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erratas y errores ortográficos que nosotros, porresultarnos transparentes, con mucha dificultadhubiéramos llegado a descubrir. También sonde utilidad los contadores de palabras, de for-ma que cuando una oración alcance las veinti-cinco o treinta nos aprestemos a poner un pun-to y a comenzar otra. Además de estos adelan-tos técnicos, la corrección más simple, y quizála de mayor importancia, es la relativa al ordende las palabras dentro de cada oración. Nuncase insistirá lo suficiente en la claridad de la ora-ción y en la ordenación de las palabras que lacomponen para lograr esa finalidad. Quienesescriben tienden con frecuencia a infravalorareste trabajo de revisión final que decide muchomás de lo que suele creerse la calidad efectivade nuestro trabajo: los escritos son mejores opeores en función del tiempo que sus autoresdedican a corregirlos (Cfr. W. Dubie, "Net-words: The Impact of Electronic Text-Processing Utilities in Writing",
Journal of Social and Evolutionary Systems
17, (1994) 152-154;M. C. Levy y S. Randsell, "Is Writing as Difficultas it Seems?",
Memory and Cognition
23,(1995), 767).Sin duda, en esta tarea de corrección hay uncierto peligro de perfeccionismo informático,pero contra ese peligro ayuda aquello de que"en arte lo que no suma resta" (R. Senabre,
ABC Literario
, 26 noviembre 1993, 11). Estaregla práctica se aplica a cada palabra, y conello se conjura el riesgo del alargamiento des-mesurado de los textos, y también a cada es-pacio de tiempo que se dedica a un texto con-creto. Después de trabajar a fondo un texto enel ordenador, es necesario siempre corregirlosobre el papel poniéndonos en el lugar del lec-tor; si fuera posible, al día siguiente de la escri-tura en la pantalla, pues eso confiere una dis-tancia mayor respecto de lo escrito. Esta revi-sión obliga luego a imprimir de nuevo el texto, yuna vez impreso, invita a una nueva lecturapara comprobar la mejora en calidad. Cuandovemos que un texto ya no mejora con nuestrarevisión, hay que dejarlo; es como un bordadoo como un soneto, que cuando está terminado,está terminado. Se podrá escribir otro soneto ohacer otro bordado, pero no mucho más.Casi siempre, la corrección más importante esla de limar excesos y eliminar redundancias.Hemos de tachar sin piedad alguna. El enemigomás difícil de vencer somos nosotros mismos, ysobre todo una especie de conmiseración conuno mismo que lleva a mantener un párrafo,una cita o una referencia bibliográfica por elsimple hecho de que nos supuso un gran es-fuerzo redactarlo o conseguir la cita o la refe-rencia. Aunque resulte doloroso, hay que ta-char, eliminar párrafos enteros, masas de texto,tal como hace el escultor para que aparezca laobra de arte. No hacer esto, sugiere Dillard, espasar factura al lector del esfuerzo que nos hasupuesto escribir aquel texto; como hacemoscon los regalos, y eso es lo que hemos escrito,hay que arrancarles siempre la etiqueta delprecio (Cfr. A. Dillard,
The Writing Life
, Harper& Row, Nueva York, 1989, 7). (Cfr. J. Nubiola,
El taller de la filosofí
a, Eunsa, Pamplona, 1999,119-125).La primera regla de la redacción es la de man-tener el orden natural de la oración castellana:sujeto + verbo + complementos. Luego podre-mos ir alterando este esquema básico enrique-ciéndolo y modificándolo de acuerdo con lamateria que estemos tratando y con nuestrogusto personal, pero será siempre utilísimorecordar esa estructura elemental cuando nosatasquemos en el
cómo
decir algo. Cuando nosepamos cómo expresar algo viene muy bienpararse un momento y preguntarse uno a símismo: "¿Qué quiero decir? Lo que quiero decir-nos respondemos- es que ... tal autor sostienetal interpretación (o lo que sea)". Pues bien,eso -y no algo más complicado u oscuro es loque tenemos que escribir, el nombre del autorcomo sujeto, el verbo que proceda, y despuéslos complementos por el orden que nos parez-ca más sencillo y claro en cada caso.Una vía para descubrir algunas claves del artede escribir es la dedicar tiempo y atención atraducir textos pensados y escritos originalmen-te en otro idioma. La traducción -ha escrito Car-los Pujol- es la "gimasia del escritor, el puroejercicio de las palabras que hace ser máshumildes y exactos" (C. Pujol,
Cuaderno de escritura
, Pamiela, Pamplona, 1988, 11). Tra-ducir bien es muy difícil, pero enseña mucho. El
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Gracias. Gracias!!