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Ciudades vacio o ciudades para un Futuro más Sostenible

Ciudades vacio o ciudades para un Futuro más Sostenible

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04/01/2013

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Boletín CF+S>21 -- El pasado es un país extraño> http://habitat.aq.upm.es/boletin/n21/aafau.html
 
Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X
¿Vacíos urbanos o vacíos de poder metropolitano?
Puebla (México), 2001.A pesar de ser un problema que reiteradamente aparece en declaraciones de promotoresinmobiliarios, planificadores, funcionarios públicos, asociaciones de vecinos, etc., enGuadalajara no existen estudios descriptivos o analíticos sobre la cuestión de los terrenosinutilizados o subutilizados dentro del área conurbada. En los documentos de planeación esdonde principalmente se hace alusión a situaciones que tienen que ver con este problema,las cuales, la mayoría de las veces se refieren marginalmente (básicamente cuantificacionesgenerales sobre la superficie urbana que corresponde a lotes baldíos, sin mención a losedificios abandonados o semi-abandonados). Éste tipo de documentos lo focalizan principalmente como un problema de áreas urbanas centrales y reducen la explicación deeste fenómeno a causas de tipo económico, en el sentido funcional del término: se presupone la especulación de los propietarios como causa primera de la existencia de lotes baldíos; la sub-valoración de ciertas áreas por la pérdida de actividades económicas, ladegradación y el abandono de las viviendas, terminarían por aumentar el número deconstrucciones subutilizadas (particularmente en los niveles superiores de los edificios).Eventualmente se cita la falta de adecuación de algunos instrumentos de política urbana, principalmente de orden normativo, ya que en ocasiones frenan la posibilidad deaprovechamiento de los predios en cuestión: las restricciones regulatorias sobredeterminados factores como el uso del suelo, densidades, alturas, etc.; la reglamentación para la modificación de edificaciones situadas dentro de algunos perímetros del centrohistórico; la carga fiscal a que están sometidos los inmuebles en ciertas zonas (impuestos prediales, permisos comerciales, plusvalías); los problemas legales en cuanto a la propiedadinmobiliaria (fincas involucradas en procesos jurídicos de diversa índole, propietariosinteresados, propietarios desconocidos). En este trabajo proponemos comenzar una lecturaa fondo de la cuestión de los vacíos en la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG), puesconsideramos que se revelaría como un elemento importante en la construcción de lamisma, tanto por el peso específico de este fenómeno como por su significado, así como por las tensiones, los acuerdos explícitos e implícitos, las concesiones y alianzas que seestablecen entre los distintos agentes más allá de lo que prescriben formalmente losreglamentos y planes.
La construcción semántica del vacío urbano
 
¿Qué se entiende por vacíos urbanos? Siendo éste un trabajo de carácter exploratorio, no pretendemos proponer una definición sino más bien tratar de sintetizar, por el momento, lasdiferentes formas que asume tal noción. En América Latina, referencias directas a tal temaseñalan las tierras vacantes como «espacios remanentes a la dinámica urbana: aquellosterrenos que permanecían vacíos o subutilizados; o que todavía reconocidos como urbanosy servidos directamente o muy próximos a infraestructuras ya instaladas, no se desarrollanen la plenitud de su potencial, contrariando el principio de función social de la propiedad»[1]. En la reseña de una investigación sobre tierras vacantes en seis ciudadeslatinoamericanas, se consideraron aquellas tierras permanentemente desocupadas que selocalizan dentro de de los límites urbanos, excluyendo los parques, las plazas o las áreas de protección ecológica destinadas a usos públicos
[
Clichevsky
, 1999]
; se analizaron tambiéncuatro principales características: la propiedad, la cantidad, la localización y el tiempo quelas tierras han permanecido subutilizadas.La literatura europea se refiere tanto a inmuebles subutilizados como a terrenos vacíos,haciendo énfasis en construcciones abandonadas o conjuntos edificados para algunaactividad específica, que han caído en desuso: bienes religiosos, áreas industriales, portuarias, ferroviarias, habitacionales, etc. Chaline considera que tanto la noción como elvocablo francés[2]que describe este fenómeno son polisémicos, pues podrían incluir vocablos bastante diferenciados
[
Chaline
, 1999]
; lo cual es comprensible tomando algunoscriterios de análisis: la dimensión (áreas que comprenden cientos de hectáreas, o bienmanzanas, lotes y/o simples edificios con variable grado de abandono y degradación); eltiempo que han permanecido vacantes (¿existe un límite de tiempo de inactividad altérmino del cual se puede considerar como abandonado un inmueble o toda un áreaurbana?); la naturaleza y la calidad de los lugares (las actividades originales, su grado deabandono y las características que presentan, el tipo de inversiones que cesaron en el lugar,etc.). En este trabajo consideraremos los vacíos urbanos en un sentido amplio, comoespacios construidos o utilizables -terrenos, edificaciones, grandes conjuntos o zonas- quese localizan en el interior de áreas urbanizadas y que se encuentran desocupadas, o bien,cuyo uso sea evidentemente inferior a su potencial de aprovechamiento urbano[3].
La configuración espacial y la magnitud simbólica del vacío urbano.
¿Se puede medir el vacío? Por supuesto, si no existe una definición compartida, resultadifícil determinar las dimensiones de un fenómeno -aún suponiendo que existieran métodos para hacerlo- y más áun plantear comparaciones. Para Guadalajara y su zona metropolitana, por ejemplo, los documentos oficiales de planeación no proponen ninguna definición[4];sin embargo, los términos más frecuentemente asociados a la subutilización o subocupaciónde áreas urbanas consolidadas son: lotes o terrenos baldíos, corazones de manzana, prediosrústicos, edificios vacíos, fincas deshabitadas. Tan sólo en el municipio de Guadalajara, quetiene una superficie aproximada de 15.037 hectáreas prácticamente urbanizadas en sutotalidad, el Plan de Desarrollo Municipal de Guadalajara 2000 señala comodesaprovechadas 4.000 hectáreas que comprenderían 516 de reserva urbana más de 2.478lotes baldíos que cuentan con servicios; esto es, 26,60% del área municipal. Por supuesto,la magnitud del problema se vería agravada si se agregara la superficie construida en elcentro histórico que se encuentra abandonada.
 
El Plan de Ordenamiento de la Zona Conurbada de Guadalajara contabiliza 521 hectáreasde resevas interurbanas en el municipio de Guadalajara, 1.611 en Tonalá, 2.966 en Zapopany 3.081 en Tlaquepaque que suman un total de 8.179 hectáreas de tierra urbanizable (22%de la superficie de la zona metropolitana)[5], ya dotada de infraestrucutra y servicios.Para una metrópoli cuyo crecimiento requiere un promedio anual de casi 1.000 hectáreas,estas reservas intraurbanas podrían satisfacer las demandas de suelo durante los proximosocho años, cuando menos. En otras ciudades de la República se presentan situacionessimilares: 19% de la mancha urbana de Aguascalientes son lotes sin uso; en Colima-Villade Álvarez estos constituyen el 14% de su superficie urbana
[
Fausto
, 1998]
; en Mexicali, lasuperficie de baldíos es de al menos el 16%[6].En metrópolis latinoamericanas, el porcentaje de tierras vacantes podría variar de menos del 5% hasta 44% de la superficieurbanizada
[
Clichevsky
, 1999]
[7].En las ciudades europeas es también significativo este fenómeno: en los años noventa setenían aproximadadmente 60.000 hectáreas de estas tierras dentro del perímetro de lasciudades británicas --poco más de las 54.880 hectáreas desocupadas que existen tan sólo enRio de Janeiro. En París y su región inmediata, los conjuntos industriales abandonadosocupaban una superficie de 484 hectáreas en 1993, según Chaline
[
Chaline
, 1999]
. Elmismo autor señala como factores determinantes en el proceso de formación de vacíosurbanos e inmuebles subutilizados en el contexto europeo:
la mutación y las innovaciones tecnológicas --fuentes de energía, modos detrasporte, evolución del sector productivo.
las lógicas de localización y deslocalización de las actividades -que inspiran aquienes toman la decisión, inversionistas y empresarios en un contexto de nuevadivisión internacional del trabajo.
las grandes opciones de ordenamiento urbano -prevalecientes antes de 1990, cuandosurge el tema del desarrollo durable y se trata de frenar la expansión periféricaurbana.A estos factores Chaline agrega otros dos que, a nuestro juicio, en ciertos casos serían máscontundentes para el contexto latinoamricano:
las consecuencias de decisiones políticas gubernamentales
los efectos concernientes a los comportamientos colectivos, las prácticas sociales,los gustos y preferencias que valoran o devalúan los territorios de la ciudad.A pesar de las coincidencias que pueden existir con los procesos de formación de estosvacíos en las ciudades latinoamericanas, no se debe perder de vista algunas particularidadesque éstas presentan: un modelo de ocupación del suelo caracterizado por la ocupaciónacelerada --en su mayor parte llevada a cabo bajo prácticas ilegales--, bajas densidades ygrandes extensiones de manchas urbanas; los recurrentes períodos de inestabilidad o crisiseconómica que además de afectar a la dinámica inmobiliaria, posicionan el suelo como unaforma de inversión de pequeños y grandes capitales --aún de origen ilícito, como estrategiasde lavado de dinero--; la amplia disparidad (polarización) de los ingresos económicos entrelos grupos sociales; la multiplicidad de agentes que intervienen --formales e informales-- enla producción de espacios; la coexistencia de distintos regímenes de propiedad de la tierra--notablemente las propiedades sociales o colectivas--; la errática y cada vez menor 

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