente.
Al noromperse la
unidad
de
conjunto en nuestra
mirada
sobre
la
evolución de
las
letras
his
panoamericanas
del
siglo
XIX,
queda
bien
resaltado
que la
verdaderaobrapreparatoria
del
modernismo hay que
buscarla
en
los
hombres que precedieron
a los
comúnmenteaceptados
comoprecursores,
esto es, a
Nájera,
Martí,
Silva,
Casal
y los
demás.
Esta
primera
generación
modernistaad
viene,
como
es
natural,con
un gran
peso
deromanticismo,
aun
no superado,
sobre
sus
espaldas.
Este
aserto
equivale
a
otra llamada
de
jilerta,
es
decir,
a
hacer notar la grave
desorientación crítica
que
resulta
de oponermodernismo
a
romant:cismo, al menos
en
la
génesis e iniciales
manifestaciones
de
aquél.
La
radical
subjetividad
de
esos
artistas,
su
rebeldía,
la voluntad
de
evadir
sus
penosas
circunstancias
inmediatas,en
muchos
casos el
evidente
exotismode
su
temática,
el
amor
a
la
muerte
y
la
carga queen
sus versos
tiene
el
recuerdo
y
el
misterio,
todo
ello
da
por
resultado
un
aire
romántico
innegable. Ello
no obsta
para
que, románticos
en
su
fondo,
ensayaranen
la
forma
las lecciones
aprendidasen
las escuelas
s
recientes
de
Francia:
parnasismo, simbolismo
....
Pero
lo
que allá
fueron modos
sucesivos
de sensibilidad poética,
aquí
se
yuxtaponen
y se
asimilan
creando
un
pro
ladando
fenóme
a
Amé
cuánto
de
dem
arneric
mentede
si
m\;
caracte
un
rno
de
genu
-de esta:
españolsables
(
en Rul
literatura
dudableen
el
1
estetizacontinú
hispano;
que
vol
cluyarn
tacand
nistas
S
plástica·
verso--la
músi.
s
el
ti
patrió
ti
estricta
en
ellos
modulai
estrófic
de
la
re
Los
1
prornoC'
fecha
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segund<;fue
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genialparalel
aquélloshistóricRecono
poetas
los tiern]
y
el pa)oficial d
 
pro ucto
smgu
al' y único,
es
decir,
tras-
güense
corresponde. Históricamente,
porque
ladando a
un plano
temporal
y
artistico
un
-viajero
i n c a n s a b l e - ~ f u e
él
quien
le
dio
carta
fenómeno
que
desde su
entraña
racial
define
continental
e
hispánica al movimiento,
a América:
el
mestizaje.
No
se nos
oculta
creando
enseguida uncírculo
de
influencias
cuánto
se
ha
escrito
últimamente
paratratar
mutuas
con los escritores
peninsulares
de en
de
demostrar
que
el
modernismohispano-
tonces.
Intrínsecamente,
porque nunca hasta
americano
procede
directa
y casi exclusiva-él
lamoderna
poesía
de
lengua española
mente del
Parnaso
francés y
que
tiene
poco
había
sonado
con esa
acabada
perfección
de
simbolismo,
empobreciéndosele
con
esta
tanto
en
lo frívolo y
superficial-puro
placer
caracterización al insistir
en
que
se
trata
de
de
los
sentidos-como
en
lo
emocionada
un movimiento
meramente
formal más
quemente
reflexivo-honda
angustia
existencial
de
genuina sustancia poética.
La mayor parte
y
permanente
del
hombre. La
obra
de
Daría,
de
estas opiniones
proceden
de la
crítica sobre la
base
de
sus tres libros
fundamentales
española y
aun
a veces
de
plumas
respon-
(Azul
...
,
de
1888,
Prosas
profanas',
de
1896
ysables (Véase Luis
Cernuda:
"Experimento
Cantos
de
vida)! esperanza,
de
1905)
sirve
para
en
Rubén
Darío,"
recogido en
Poesía
y
delimitar
lo
que comúnmente
y con
razón
se
literatura,
1I;
Barcelona,
1964);
pero
es
in-
considera
la plenitud
del
modernismo.
Y esadudable
que
ellas
nacen
de
seguir observando
plenitud
significó,
primero,un aprovecha
en el
modernismo
una
sola
dimensión,
la
miento de
las
conquistaslogradas
por
losestetizante y
decorativa, como por desgracia iniciadores;
después,
una
amplitud
y
enrique
~ o n t i n ú a
 
ocurriendo
y
hasta
por
estudiosos
cimientoinsospechado
de
esas
conquistas;
hispanoamericanos. A este aspecto
tendremos
y,
al
mismo tiempo,
una
incorporación
de
que volver a referirnos
muy
en
breve.
Con-
todo
el
continente
a través
de muy
poderosasduyamos estas sucintas consideraciones des-
personalidades.
Desde
México, con
Luis G.tacando cómo
en
nuestros
primerosmoder-
Crbina,
Amado
;'IJervo y
Enrique
González
nistas
se
dan
ya la
perfección
de
la imagen
l\1artíncz
entre
los
mayores,
hasta
los
poetas
plástica-Casal-,
la
flexibilidad y
graciadeldel
ode la
Plata-el
argentinoLeopoldo
verso-Nájera-,
el
vislumbre
del misterio y Lugones, el
uruguayo
Julio
Herrera
y Reissig,la música de
la
palabra-Silva-y
todo
ello el
boliviano
Ricardo Jaimes
Freyre
que por
más
el
talante
moral
y
lahonda
preocupación
esos años vivía
en
Buenos
Aires-pasando
por
patriótica y
americana
en
1'.1art1.
En
lo el
colombiano Guillermo Valencia
y el peestrictamente
formal
también
se
encuentranruano
José Santos
Chocano
....
Poetas
todos
en
ellos-de
forma
plena
o
en
germen-las
de
muy marcado
sello personal,
característica
modulaciones
de
una
nueva
dicción
métrica
y
básica
de
ese
"gran
movimiento
de
entusiasestrófica.
Ensuma,
el
"programa"
mínimo mo
y
libertad
hacia la belleza"
que
fue el
de
la revolución
modernista. modernismo según
el
acertado
decir de
Juan
Los
más representativos
de
esta
primera
Ramón
Jiménez.
De más
está
advertir
que
promoción
habían
desaparecido ya en
1896,
algún
nombre
de
los
aquí
incluídos-Enrique
fecha
en
que
sc
publican
las
Prosas
profanas,
el
González
Martíncz-tendrá
que aparecer
de
segundo
gran
libro de
Rubén
Darío.
Por
eso nuevo, y
tal
vez allí
con
mayor
justicia,
en
el
fue
necesaria
la obra
pcrsonal, unificadora
y
posmodernismo.
genial de
éste;
obra
que
en
sus comienzos
es
Como
ya
se
insinuó,
esta
segunda promo
paralela y
hasta cierto
punto deudora
de
la
de
ción
modernista-y
obsérvese
que
Rubén
aquéllos
pero
a los cuales
supera
entérminos
Daría
es
el
puente
de enlace
entre
la
primera
históricos y
de
intrínseco
valor
estético. y
la que
le
sigue-terminó
por consolidar
lasReconocer
cuánto habían avanzado ya
esos
renovaciones
técnicas formales
del
verso,
que
poetas en
la
dirección general
renovadora
de
fuc
uno
de
los logros definitivos
para
la
poesía
los
tiempos
no rebaja unápice lagloria
propia que
dejó este
movimiento.
l'.Iax
Henríquez
y
el
papel
de
figura
máxima
y
consagrador
Ureña, máxima autoridad
en
lamateria,
ha
oficial del
modernismo
que
al
poeta
nicara-
enumerado
y
comentado
esas innovaciones
..
{
.....

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