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CONSIDERACIONES SOBRE LA NUEVA LEY DE EXTRANJERÍAIntroducción
En el fondo, la Ley de Extranjería es el instrumento normativo que sirve para organizar ladesigualdad legal de tres millones de personas extracomunitarias que viven en España. En estepaís vivimos 46.661.950 personas, de las que 5.598.691 son extranjeras (2.266.808 comunitariasy 3.331.883 extracomunitarias) según los datos del padrón municipal publicados por el INE. Laspersonas extranjeras empadronadas representan el 12% de la población total. A 30-9-2009,4.715.561 extranjeros y extranjeras disponían de permiso de residencia o certificado de registro,de las que 2.179.830 están en régimen comunitario (procedentes de países de la Unión Europea yfamiliares) y 2.535.927 en régimen general.Esos tres millones y pico de personas no tienen los mismos derechos que las de nacionalidadespañola, ni de las que gozan del régimen comunitario. La Ley de Extranjería organiza endiferentes planos, tales como el acceso al permiso de residencia, al permiso de trabajo yresidencia, el acceso al trabajo, la afiliación y el alta en la Seguridad Social, la vida familiar, elsistema de salud, la vivienda, la educación, etc., esa diferencia de derechos. Clasifica a laspersonas según el tipo de permisos de que disponen, confiriéndoles derechos diferentes segúncual sea su situación administrativa, o según los intereses que en un momento dado pueda tener elEstado con respecto a la previsible evolución del mercado de trabajo o de cambios en el sistemaproductivo. Desde un punto de vista democrático, la Ley de Extranjería es un artefacto bastanteproblemático.En Europa vivimos en sociedades democráticas (1). Las democracias se sustentan en dos grandesprincipios. Por un lado, la soberanía del pueblo, que debería garantizar que todos los ciudadanosy ciudadanas que habitamos en el interior de un Estado gozamos de los mismos derechos y somosiguales ante la ley. Por otra parte, la libertad de las personas, cuyo primer derecho (el de todas laspersonas) es el de disponer de las condiciones necesarias para construirse como persona yparticipar en la vida política, buscar su felicidad y su perfeccionamiento. La fallida ConstituciónEuropea decía en su artículo 1-2, Valores de la Unión, que
La Unión se fundamenta en los valoresdel respeto de la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de Derecho y respetode los derechos humanos, incluidos los derechos de las personas pertenecientes a minorías. Estosvalores son comunes a los Estados miembros en una sociedad caracterizada por el pluralismo, lano discriminación, la tolerancia, la justicia, la solidaridad y la igualdad entre mujeres yhombres
. Por otro lado, el artículo 1 de la Constitución española dice que
Estaña se constituye enun Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de suordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.
El problema esque, por circunscribirnos a nuestro caso, más de cinco millones y medio de personas, el 12% de lapoblación, no tienen esa condición de ciudadano o ciudadana y, en consecuencia, no tienen losmismos derechos, están sometidas a leyes específicas, no disponen de todos los instrumentos paraconstruirse como persona y su derecho a participar en la vida política está reducido.El artículo 9 de la Constitución dice que
corresponde a los poderes públicos promover lascondiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integrasean reales y afectivas, remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social.
Si esto seproclama como objetivo para la ciudadanía, es lícito inferir que lo mismo deberíamos buscar para